ALONSO PÉREZ (1797 - 1830)

Solo para efectos ilustrativos
"Barda de Panteón" (1930)
Del ilustre fotógrafo Manuel Álvarez Bravo (1902-2002)

El historiógrafo taurino Juan José Zaldivar Ortega, en su libro "Víctimas del Toreo"-Apartado de Picadores, página 63, refiere que: Alonso Pérez, picador de toros, nacido en Medina-Sidonia el (20-01-1797), falleció según parece en 1830, a los 33 años de edad. Dice don José María de Cossío que existió un Laureano del mismo apellido, que se anunciaba con tal nombre y el tratadista pensó que es el mismo. Igualmente se anunciaba Ildefonso Pérez Navés, de quien reseñamos múltiples detalles, y de todo ello resulta un pequeño dédalo, que dificulta la debida aclaración. De los datos que barajó don José María de Cossío se desprende que deben referirse al mismo personaje, que son: que trabajó bastante por Andalucía a las órdenes de José García (el Platero); que el (19-09-1814) hizo su presentación en Madrid y alternó con Francisco de Paula Rodríguez y Joaquín Zapata, y que en 1830 trabajó picando en Granada. Sin embargo, nos parece extraño que habiendo nacido en 1797 se presentara en Madrid a los diecisiete años de edad. En una nota de Prensa, aunque sin fecha, dice: «El cuarto toro de la mañana, del Presbítero D. Pedro Zapata, de Arcos de la Frontera, a su salida del toril, dio una caída al picador Alonso Pérez, cerca de la puerta del arrastradero, dio con la cabeza en el suelo y quedó sin sentido, echando sangre por boca y nariz. Le llevaron a la enfermería, donde inmediatamente se le dio la Santa Unción, y habiéndolo sangrado, se le llevó al Hospital, donde falleció, sin volver a tener conciencia, a las seis y dos minutos. Se puede pensar que el citado accidente mortal sucedió en 1830. Si efectivamente falleció hasta 1830, debe tratarse de un picador distinto de Laureano Pérez Alonso.

CRISTOBAL ORTIZ FLORES (1750 - 1832)

Solo para efectos ilustrativos

Óleo del reputado torero y pintor  Humberto Parra 

Picador de Medina Sidonia (Cádiz) que fue cogido el 27 de agosto de 1832  por un toro de nombre “Piñones” y que falleció al día siguiente a resultas de las heridas. (Fuente: Accidentes Oculares de la Tauromaquia I, Doctores Puertas y Celis).

Cristóbal Ortiz es el más destacado de otra familia de toreros de Medina Sidonia, donde nació el 21 de julio de 1750. Se presentó en Sevilla el 12 de septiembre en 1779 en una corrida de novillos, y en Madrid el 11 de mayo de 1795 para tomar la alternativa de manos de su hermano Antonio. Aparece con frecuencia en los carteles de la capital del reino desde 1796 hasta 1830, con un paréntesis entre 1805 y 1815, que en parte se debería a la Guerra de la Independencia. En Sevilla torea en las mismas fechas que en Madrid y alarga sus comparecencias hasta 1832, la mayoría de las veces con los destacados matadores Francisco Herrera Guillén y Antonio Ruiz “Sombrerero”. Fue Cristóbal un caso curioso de longevidad artística, en gran medida forzada por su carácter rumboso y poco previsor; aparece citado en una reseña de la corrida celebrada en Madrid el 27 de julio de 1827 en la que se dice que cumplió bien "a pesar de su edad septuagenaria" (¡había cumplido los 77 hacía quince días!). Murió a consecuencia de una caída que le produjo un toro de nombre “Piñones” en Almagro, el 27 de agosto de 1832, al ser su caballo alcanzado y levantado de los cuartos traseros, cayó de cabeza al suelo. Fue conducido a la enfermería conmocionado y falleció en la madrugada del día 28, con 82 años de edad y más de cincuenta de lidiador. Por todo lo relatado, debe incluírsele entre los más destacados de su profesión por su destreza, habilidad, fuerza y conocimiento de la lidia, virtudes que le sirvieron para suplir con experiencia, en la vejez, la pérdida de las facultades juveniles. El hecho de que su trágica muerte se produjera en Almagro no debe llevarnos a pensar que, siendo mayor, sólo comparecía en las plazas de menor categoría: Lo encuentro en un cartel de la plaza de Sevilla para actuar el 22 de junio de 1832, dos meses antes del mortal percance. (
Crónica de Jesús Mª Armengol Butrón de Múgica)

 

Respecto del suceso de su muerte, el ilustrado Juan José Zaldívar Ortega refiere que << en la segunda corrida celebrada en la plaza de Almagro (Ciudad Real), el 27 de agosto de 1832, un utrero, de nombre “Piñones”, hirió el caballo al célebre picador Cristóbal Ortiz, nacido en Medina Sidonia (Cádiz) el 21de julio de 1750, al ponerle una vara, saliendo el picador y caballo huidos y el toro tras de ellos. Al darle alcance el astado, le embistió, levantado al jaco de los cuartos traseros, desarzonando al viejo piquero, que cayó de cabeza al suelo. Murió del golpe en la madrugada del siguiente día, a los cincuenta y ocho años de profesión. "

El cronista don Juan José de Bonifaz Ybarra, refiere en su obra Víctimas de la Fiesta, que << Muy próximo a cumplir los 82 años de edad, el famoso varilarguero Cristóbal Ortiz Flores marcha, en mala hora, a torear dos corridas a Almagro (Ciudad Real), y en la segunda de las mismas, que tuvo lugar el 27 de agosto de 1832, es derribado del caballo por un novillo de la vacada de Bringas, con el resultado de sufrir tan serias lesiones en la cabeza que determinarían su fallecimiento en la madrugada del siguiente día "

Citan en el libro "Necrología Taurina", segunda edición, de Tomás Orts Ramos, "El Niño de Dios" (1866-1939) y publicado en 1889: Cristóbal Ortiz.- El 27 de agosto de 1832, un torete de Villarrubia, lidiado en la plaza de Almagro, dio tan fuerte porrazo al picador Ortiz que murió antes de las 20 horas. http://bibliotecadigital.jcyl.es/i18n/consulta/registro.cmd?id=14529

PAULET BARTHÉLEMY (XXXX - 1833)

Plaza de toros-Coliseo Romano de Nimes Francia
http://www.contoromex.com/html/viajetaurino.html

Don Juan José Zaldívar Ortega, el docto cronista español, cita en su obra: "Más de Bernardo Gaviño Rueda" (Tomo 2, página 17) que en todo el Mediodía francés, impotentes para prohibir las corridas de toros, las autoridades se dedicaron a reglamentarlas para garantizar la seguridad del público en las plazas y en las calles. La reglamentación de las condiciones en que el espectáculo taurino debía ser organizado, lo cual representó un paso importante en la historia de su evolución. Ya en 1812, tras el decreto de Méchin de (03-06-1802), estaban prohibidas las corridas en días laborables; el ruedo debe ser rigurosamente cerrado con barreras y gradas; ninguna corrida podrá comenzar sin inspección de las condiciones de seguridad de los lugares por técnicos competentes; el acceso al ruedo era prohibido durante la corrida a las mujeres, a los niños menores de doce años y a los hombres borrachos; las corridas deberán efectuarse siempre bajo la presidencia de la autoridad. Las cuerdas que retienen a los toros serán igualmente reconocidas para ver su estado de bondad; en caso de resultar un hombre herido, será suspendida la corrida, que no podrá reanudarse antes de que el herido haya recibido los cuidados necesarios; durante la travesía de las calles de la villa, los toros serán ensogados, y, finalmente, si sucede algún incidente por causa de omisión de estas precauciones, la Policía y las autoridades serán solidariamente responsables, las corridas prohibidas durante seis meses en la villa y, en caso de reincidencia, durante un año. Semejantes decretos, sinceramente prudentes, debieron aceptarse por los prefectos, de los Departamentos franceses, puesto que desde entonces las corridas se prodigaron muy notoriamente por todas las ciudades y villas, incluyendo la de Nimes, donde hasta entonces las prohibiciones habían sido respetadas más que en ningún otro sitio. Pero el (01-05-1833) una corrida de ocho toros se vio entristecida por una cornada infringida a un lidiador, Paulet Barthélemy, que murió en la plaza. El prefecto se aprovechó de ello para prohibir las corridas en la Plaza de Toros de Nimes durante cinco años. El (01-05-1838), al terminarse la prohibición, el prefecto no la levantó. Las protestas surgieron y se amplificaron hasta tal punto que las autoridades tuvieron que ceder. Las corridas se reanudaron, pero el (04-08-1839) los organizadores tuvieron la idea de añadir a la corrida de escarapela el «combate a la moda española» de tres toros. Las autoridades rehusaron la aprobación, y los espectadores - prevenidos en el último momento- se entregaron a una violenta manifestación, en el curso de la cual fue destruida una parte del material.
Fuente:
http://www.fiestabrava.es/pdfs/BGR2-1.pdf
Juan José Zaldívar Ortega
Más de Bernardo Gaviño Rueda- Un Matador Septuagenario

DAVID DOUGLAS (1799 - 1834)

Afamado botánico y explorador nacido en Scone, al noroeste de Perth, en Escocia, el 25 de junio de 1799.  El abeto Douglas, que se introdujo como cultivo en 1827, se ha nombrado en su honor. Otras notables introducciones de su parte incluyen al abeto Sitka, pino de azúcar, pino blanco del oeste, pino Ponderosa, pino de las Traviesas, pino Monterrey, gran abeto, abeto noble y varias coníferas que transformaron el paisaje británico y la industria de la madera, además de numerosos arbustos de jardín y de hierbas. Fue el primero en describir la especie que se encuentra en la costa noroeste de América del Norte, Epipactis gigantea, del género Epipactis, de la familia Orchidaceae. Sus éxitos fueron más allá de sus expectativas; y así en una carta a Hooker, le escribió "podrías pensar que fabrico pinos a mi voluntad". Llegó a introducir unas 240 especies de plantas en las Islas Británicas. Murió el 12 de julio de 1834  en extrañas circunstancias en Hawai a la edad de 35 años cuando cayó en un pozo trampa y fue aplastado por un toro que cayó en el mismo lugar.

El ganado vacuno se introdujo en las islas Hawai a finales de 1700 por el capitán George Vancouver como un regalo para el rey Kamehameha I. El primer grupo de reses fue exterminado de forma rápida y comido, o bien murieron a causa de diversas enfermedades. El capitán Vancouver dio al rey otro pequeño grupo, y le instó a que los protegiera hasta que pudieran adaptarse y reproducirse. Kamehameha I emitió una "Kapu" (real decreto) para proteger a la manada. Bajo esa protección, la manada creció rápidamente hasta que la veda de caza se levantó hacia 1830. Hasta ese momento, las reses (que alcanzan los 750 kilos) estuvieron arrasando campos de cultivo, destruyendo el hábitat natural, y matando o hiriendo a la gente. La caza de estas reses de Vancouver se restableció para tener al rebaño bajo control. Esto eliminó una gran parte de la manada, pero muchos animales amenazados, huyeron a la selva y han sobrevivido muy bien. Debido a que el daño fue mucho menos visible, los esfuerzos de la caza se redujeron y es posible aún en día toparse con este ganado salvaje. Muy posiblemente uno de estos ejemplares de George Vancouver fue el que le cayó encima a David Douglas en 1834, o bien se embozó el accidente para robarlo, hay duda fundada, que una persona de su propia comitiva, pudiera haber maquinado el robo.

LA MATANZA DE FRAILES EN BARCELONA Y EN OTRAS CIUDADES EN (XXXX - 1835)

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Un añoso  recuerdo de los tiempos idos
Cortesía del Sitio Web: http://www.skyscrapercity.com

Refiere el erudito, J. Sánches de Neira, en su libro “El Toreo: Gran Diccionario Tauromáquico-Tomo II” al referirse a la plaza de toros de Barcelona, << Lidiáronse en 1834 y en el siguiente 1835 toros navarros en casi todas las corridas; pero como en la que se celebró el 25 de julio de este dicho año se promovió el motin que fué pretexto para las sangrientas escenas de demolición de conventos y asesinatos de los frailes, las corridas se prohibieron de órden de la autoridad, sin tener presente que con ellas y sin ellas el hecho hubiera tenido lugar, como le tuvo en Madrid, Zaragoza y en otros puntos. Pasaron quince años primero que los barceloneses volvieran a ver corridas de toros en su ciudad…>> Se Estima conservadoramente que el número de religiosos sacrificados por la barbarie político-anticlericalista desatada en los años de 1834 al 36 en toda España sobrepasaron las 500 víctimas, de forma que la fiesta de los toros nada tuvo que ver con los oscuros fines de este abominable magnicidio.

En 1808 fue José Bonaparte, quien confiscó bienes eclesiales. En 1823 las Cortes de Cádiz, decretaron la reducción a un tercio del número de monasterios y conventos. De 1834 a 1854, la ominosa desamortización de Mendizábal confiscó todas las propiedades de monjes y frailes,  y parte de las del clero secular. En 1855 la Ley Pascual Madoz, fue la confiscación más perfeccionada de los bienes del clero, tanto regular como secular. Estas recurrentes confiscaciones han enriquecido tradicionalmente a quienes las urden y a sus patronos de la alta burguesía, y no a la plebe, quienes en fin último, generaron estos bienes confiscados, para engrandecer una industria de limosneros aprovechados de su fe, de forma tal, que la maliciosa paradoja que se observa en el tiempo, es que los pobres trabajen para el clero, y estos a su vez para los politicos y los encumbrados, quienes de vez en vez, cuando les ven con carnes e imperio, los despojan de excesos, aunque les cueste una excomunión, que desde siempre se tienen ganada.

Refiere don Juan José Zaldívar Ortega en su libro "Más de Bernardo Gaviño - Un Matador de Toros Septuagenario", Tomo II, página 79, que hacía un año que fue inaugurada la plaza de la Barceloneta con las corridas de los días 26, 27 y 28 de julio de 1834, se dieron esa temporada 5 festejos más, con éxito creciente. En la verificada el (25-07-1835), en la que tomaron parte los espadas Manuel Romero y el noble Rafael Pérez de Guzmán, se produjo una alteración del orden público que tuvo funestas consecuencias, y fue que, con el pretexto de que eran mansos los toros de Zalduendo que se lidiaron, el público, indignado, hizo grandes destrozos en la plaza, sacó a la calle a rastras al último astado de la corrida, uniéronse a los revoltosos otros elementos extraños y, dueñas las turbas de la población, asaltaron los conventos de frailes y dieron muerte a muchos de éstos. La musa popular dedicó el cantar siguiente a tan luctuosa jornada:
El día en Sant Jaume / de lány trenta cinc, / va haber hi bullanga / dintare del
turín. / Van surtir sis toros, / Que van ser dolents./ Aixó va ser causa / De crema els
convents.
Fundándose la autoridad en que aquellos trágicos sucesos se habían iniciado en la plaza de toros, decretó la clausura de ésta, y cerrada estuvo la Barceloneta por espacio de quince años, pues no se celebró corrida alguna hasta el (29-07-1850), en cuya fecha se verificó la reapertura para que alternaran los diestros José Redondo (Chiclanero) y Julián Casas (el Salamanquino), que dieron muertes a varias reses de casta aragonesa y navarra. Desde entonces siguió funcionando sin interrupción hasta que en Barcelona se construyeron otras plazas, pues aunque en las nuevas y en la vieja se celebraron algunos años espectáculos simultáneamente, en esta de la Barceloneta fue con intermitencias hasta el (23-09-1923), en cuya fecha se dio el último espectáculo, consistente en una novillada con seis toros de Hidalgo, en la que un tal Faroles rejoneó los dos primeros, y luego dieron muerte a los cuatro restantes, en lidia ordinaria, Isidoro Todó (Alcalareño II) y Ramiro Anlló (Nacional chico). La Berceloneta, que tenía una cabida para 12.000 espectadores, se mantenía todavía en pie en la década de 1940 y después pasó el inmueble a propiedad del Banco Urquijo, a sabiendas de que realizando en ella algunas mejoras, podría continuar dando funciones.

El Blog hispano en la Internet, "Cosas de Absenta" publicó el 8 de enero de 2012 una muy amena editorial titulada "Fantasmas en la Boquería", donde consigna que uno de los conventos que fue pasto de las llamas, la tarde en que los barceloneses salieron de los toros y se fueron a quemar edificios eclesiásticos, fue el Convento de Sant Josep de la Orden de los Carmelitas Descalzos. Este edificio se ubicaba exactamente justo donde ahora se encuentra el Mercado de Sant Josep, más conocido como La Boquería. Pero esta desgracia podría haberse evitado si el prior del convento hubiese hecho caso a un joven fraile de la congregación que, unos días antes, le advirtió de un peligro que se avecinaba. Al menos, eso es lo que cuenta la historia relatada por Sylvia Lagarda Mata en su libro "Fantasmas de Barcelona". Cuando decidieron dejar de celebrar la vigilia de su patrona, la Virgen del Carmen, casi ningún fraile mostró estar en desacuerdo con tal decisión. Tan solo un joven, recién ordenado, mostró su decepción ante el prior del convento previendo posibles consecuencias negativas en el futuro. La noche de vigilia de la Virgen del Carmen (15 de julio), cuando los frailes dormían, se empezó a oír unas voces como de ultratumba que despertaron a todo el convento. Asustados y aún adormilados, los frailes salieron de sus celdas y se dirigieron hacia la iglesia, ya que de ahí procedía el ruido. Al llegar vieron el coro de la iglesia ocupado por "otros" frailes de aspecto siniestro, con unos rostros demacrados y cadavéricos que se escondían bajo las capuchas de sus hábitos y que cantaban unos salmos misteriosos. Cuando acabaron la actuación, encendieron una vela cada uno y se dirigieron, en fila índia, al cementerio del convento entonando una nueva melodía aún más pavorosa que la anterior. Llegados al cementerio, los frailes calavera apagaron sus velas y se metieron, cada cual, en su lápida correspondiente. Los frailes del convento, tras presenciar tan fantasmagórico espectáculo, emprendieron la vuelta a la iglesia y allí encontraron muerto al joven fraile que se había atrevido a cuestionar la decisión de la comunidad de no volver a celebrar la vigilia de la patrona. Diez días después, el 25 de julio de 1835, los barceloneses que habían acudido a los toros asaltaron el convento quemando y asesinando a todos los frailes que no pudieron huir con suficiente rapidez. Desde entonces, hay quien dice que cada 15 de julio (vigila de la Virgen del Carmen) se oyen unos cánticos misteriosos en el mercado de la Boquería que bien podrían ser los fantasmas de los frailes asesinados por los barceloneses la tarde del 25 de julio de 1835. Yo nunca los he oído pero mi hijo de 7 años, que le encantan las historias de fantasmas, me ha pedido acercarnos al mercado la noche del próximo 15 de julio. Si descubrimos algo nuevo ya lo contaré.


Convento de Sant Josep antes de ser quemado el 25/07/1835

Fuente: http://srabsenta.blogspot.com/2012/01/fantasmas-en-la-boqueria.html

MANUEL MORALES (XXXX - 1836)

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Nativo de la zona de Chapaleofú

http://www.abo.org.ar

 

MORALES (Manuel).- Cuando Manuel Domínguez llevó una cuadrilla en 1836 a Montevideo, formó parte de la misma un banderillero de este nombre como perteneciente al segundo espada Manuel Macía. A las órdenes de Domínguez, que fue nombrado jefe de una partida de campo para hacer presa a los indios bravos de caballos y ganado necesarios al abastecimiento del ejército, militó Morales, que murió en la notable expedición que aquel llevó a efecto en Chapaleofú. (Crónica de don J. Sánchez de Neira, de su libro “El Toreo: Gran Diccionario Tauromáquico-Tomo II”)

 

La región del Chapaleofú era de un potencial pecuario notable, pero estaba ocupada por aborígenes, establecidos fijamente como lo demuestran las ruinas de numerosas edificaciones de piedra aún existentes en la zona, y donde se desarrollaba un importante intercambio intertribal y con comerciantes de poblaciones urbanas aledañas, y que tuvo su momento regional de mayor esplendor en la denominada “Feria del Chapaleofú” entre 1770 y 1820 aproximadamente, cuando esa situación de paz y buenas relaciones comienza a deteriorarse, debido principalmente al creciente interés de de las poblaciones desarrolladas en despojarlos de sus posesiones ancestrales y bienes.

MANUEL LUCAS BLANCO (XXXX - 1837)

Manuel Lucas Blanco, murió ajusticiado en Madrid el 9 de noviembre de 1837. El día 18 de octubre de ese año mató en una riña al miliciano nacional Manuel Crespo de los Reyes por lo que fue condenado a la última pena. Francisco Montes “Paquiro” y Juan León intercedieron por él ante la Reina Gobernadora, doña María Cristina, solicitando el indulto, no hubo perdón y se cumplió la condena. Nacido en Sevilla, se inició en el Matadero para luego pasar a formar parte de la cuadrilla de Antonio Ruíz “El Sombrerero” y más tarde de la de Francisco González “Panchón”. Fue el 27 de mayo de 1821 cuando alternó por vez primera en Madrid acompañado de Francisco Hernández “El Bolero” y Juan León. Se trataba de un torero recio y valiente. Inducido por sus convicciones políticas se hizo voluntario realista y todo le fue bien hasta que falleció Fernando VII, cuando las ideas liberales empezaron a tener peso las represalias contra Manuel Lucas se hicieron tan patentes que dieron lugar al desenlace descrito. (Fuente: http://alostoros.blogsome.com)

Tuvo un hijo, también torero, de nombre Juan Lucas Blanco, al que protegió y tuvo en su casa como un hijo el espada Juan Yust, quien le hizo su banderillero y que en 1840 le hizo figurar como media espada en varias plazas, pero muerto su maestro en 1842, tomó de éste cuadrilla y viuda, presentándose en 1843 en la plaza de Sevilla. Hizo fama en corto tiempo, consiguiendo numerosos ajustes, hasta que tuvo un rotundo fracaso en Madrid, donde fue cogido en su trecera corrida, y donde se inició una debacle que le siguió hasta la muerte, al aficionarse para su desgracia, a la bebida, convirtiéndose en alcohólico, arrastrando una mísera existencia, que tuvo fin el año de 1867 en Sevilla, en el Hospital General a los 44 años de edad. (Fuente: J. Sánchez de Neira/ El Toreo: Gran Diccionario Tauromáquico)

En las efemérides andaluzas de la Organización Atienza, refieren que el 9 de noviembre de 1837 el torero sevillano Manuel Lucas Blanco es ejecutado, tras haber sido juzgado y condenado por el asesinato del miliciano Manuel Crespo de los Reyes, en una reyerta ocurrida en una tienda andaluza de la madrileña calle de Fuencarral.

MANUEL CRESPO DE LOS REYES << COSTILLARES >> (XXXX - 1837)

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Fotografía coloreada  de una pica acaecida en Barcelona entre 1890 a 1900

The Library Of Congress

A solicitud de parte, el erudito taurino Rafael Gómez Lozano (Dientefino), amablemente investigó que en la enciclopedia “Los Toros. Tratado técnico e histórico” dirigida por el académico José María de Cossío  refieren: CRESPO DE LOS REYES (MANUEL) Costillares. Picador de toros. El 4 de enero de 1824 pica en Madrid una novillada, en tanda con el famoso Luis Corchado. Según los tratadistas, lo hizo después a las órdenes de acreditados matadores. (Tomo III, Pag. 209). Y esto es cuanto dice de este personaje.

 

El día 18 de octubre de 1837, el torero Manuel Lucas Blanco mató en una riña al miliciano nacional Manuel Crespo de los Reyes,  por lo que fue condenado a la última pena.

Fuente: http://alostoros.blogsome.com

 

El 9 de noviembre de 1837 Se cumple en Madrid la sentencia mortal contra el torero sevillano Manuel Lucas Blanco, debido a la muerte que le dio al picador andaluz Manuel Crespo.

Fuente:

http://suertematador.com/index.php?option=com_content&task=view&id=3847&Itemid=312

SEBASTIÁN MIGUEZ VAQUERO (XXXX - 1838)

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Acuarela de nombre “Picador” (1860-70)
 Mariano Fortuny Marsal
Museo Nacional del Louvre

Picador de toros que fue cogido el 29 de octubre de 1838 y que murió al siguiente día a resultas de las heridas. (Fuente: Accidentes Oculares en la Tauromaquia I de 1801 a 1941 de los Doctores Puertas y Celis)

Refiere el erudito taurino, don Juan José de Bonifaz Ybarra, en su obra “Víctimas de la Fiesta”, que << El que fuera picador y conocedor de la ganadería del duque de Veragua, Sebastián Míguez Vaquero, fue herido de gravedad, siendo de la plaza de toros de Madrid, la de la Puerta de Alcalá, por un toro de la divisa de Manuel  Gaviria, cuando realizaba las faenas de apartado. El luctuoso suceso ocurrió el 29 de octubre de 1838 y el fallecimiento se produjo el día siguiente. "   

En la obra de don J. Sánchez de Neira, "El Toreo: Gran Diccionario Tauromáquico", cita, que " MIGUEZ (Sebastián).- Ha sido uno de los picadores de toros más notables que hubo en el primer tercio del presente siglo (XIX). Hombre de campo, corpulento, bravo y duro, gran jinete y muy conocedor del ganado, mereció por estas circunstancias que el rey Fernando VII le confiase el cargo de mayoral en jefe de la parte de ganadería de que quedó dueño cuando murió D. Vicente Vázquez, de Sevilla, en febrero de 1830. Había tomado en Madrid la alternativa, que le dieron Luis Corchado y Antonio Herrera en la tarde del 10 de abril de 1815, y continuando siempre su trabajo con aceptación, después de servir de mayoral en la ganadería de Veragua, vino a serlo por espacio de cuatro años a las órdenes de la Junta de Hospitales de Madrid, cuando ésta despidió a Alfonso Hinojosa. En el año de 1843, si no recordamos mal, había encerrada en el corral chico de la plaza vieja una corrida de toros de Gaviria, y al hacerse por la mañana el apartado, pasaron todos menos uno al corral grande. Míguez exitó con una castigadera a pasar al otro corral a tan receloso bicho, y éste, revolviéndose rápidamente, alcanzó al desventurado mayoral, le derribó, recogió y tiró por alto, pasándose entónces donde estaban los bueyes, sin duda asustado por los gritos de los que presenciamos la catástrofe. Tenía una horrible cornada en la nalga derecha, además del gran golpe que recibió al ser volteado; y aunque descerrajándose el botiquín le curo un cirujano que estaba presente, el infeliz murió a las cuarenta y ocho horas en su casa, junto a las carnicerías, con gran sentimiento de los verdaderos aficionados. "

El historiógrafo taurino Juan José Zaldivar Ortega, en su libro "Víctimas del Toreo"-Apartado de Picadores, páginas 66 y 67, refiere que: Sebastián Míguez, picador de toros nacido hacia el año 1785, en Utrera (Sevilla), y falleció por asta de toros el (29-10-1838), cuando contaba 53 años de edad. Ese mismo año, al adquirir el rey Fernando VII la vacada del ganadero andaluz don Vicente José Vázquez, trayéndosela a Aranjuez (Madrid), puso a Sebastián de conocedor de la ganadería. Pasó después ésta, como sabemos, a ser adquirida por los duques de Osuna XI y Veragua XIII, estando Míguez al servicios de dichos duques hasta 1834, en que fue nombrado mayoral de la Plaza de Toros de Madrid por la Junta de los Reales Hospitales, cargo que ocupaba en la temporada de 1838, hasta que, concretamente, el citado día 29, estando haciendo el apartado de una corrida de Gaviria, quedó solo en la corraleta más pequeña de la plaza un toro, y al castigarle Míguez con una castigadera para que saliera, se revolvió el astado, alcanzándole y produciéndole las heridas que nos explica el siguiente parte facultativo: «Los profesores de Medicina y Cirugía que abajo firmamos, certificamos: Que hallándonos en la plaza de toros para ver el apartado de los que habían de lidiar en ese día, fuimos llamados a la enfermería de la misma plaza para currar a Sebastián Míguez, mayoral de la empresa, el cual acababa de ser cogido en los corrales por uno de los toros de don Manuel Gaviria al tiempo de estarlos apartando, y habiéndole reconocido, hallamos que tenía una herida dislacerante en la parte inferior del glúteo, que tiene sobre cuatro pulgadas de longitud y sobre dos de profundidad; y atendiendo a la edad del sujeto la consideramos de gravedad, sin embargo de haberle curado y aplicado todos los socorros que el arte ofrece.-Madrid, (29-10- 1838).-José Mendoza Mayolo.» Sebastián Míguez falleció a la ocho y media de la noche del día (30-10-1838), pero no a consecuencia de la cornada, sino de un vómito de sangre causado por el golpe que le propinó el toro al arrojarle de las astas al suelo. Después de haber sido vaquero u hombre de campo. Fue un piquero con las características de un personaje del medio agropecuario, corpulento y fuerte, conocedor como poco de los toros, especialmente de los astados andaluces, que eran entonces de los que más se lidiaban. Cobró gran celebridad por las varas, de gran espectacularidad y eficacia, que colocaba a los toros, considerándosele por público y matadores como uno de los mejores varilargueros de entonces. Se presentó en la plaza madrileña el (10-04-1815), probablemente el Domingo de Resurrección, alternando en tanda con Luis Corbacho, y fue picador desde 1815 a 1838, haciéndolo durante veintitrés años. En 1830 aparece su nombre en carteles de la plaza de Madrid, por lo que esa temporada debió trabajar poco en plazas de Andalucía. Ese mismo año, al adquirir el rey Fernando VII la vacada del ganadero andaluz don Vicente José Vázquez, trayéndosela a Aranjuez (Madrid), puso a Sebastián de conocedor de la ganadería.

RAFAEL PÉREZ DE GUZMÁN " RAFAEL PÉREZ " (1803 - 1838)

Torero aristócrata, nacido en Córdoba el 16 de noviembre de 1803, hijo de los condes de Villamanrique del Tajo y matador de toros, con alternativa que le dio Montes en Aranjuez --en presencia de Roque Miranda-- el 29 de mayo de 1831. Oficial del regimiento de caballería del Príncipe, de guarnición en Sevilla, allí cobró afición a los toros, allí le vieron torear --y emitieron fallo favorable-- el Sombrerero y Juan León y no hubo poder que le hiciera desistir de hacerse torero profesional. Contratado para torear en Madrid durante la temporada de 1838, salió de Sevilla en dirección a la Corte con la debida antelación, a fin de inaugurar aquélla el día 23 de abril, y al pasar la diligencia en que viajaba por la provincia de Toledo, fue sorprendida por una cuadrilla de bandoleros. A la defensa de la escolta militar que custodiaba el vehículo, se unió la de algunos viajeros, entre ellos don Rafael, el cual persiguió y mató a uno de los facinerosos, pero no sin que acto seguido diera muerte otro de ellos al valiente caballero de Córdoba.

(Fuente: Página Web de Abel Murillo Adame/ http://www.historiadeltorero.com)

 

Por su parte el erudito Juan José Zaldívar Ortega refiere de este personaje de la fiesta, en su obra Toros Notables (Entrega No 69 del 20 de agosto de 2007/Toros con la letra C/ Caminito), que: El 23 de octubre de 1837, en la corrida celebrada en Madrid, el caballero y matador a pie, don Rafael Pérez de Guzmán, alternando nada menos que con Juan León, Manuel Lucas Blanco, Francisco Montes (Paquiro), Roque Miranda y Pedro Sánchez, obtuvo un triunfo resonante, en la lidia y muerte de Caminito, de la antigua ganadería española de Cabrera, que fue el último que mató en su vida, siendo contratado para la temporada de 1838 con Francisco Montes y Roque Miranda, como tercer espada. Hay que señalar un hecho interesante. Don Rafael tenía que torear ese año de 1838, el 23 de abril, pero no se presentó. En la nómina del haber de los lidiadores hizo constar la empresa: «Rafael Pérez de Guzmán, escriturado de tercera, y que no llegó a tiempo, se le abona, sin embargo, su haber, con arreglo a lo convenido con sus compañeros, que le suplieron.»  Su haber sumaba mil reales, que la empresa, noticiosa de que don Rafael había muerto asesinado en el campo, entregó para socorro de su viuda. Fue victimado por una de las muchas partidas de bandoleros -tipo Francisco González Blanco (El Algarrobo),  que se dedicaba a rezar a los santos antes de cometer sus múltiples atracos-, que infestaban los llanos de la Mancha, cuando él iba hacia Madrid el 14 de abril del año últimamente citado. El día señalado tenía que torear en Madrid, pero no se presentó. En la nómina del haber de los lidiadores hizo constar la empresa: Su muerte dio lugar a numerosas y curiosas versiones, la mayoría erróneas, y Recortes desmiente los falsos comentarios de algunos de sus biógrafos del modo siguiente: «En aquella época, con pretexto del carlismo y aprovechando las circunstancias de que las fuerzas del ejército se hallaban, en su mayoría en el Norte de España, salieron algunas partidas de bandoleros, que asaltaban los correos, desvalijando a los viajeros y dando muerte al que se resistía al despojo. Para evitar en lo posible estas tropelías, solía acompañar a los transportes un piquete de militares, destinado a este servicio. Una de las muchas partidas que infestaban los llanos de la Mancha, asaltó el (14-04-1838) el coche-correo, en el que iba don Rafael Pérez de Guzmán; las fuerzas se dispusieron a rechazar a los bandidos, y algunos viajeros empuñaron también las armas, trabándose un combate en el que resultó muerto don Rafael, continuando los demás la marcha, dejando abandonado el cadáver, que fue después recogido. Las fuerzas, piquetes o retenes militares que solían acompañar a las diligencias y siempre a los coches-correo, en el que iba don Rafael, se dispusieron a rechazar a los bandidos, y algunos viajeros empuñaron también las armas, trabándose un combate en el que resultó muerto don Rafael, continuando los demás la marcha, dejando abandonado el cadáver, que fue después recogido (Véase el libro: Leyendas, Anécdotas y Supersticiones Taurinas, de este autor).

Noticiosos los vecinos del pueblo de La Guardia de la sangrienta refriega, salieron en masa y temerosos a reconocer el campo, hallando el cuerpo del  noble y torero, que fue conducido al pueblo, donde, según costumbre de aquella época, se le hizo el funeral y dio sepultura, extendiéndose en el Archivo de la Parroquia la partida siguiente: «El diez y seis de abril de mil ochocientos treinta y ocho se celebró en esta Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción misa de cuerpo presente, y su vigilia solemne, por el ánima de un hombre que fue muerto el día catorce del mismo y hallado en el sitio llamado Carrocaña de este término, en la batida que tuvieron las tropas que acompañaban un convoy, cuyo cadáver fue sepultado en el campo santo de la misma, ayer quince, como a las cinco de la tarde, según oficio que me pasaron Victoriano Tamarón, Alcalde del primer voto, y don Manuel Salgado, de segundo, constitucionales, habiendo ejecutado su funeral con el rito de primera clase, concurrencia del Clero, asistencia de todo el Ilustrísimo Ayuntamiento y de los particulares, luciendo en él los  cirios de todas las hermandades éstas en esta Parroquial, conduciéndole desde ellas con la misma forma al denominado camposanto.»

FRANCISCO AZUCENA MARTÍN "CUCO " (XXXX - 1840)

Solo para efectos ilustrativos

“El Gayumbo” (1793)

D. Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828) 

Banderillero sevillano que, fue cogido por un toro de nombre “Perlita”, lidiado en la Plaza de Toros de Madrid el 5 de junio de 1840, de la ganadería española de los duques de Osuna XI y de Veragua XIII, que corneó al banderillero citado, al prender un par a la media vuelta, se revolvió el toro por el lado de la salida, enganchándole por el pecho y produciéndole una herida que le produjo la muerte el día 8 de junio de 1840. (Crónica de don Juan José Zaldívar Ortega).

El afamado cronista, don Juan José de Bonifaz Ybarra, refiere en su libro “Víctimas de la Fiesta” que << El sevillano Francisco Azucena Martín (Cuco) falleció en Madrid el 8 de junio de 1840, como consecuencia de las heridas que le produjo el toro “Perlita”, del hierro del duque de Veragua, en la plaza de la capital de España, el día 5 del mismo mes de junio de 1840. La cogida se produjo al intentar parear a la media vuelta y cortarle el viaje el cornúpeta, que le prendió por la cintura. "

Citan en el libro "Necrología Taurina" de Tomás Orts Ramos, "El Niño de Dios" (1866-1939), publicado en 1889, que: Francisco Azucena (El Cuco), fue un regular banderillero, que al poner un par a la media vuelta, la tarde del 5 de junio de 1840, a un toro del Duque, tuvo la desgracia de que el toro volviese por el lado de la salida, enganchándole con una tremenda cornada en el costado que le causó la muerte. El suceso tuvo lugar en la Plaza de Madrid, cerca de la puerta del toril.
Fuente:
http://bibliotecadigital.jcyl.es/i18n/consulta/registro.cmd?id=14529

SALVADOR DE BRITO "TEXUGO " (XXXX - 1841)

Solo para efectos ilustrativos
Setúbal, Portugal
Cortesía del Sitio Web: http://.reservasdecoches.com

Rejoneador cogido por toro el 29 de mayo de 1841 y que fue muerto el mismo día (Fuente: Accidentes Oculares en la Tauromaquia I de 1801 a 1941, de los Doctores Puertas y Celis)

Relata  el afamado erudito taurino español, don Juan José de Bonifaz Ybarra, en su libro “Víctimas de la Fiesta”, que << Salvador de Brito (Texugo), también portugués, (considerando al conde dos Arcos), sufrió una caída de dramáticas consecuencias al intervenir en una función taurina celebrada el 29 de mayo de 1841 en la ciudad lusitana de Setúbal. "

El erudito taurino Juan José Zaldívar Ortega, en su libro "Víctimas del Toreo", Apartado de Picadores, página 47, refiere de este personaje de la Fiesta: Salvador de Brito (Texugo), rejoneador portugués de la primera mitad del siglo XIX. Tomó parte en la corrida de inauguración de la Plaza de Toros del Convento de San Juan, de Setúbal, el (29-05-1841). La víspera visitó el ruedo de la plaza, y notó con disgusto que una lastra del piso no había quedado bien cubierta de arena, con el riesgo de que sobre ella resbalara el caballo. Fue a torear por ello de mala gana, presintiendo una fatalidad. Al primer toro le clavó un rejón con maestría. Al clavar el segundo resbaló el caballo, precisamente en el lugar presentido. Volteó el toro a caballo y caballero, sufriendo éste en la caída una conmoción cerebral que le produjo la muerte.

FRANCISCO SEVILLA <<CURRO SEVILLA>> (1804 - 1841)

Famoso varilarguero español que actuando en la Antigua Plaza de Toros de Madrid fue derribado de su cabalgadura por un toro de la dehesa de los Duques de Osuna XI y de Veragua XIII,  y que atendía al nombre de “Ventero” muriendo del tremendo golpe que se dio a consecuencia de dicha caída.

El referido animal, era hijo de una de las vacas que él mismo había ayudado a conducir como cabestrero, cuando desde Sevilla fueron llevadas a Castilla para ser entregadas a Fernando VII. Estos sucesos dieron lugar a que al anunciar las corridas siguientes a aquélla,  se advirtiese que "en caso de inutilizarse los picadores señalados en el cartel, "no puede exigirse que salgan otros." Fuente: Crónica de don Juan José Zaldívar Ortega.

Cita "don Víctor", el acreditado cronista coetáneo en la Red que sostiene el visitado Blog taurino "A los Toros", que el célebre varilarguero Francisco Sevilla que fue elogiado por las plumas de Merimée y Gautier, falleció a los 37 años de edad a causa de las tremendas caídas sufridas; sin duda, la peor de todas, fue la que el toro "Ventero", de los duques de Osuna, le ocasionó en la antigua plaza de toros de Madrid. Era hermano del también excelente picador José Sevilla, que el 24 de enero de 1871 puso fin a su vida arrojándose al patio vecinal de su casa en la madrileña calle de la Paloma, la enajenación mental fue la causa de tal determinación. Antaño era bastante frecuente esta demencia debido a los tremendos porrazos que propinaban los toros a los sufridos hombres del castoreño, no hay que olvidar que los picadores aguardaban la salida del toro a la izquierda del toril y que el animal solía estrellarlos contra las tablas de la barrera.

ROQUE MIRANDA CONDE "RIGORES" (1799 - 1843)

Foto cortesía del Site Taurino de Dale Pierce Who´s Who

Matador de toros que nació en Madrid el 16 de agosto de 1799 en la Casa del Pastor, de la calle Segovia. Fue cogido salvajemente en Madrid por un toro llamado “Bravío” de la Ganaderías de los Duques de Osuna y Veragua el 6 de junio de 1842, murió por la secuela perniciosa  de las múltiples lesiones sufridas,  el 14 de febrero de 1843 tras ser operado varias veces de la fístula. Esa tarde toreaba con Francisco Arjona "Cúchares".

 

Desde temprana edad, "Rigores" se  dedica a los toros, como un discípulo de Jerónimo José Cándido,  y toma la alternativa en Madrid el 20 de octubre de 1823 de manos de  "El Sombrerero" y siendo testigo  Luis Parra, frente a los toros la ganadería de don Manuel Gaviria. Por razones políticas (era miembro del Partido Liberal, siendo desde 1820 hasta 1823 sargento de milicias urbanas) fue impedido de torear, hasta que, en 1828, el rey Fernando VII puso fin a la prohibición."Rigores" no era un gran torero, a pesar de su áspera vida le ha hecho famoso. Se retiró en 1836 y luego reapareció unos años más tarde, sin más talento o potencial, de forma que resultó gravemente herido en Madrid el 6 de junio de 1842 por el toro "Bravio" de las ganaderías de los Duques de Osuna y Veragua, simplemente sucedió que volvió a aparecer en la arena, pero mucho más débil y con menor  capacidad que antaño. Tras la cogida se sometió a dolorosas  cirugías, pero finalmente murió en la Villa y Corte el 14 de febrero de 1843 a resultas de sus heridas. (Crónica de don Juan José Zaldívar Ortega)

 

Por su parte el célebre cronista d. Juan José de Bonifaz refiere que << El madrileño Roque Miranda Conde (Rigores), figura destacada en el campo político liberal – fue sargento de milicias -, moriría en la Villa y Corte el 14 de febrero de 1843, como consecuencia de las cornadas recibidas en la capital de España el 6 de junio de 1842. En tal fecha se celebró un festejo en el que alternaría con Francisco Arjona (Cúchares) en la lidia de ganado de los duques de Osuna y Veragua; el lidiado en segundo lugar, que atendía por “Bravío” fue el agresor, y aunque las heridas parecían prácticamente curadas, la recaída fue irreversible. Posiblemente el renombre que llegó a alcanzar este espada fue debido más a su significación política que a sus méritos toreros. "

FRANCISCO GONZÁLEZ DÍAZ "PANCHÓN" (1784 - 1843)

Solo para efectos ilustrativos

Gacetilla Taurina de Zaldivar-Serrano Tomo II

Ilustración que refiere los esfuerzos de Pedro Romero como Director de la  Escuela Taurina de Sevilla que diera como frutos una nueva generación de famosos lidiadores.

Córdoba, La Sultana, y el Barrio del Matadero vieron como aumentaba su censo con el nacimiento  el 4 de octubre de 1784, del matador de toros  Francisco González Díaz “Panchón”. El apodo es presumible que se lo pusieran debido al color de su cara, de tonalidad muy similar a la del pan moreno de aquel entonces y al que se le conocía con esa denominación. Cuando contaba con doce años Pedro Romero se lo llevó a la Plaza de Toros de Ronda colocándole en la cuadrilla de su hermano José con el que permaneció hasta 1802, actuando luego en diversas cuadrillas hasta que el 22 de mayo de 1815 tomó la alternativa en Córdoba de manos de José María Inclán. Un lustro después la confirmó en Madrid, el 20 de mayo, de manos de Antonio Ruiz “El Sombrerero”. Aunque carente de cualidades artísticas y casi en “ayunas” en cuanto a conocimientos técnicos se refiere, alcanzó cierto auge y notoriedad debido a su extraordinaria fortaleza física y notable agilidad, que unidas a su gran pundonor y a las barbaridades que hacía ante los toros consiguió que el público le tuviese en cuenta y aplaudiera sus actuaciones. En cierta ocasión toreando en Madrid pinchó dos veces en hueso, y en las dos ocasiones partió el estoque debido a la fuerza con que atacó. Toreando en Córdoba, un toro se le arrancó de improviso y cuando ya estaba a punto de cogerle le dio tal puñetazo que le hizo cambiar de dirección.

 

El 14 de julio de 1828 se lidiaron en Madrid tres toros de Gavira y otros tantos de Juan Domínguez, de Utrera, para “Panchón” y Manuel Parra; asistiendo al festejo el Rey Fernando VII. En tercer lugar saltó a la arena uno de los toros de Domínguez que fue picado por Cristóbal Ortiz y Juan Marchena “Clavellino”; le dieron veinte puyazos, derribó seis veces y mató a tres caballos. Como a pesar del castigo el animal llegó con mucha fuerza al tercio final, “Panchón” trató de abreviar y le recetó media estocada bastante caída. Cuando el burel se sintió herido emprendió una carrera por el ruedo sin que hubiese forma de pararle y en su loca carrera se enfrontiló con el espada encunándole contra la barrera. “Panchón”, apoyando la espalda contra las tablas agarró al toro por los cuernos y a base de fuerza logró hacer el suficiente hueco para salir del apuro sin mayores consecuencias. La ovación que le dieron fue de época y Fernando VII, entusiasmado por la gesta, le concedió una pensión vitalicia de cien ducados además de nombrarle administrador de sales y más tarde conductor de correos.
Cuando tenía cincuenta y dos años, 1836, quedó cesante de esos menesteres y decidió volver a los ruedos. Deteriorado ya de facultades y sin haber toreado apenas nada acudió a Hinojosa del Duque (Córdoba) el 22  ó 28 de agosto de 1842 para enfrentarse a una corrida del Marqués de Guadalcázar en compañía del espada Antonio Luque "Carmona". El toro “Bragas”, después de haber mandado a la enfermería al picador Francisco Rodríguez y al banderillero Rafael Bejarano,  le corneó en el vientre de forma tan violenta que sin poder recuperarse,  falleció el 8 de marzo de 1843 en Córdoba.
A pesar de no haber destacado en su profesión por sus exquisiteces, está catalogado como el primer matador de renombre nacido en Córdoba.

 

(Fuente: Blog Taurino A los Toros: http://alostoros.blogsome.com)

Don Juan José Zaldivar Ortega reseña la infausta jornada de la siguiente forma: << Francisco González Díaz “Panchón” y Antonio Luque “Camará” alternaron en Córdoba en un mano a mano el día 28 de agosto de 1842, en la que el primero sufrió percance que esa tarde, en la localidad serrana cordobesa de Hinojosa del Duque, al resultar corneado por el toro “Bragao”, castaño claro, del señor Marqués de Guadalcázar. El citado astado, además, le infirió un puntazo al picador Francisco Rodríguez; cogió y volteó al banderillero Rafael Bejarano  Carrasco “Torerito”, causándole una fuerte contusión, y enganchó al espada “Panchón”, infiriéndole una herida profunda en el lado derecho, por donde se le veían los intestinos, que sujetó con sus propias manos hasta la enfermería, y a consecuencia de la cual murió en la misma ciudad de su nacimiento el 23 de marzo de 1843." , aunque la fecha de su defunción más correcta pareciera la que precisa d. Juan José de Bonifaz, como el 8 de marzo de 1843 en Córdoba.

 

El historiador taurino, don Juan José de Bonifaz Ybarra, refiere que," falto ya de las magnificas facultades físicas que mostrara en su juventud y con más de 50 años de edad, salió a torear Francisco González Díaz (Panchón), el 28 de agosto de 1842, en el coso de Hinojosa del Duque (Córdoba). En tal coyuntura, un astado de la vacada del marques de Gualacázar le infirió una profunda cornada en el vientre, de la que moriría el posterior 8 de marzo de 1843 en su natal ciudad de los Califas.

http://wikanda.cordobapedia.es/imagenes/Pach%C3%B3n_I.jpg
Diario de Córdoba

JOSÉ LÓPEZ CARRERAS (1811 - 1844)

Solo para efectos ilustrativos
Acuarela de nombre “Picador Herido” (1868-72)
Mariano Fortuny Marsal
Museo Nacional del Louvre

Picador  que fue cogido por un novillo el 29 de junio de 1844 y que falleció hacia el 6 de julio de 1844. (Fuente: Accidentes Oculares en la Tauromaquia de 1801 a 1941 de los Doctores, Puertas y Célis)

Al respecto de este varilarguero el cronista don  Juan José Zaldívar Ortega relata que era un << picador, nacido en Osuna (Sevilla) el 3 de febrero de 1811 y que falleció el 6 de julio de 1844, ocho días después de torear una novillada en la Real Maestranza de Sevilla. "

El erudito taurino, don Juan José de Bonifaz Ybarra, comenta en su libro “Víctimas de la Fiesta”, que << José López Carreras dejaría de existir el 6 de julio de 1844, como secuela de las lesiones sufridas al intervenir en una novillada que tuvo por marco el coso maestrante de Sevilla con fecha 29 de junio del mismo año. " 

El cronista taurino Juan José Zaldivar Ortega, consigna en su libro "Víctimas del Toreo"-Apartado de Picadores, página 71 que: José López Carreras, picador, nacido en Osuna (Sevilla) el (03-02-1814), falleció el (06-07-1844), a los 30 años de edad. Desde muy joven se dedicó al toreo, haciéndolo primero en plazas andaluzas. En Madrid hizo su presentación el (07-09-1835), alternado con Juan Pinto y Andrés Hórmigo en la segunda corrida extraordinaria. En 1839 y 1842 también actuó en Madrid, anunciándose, según hemos visto en los carteles correspondientes, José Carrera, y no José Carrara y Manuel Carrera, como dice Recortes. Toreando en El Puerto de Santa María, en 1842, sufrió una grave cogida, que le restó facultades y valor, trabajando muy poco desde entonces en corridas de importancia. En la novillada celebrada en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla de (29-06-1844) fue cogido por uno de los cornúpetos, falleciendo a consecuencia de las heridas sufridas el citado 6 de julio de dicho año.

FRANCISCO BENÍTEZ SAYOL "PANADERO" (1791 - 1844)

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Obra del pintor coetáneo español Sergio del Amo Sais

Novillero español, nacido en El Puerto de Santa María (Cádiz) el 12 de diciembre de 1791. Hallándose en Sevilla allá por los años 1807, 1808 y 1809, cuando la lucha de las huestes invasoras de Napoleón, trabó amistad con los muchos diestros que se encontraban errantes, por la supresión de las corridas de toros en toda España, y con ellos se escapaba a los cortijos, donde despertó en él la afición a la lidia de reses bravas. Después de haber sido seriamente amonestado por sus padres y familiares, que hicieron lo posible e imposible por evitar que se acercara a los toros, intimó con Francisco Herrera Guillén, y marchando con él a Portugal, trabajó de banderillero los dos años que el espada sevillano permaneció en él. En 1814 regresa a España y se dedica a estoquear por su cuenta en las plazas andaluzas de poca importancia. En abril de 1815 se anunció en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla,  llegó la noticia a su familia y ésta consigue que el Gobernador suspenda la corrida. Apurado por sus padres, volvió al negocio de hornos de pan, los más importantes de El Puerto, que aquellos poseían –de la misma vieja solera es “La Divina Pastora”, que viene elaborando el mejor pan desde 1834-, y aunque no olvida el toreo, apenas se presenta en las plazas, toreando más como aficionado que como profesional.

 

Don Guillermo Boto Arnau,  en su admirable obra biográfica: “Paquiro ante la historia” refiere haberse topado con añoso cartel taurino del 1 de junio de 1830 de un festejo acaecido en el  Puerto de Santa María, donde Francisco Montes “Paquiro “se encuentra como sobresaliente de espadas, tras de José García “El Platero”, Francisco Ezpeleta, Manuel Montero “El Habanero” y compartiendo posición con Francisco Benítez “El Panadero”. El producto del festejo de ese día  se destinaría al “Equipo y Armamento del Batallón de Voluntarios Realistas y Hospital de Providencia de esta ciudad”, siendo el encierro de las vacadas de d. Jerónimo Alsazua, con divisa encarnada, de los Herederos de los Señores Gallardos, con verde, y de don Francisco Larriba, con celeste.

 

En la antigua Plaza de Toros de Cádiz,  toreó el 14 de mayo de 1831, a instancia de unos amigos, una corrida benéfica, en la que Juan León y Juan Pastor el Barbero habían de estoquear seis toros, y Benítez los dos últimos; herido Pastor, “Panadero” ocupó su puesto y alternó con el afamado maestro Juan León, que le felicitó públicamente por "su destreza y  serenidad ante los toros." El diestro portuense llevaba en su cuadrilla a José Bonabar, picador de toros, nacido en Cádiz. Nuestro matador siguió toreando los años siguientes, muchas veces en la Plaza de Toros de El Puerto, lidiando a veces como sobresaliente reses de ganaderos portuenses, como los Sres. José Luis Alvareda, Pedro Echeverregaray y Gaspar Montero, que anunciaba sus toros en los carteles como "procedentes de la famosa casta de los Hermanos Gallardo." Esta ganadería, tras su muerte, pasó a manos de su viuda, y a su nombre se corrieron en El Puerto el 12 de julio de 1835, con divisa azul y blanca, cuatro hermosos ejemplares que, con junto con otros seis de D. José Luis Alvareda, completaron la corrida de diez que, en lidia a plaza partida, estoquearon los matadores Juan Hidalgo, de San Fernando, y Luis Rodríguez, de Sevilla. En dicho festejo actuó como sobresaliente el infortunado diestro portuense José Benítez “Panadero”. Volvió a torear “Panadero”,  con José Redondo “el Chiclanero”  y Gaspar Díaz, en calidad de media espada o sobresaliente –que tuvo la obligación de matar los dos últimos-, en la Plaza de Toros de El Puerto de Santa María, el lunes 5 de junio de 1843, lidiando ocho toros de don Francisco Ortega, ganadero de reses bravas, natural de El Puerto de Santa María, con divisa negra, debutó en la plaza de la Puerta de Alcalá de la Corte –que debe ser la que en 1754, el Rey Fernando VI mando edificar a los arquitectos Ventura Rodríguez y Francisco Moradillo, en la Puerta de Alcalá, que era una plaza de toros circular con capacidad para doce mil espectadores, que ya era insuficiente, el 5 de octubre de 1840. El 28 de julio de 1844 organizaron varios jóvenes del El Puerto una becerrada e invitaron a Benítez a dirigir la lidia. Uno de los toretes se arrancó tras él, que por su edad –lo que quiere decir que "el aficionado" toreó muchos años-, no pudo saltar la barrera rápidamente, revolcándole y causándole varias lesiones, que aunque aparentemente de poca importancia, le ocasionaron la muerte, dejando de existir en su casa el día 23 de agosto de 1844 a los 53 años de edad. (Crónica del maestro d. Juan José Zaldivar Ortega de su obra “Víctimas del Toreo”).

 

El erudito taurino, d. Juan José de Bonifaz Ybarra, refiere en forma sucinta que << Estaba prácticamente retirado del toreo activo Francisco Benítez Sayol (Panadero) cuando fue invitado por amigos y paisanos para que actuara como director de lidia en una becerrada que habría de efectuarse el 28 de julio de 1844 en el Puerto de Santa María (Cádiz). Una de las reses lidiadas revolcó al antiguo lidiador, produciéndole lesiones que no parecían de consideración, pero que provocaron su muerte el siguiente 23 de agosto en su domicilio de su citada ciudad natal. "

JUAN MATEOS CASTAÑOS (1786 - 1844)

Plaza de Toros del Puerto de Santa María (Cádiz)
Cortesía del Sitio Web http://.viajesamiritmo.com

Picador que llegó a ocupar un primer puesto de entre los lidiadores de su categoría fue Juan Mateos Castaños, quien, actuando en el Puerto de Santa María (Cádiz)  el 30 de agosto de 1844, resultó conmocionado a consecuencia del golpe recibido en una caída. Aunque no se retiró de la plaza hasta el término del festejo, hubo de guardar cama inmediatamente  y, trasladado a su domicilio en la capital gaditana, allí murió el siguiente 26 de septiembre de 1844. (Fuente: Crónica de don Juan José de Bonifaz Ybarra de su libro, Víctimas de la Fiesta).

El erudito taurino Juan José Zaldívar Ortega consigna en su libro Víctimas del Toreo- Apartado de Picadores (Páginas 71 y 72) que Juan Mateos Castaño, picador de toros, nacido en Vejer de la Frontera (Cádiz) el (05-03-1786), falleció en Cádiz el (26-09- 1844), a consecuencia de una tremenda caída y contusiones, cuando toreaba en la Plaza de Toros de El Puerto de Santa María, la tarde del (30-08-1944), a los 58 años de edad. En los primeros años de vida estuvo empleado en las labores del campo, mismas que abandonó en 1814. Fue, según un autorizado escritor taurino, un «excelente picador de toros que lució mucho en el primer tercio del siglo XVIII, precisamente en una época en que trabajaron tan buenos diestros de a caballo en la Plaza de Madrid.» Trabajó entre los años 1814 y 1844, inclusive. Ello significa que trabajó 31 años en la profesión. Nos permitimos seguir a Cossío, quien añade: «No abandonó por eso el ruedo y continuó picando. Acometido por fuertes dolores, se acostó apenas terminada la corrida. Marchó después a Cádiz, donde tenía su casa, y allí murió el 26 de septiembre. Trabajó entre los años 1814 y 1844, inclusive.

JOSÉ DÍAZ "MOSQUITA DE CÁDIZ ó EL MOSCA" (18XX - 1845)

Solo para efectos ilustrativos

“Brindis del espada” (1867-68)

Mariano Fortuny Marsal

National Gallery de Londres

Novillero de gran valor, oriundo de Cádiz,  que fue muerto en Cuba por un toro el 28 de junio de 1845. Refieren en la página web: “El Rincón de Ordóñez”,  al hablar sobre los toreros flamencos, que " José Díaz, “Mosquita” era posiblemente primo o sobrino de “Guálipia”, —al que llaman así para diferenciarlo del “Aguálimpia” de finales del siglo XIX—. “Mosquita” toreó en la plaza del Balón de Cádiz, que funcio­nó entre 1821 a 1834. (Era la plaza más peligrosa de España según relata Teófilo Gautier, por su tamaño y por no tener callejón). Allí dirigía una cuadrilla de banderilleros en aquellas sorprendentes capeas con erales de ¡seis años o más! Posteriormente pasó a La Habana, donde tuvo le desdicha de perder un brazo. Posteriormente reaparece de nuevo en Cádiz, en 1841, justo cuando se inaugura la Plaza de Daura, construida por el impulso de “Paquiro”. En esta plaza se presenta José Díaz “Mosquita”, con un brazo de hojalata sustituyendo a su brazo am­putado, y con valor a toda prueba, con esta prótesis torea una novillada. Aun siguió toreando así en su nueva visita a La Habana, donde tendría un nuevo y definitivo percan­ce" esta vez mortal el 28 de junio de 1845. "

Cabe mencionar que a este torero gaditano le tocó en suerte participar en la primera corrida a plaza partida celebrada en la Ciudad del Puerto de Santa María, el 12 de julio de 1835. En esa ocasión se lidiaron 10 toros, los 4 primeros a plaza entera y el resto a plaza dividida.  Las ganaderías fueron 4 toros de la Señora Vda. de don Gaspar Montero y 6 de don José María Albareda, ambos vecino del Puerto. El último toro de la suelta levantó levemente la barrera divisoria del ruedo. De este encierro a plaza partida, dieron cuenta los toreros Juan Hidalgo de San Fernando y Luis Rodríguez de Sevilla, como medio espada actuó el torero gaditano José Díaz “Mosquita” y de sobresaliente el portuense Francisco Benítez Sayol,  “Panadero”. Todos actuaron acompañados de sus cuadrillas de banderilleros y picadores, siendo estos últimos, los afamados Cristóbal Marchante, de Medina Sidonia y los Portuenses Erasmo Olvera y Carlos Puerto. La corrida dio comienzo a las cuatro y media de la tarde para que desde dos horas antes entraran en la plaza los aficionados que  pagaron sus localidades de sombra a 10 reales y a 5 los del sol.  Por tanto pase para la historia del torero portuense la fecha del 12 de julio de 1835, como el día que se celebró la primera corrida a plaza partida. Algunos críticos le consideraron en su tiempo un torero de segundo orden, pero no por ello falto de valor y de una afición taurina que le sobró a raudales.

El ilustre cronista taurino, d. Juan José de Bonifaz Ybarra, refiere de su trágica jornada, en su libro “Víctimas de la Fiesta”,  que << tan solo es recordado José Díaz (Mosquita), espada de tercera fila, por su fallecimiento, ocurrido en La Habana como consecuencia de la cogida allí sufrida el 24 de junio de 1845." 

Citan en el libro "Necrología Taurina" de Tomás Orts Ramos, "El Niño de Dios" (1866-1939), publicado en 1889: José Diaz (Mosquita).- Ignoramos los detalles de la muerte de este torero que sufrió una cogida en la plaza de la Habana el 28 de junio de 1845, de cuyas resultas murió. Creemos fue banderillero de Montes.
Fuente:
http://bibliotecadigital.jcyl.es/i18n/consulta/registro.cmd?id=14529

ANTONIO CALZADILLA "COLILLA " (18XX - 1845)

Solo para efectos ilustrativos

Obra del excelso pintor español Ramón Casas i Carbó (1866-1932)

Refiere el cronista d. Juan Moreno Castro según sus indagatorias, que Antonio Calzadilla  fue un torero al parecer sevillano, nacido a principios del siglo XVII y del que existen muy pocos datos. Fue muerto en Saint Guiller (Francia) el 25 de agosto de 1845 por un toro de la dehesa de Aniceto Álvaro.

 

Don Juan José Zaldívar Ortega refiere de este lidiador que fue un << banderillero y después matador de toros sevillano, se presentó en la Plaza de Toros de su ciudad natal, la Real Maestranza de Caballería, el 4 de noviembre de 1824. Asimismo recoge la tradición que murió el 25 de agosto de 1845, en la Plaza de de Toros francesa de Saint Guiller, a lo que se cree, de una cornada que le infirió un toro de don Aniceto Álvaro. De él se sabe que trabajó en la Plaza de Toros de Pamplona el año 1830 como segundo de Carreto. En nota al margen de la nómina, existente en el Archivo municipal de Pamplona, dice quien sin duda le vio: "Sabe poco, pero mató varios  toros a la primera estocada, dándolas de corrida; no tiene manejo de muleta." Otro informe procedente del mismo depósito es muy expresivo, aunque lacónico. Al tratar de organizarse el cartel de 1832 la Junta de Pamplona advierte a su representante en Madrid: "El segundo espada que propone Montes es muy visto y vale poco." Se deduce de ello que Antonio Calzadilla toreaba con frecuencia, y que le protegía el gran “Paquiro”. Y este último dato acaso no sea temerario relacionarle con la noticia que Sánchez de Neira acoge de que frecuentara la Escuela de Tauromaquia de Sevilla. Si no contraída allí, la amistad está claro que existía. "

 

De su suerte el afamado historiador taurino, don Juan José de Bonifaz Ybarra, refiere que << no ha quedado debidamente dilucidado si Antonio Calzadilla (Colilla) llegó a la categoría de matador de toros o no pasó de la de medio espada o, simplemente, de novillero. En cualquier caso, lo que parece indudable es que actuó de banderillero a las órdenes de Juan León y, por ello, en este lugar es colocado, ya que el 4 de noviembre de 1845 hallaría su fin, al ser corneado por una res de Aniceto Álvaro en el coso francés de Saint Guiller. "

JOSÉ VENTURA LACA (XXXX - 1846)

Solo para efectos ilustrativos

Plaza de Toros de Azpeitia (Guipúzcoa) País Vasco (España)

Cortesía del Sitio Web: http://.panoramio.com/ CeMíguez

Don Juan José Zaldívar Ortega refiere de este lidiador que <<José Ventura Laca, banderillero de mediados del siglo XIX, nacido en Deva (Guipúzcoa). Figuró siempre en la cuadrilla de su paisano José Ituarte (Zapaterito). José Ventura Laca era alto, arrogante y  valiente en extremo. Siempre figuró con José Ituarte y murió en la misma Plaza de Toros de Azpeitia. Era el año 1845. El propietario del caserío Reléete de Icíar, adquirió un toro que había sobrado de las corridas de San Roque. En el verano de 1846 –no fue, pues, en 1841-, para probarlo, lo llevó a las fiestas de la Magdalena a Métrico y allí gustó tanto, que los azpeitianos lo contrataron para las fiestas de San Ignacio.

Al pasar el toro de regreso por Deva, Laca lo vio y dirigiéndose a él y guiñándole un ojo con picardía le dijo: "Amigo, nos veremos en Azpeitia", pues José Ituarte  (Zapaterito) y su cuadrilla estaban contratados para actuar en aquellas fiestas. La fecha llegó y la cuadrilla a pie se dirigió a Azpeitia, pero antes, al pasar por Lasao, barrio de Cestona, se detuvieron en un caserío donde vivía Mary Dolores, una mujer con fama de adivina, de medio bruja, conocida por todos aquellos contornos, para que le predestinara su suerte. La vieja colocó los naipes sobre la mesa y fijando su mirada astuta sobre Laca, sentado ante su mesa, le dijo: ¡Cuidado! ¡Cuidado! Con un toro negro vas a andar muy mal. Ten cuidado porque si no, tu fin está próximo." Durante la novillada, sin duda Laca no podía dejar de recordar las palabras de la bruja y se  mantuvo prudente, sin hacer ningún alarde y valentía. Pero Laca se sintió humillado al ver que su jefe era ovacionado por el público entusiasmado al colocar unas  banderillas al toro negro del caserío Erelte y pidió un par de banderillas. Su jefe trató de disuadirle, pues el astado no reunía las condiciones necesarias para ser banderilleado en la forma que acostumbraba a hacerlo Laca, pero éste insistió y el público apoyó con voces y gritos sus propósitos. Zapaterito volvió a acercarse a su peón y como último recurso le dijo: "Acuérdate de lo que te dijo Mary Dolores", pero todos sus argumentos fueron inútiles. José Ventura Laca tomó el par de banderillas y se dirigió hacia el toro, pero éste, en un arranque rápido, propio de los ágiles astados de casta navarra, salió al encuentro del banderillero y lo empitonó por el pecho en el mismo momento en el que clavaba, soberbiamente, las banderillas. El  torero, zarandeado brutalmente, quedó cadáver en la misma plaza. La emoción fue enorme y Zapaterito y sus hombres lloraron como niños. Poco más o menos nos fue relatada esa tragedia por doña Teresa Amuategui en su Estudio de Deva, que además coincide, según Solera Gastaminza, con los datos aparecidos en "La Voz de España" del 1 de marzo de1972, que identifica igualmente a José Ventura Laca como el torero muerto en la plaza de Azpeitia. El de Navarra don Martín Fleix Ostalaza, escribió un zortzico en su honor, mismo que es interpretado siempre por la Banda de Música, en las corridas de San Roque, después de la lidia del segundo toro, en recuerdo del valiente banderillero. El pueblo de Azpeitia no borrará de su memoria aquella tragedia por lo que, a la muerte de cada tercer toro, la banda de música interpreta el citado zortzico, denominado Zortziko Fúnebre en honor de aquel desconocido banderillero que encontró la muerte en nuestro pueblo."

De cualquier manera, prevalece la duda, si en especial, esta  tradición luctuosa del pueblo de Azpeitia no se deba  quizá a la muerte del diestro Manuel “Eulia” o Manuel Egaña referido en el Cossío,  y cuya tragedia se refiere más adelante en esta cronología de tragedias taurinas al llegar al año de 1860.

El historiador taurino, don Juan José de Bonifaz Ybarra, refiere de este rehiletero, que << el guipuzcoano, de Deva, José Ventura Laca moriría en Azpeitia cuando trabajaba a las órdenes de José Ituarte (Zapaterito) en las Fiestas de san Ignacio de 1846. La cogida se produjo al clavar un par de rehiletes y el deceso fue prácticamente instantáneo. "

Videoteca:
Zortzico fúnebre de Azpeitia en honor del valeroso rehiletero José Ventura (o Buenaventura) Laca Mancisidor.
http://www.mundotoro.com/noticia/el-zortzico-de-azpeitia/94324

JOSÉ MARÍA DE LOS SANTOS RODRÍGUEZ (1806 - 1847)

Solo para efectos ilustrativos

“El Torero del Miedo”

Del pintor argentino Omar Marcelo Zoncu

 

Torero de mérito nacido en Sevilla el 16 de marzo de 1806.  El lunes 3 de septiembre de 1832, en la 15ª corrida de la temporada, tomaría la alternativa en Madrid con un toro de Cabrera, y de manos del chiclanero Francisco Montes "Paquiro". Herido por su propia espada por evitar la cogida de un toro en Valencia el 1 de octubre de 1847, murió a resultas  de este incidente el siguiente 17 de diciembre de 1847 en Sevilla.

 

Don Juan José de Bonifaz Ybarra, el célebre cronista taurino, al abordar la suerte de este matador sevillano en su libro “Víctimas de la Fiesta”,  refiere que << el fallecimiento de José María de los Santos Rodríguez no fue como consecuencia de una cogida, sino de las heridas que se produjo al clavarse un estoque toreando en Valencia en octubre de 1847. El óbito de este diestro, antiguo alumno de la Escuela de Tauromaquia de Sevilla, que más tarde fuera protegido por Francisco Montes (Paquiro), tuvo lugar el 17 de diciembre del mismo año en su Sevilla natal."

 

En la página web Historia del Torero refieren que << Al 10 de marzo del año 1806 corresponde el natalicio de este diestro en Sevilla. Hizo su presentación en Madrid el 17 de octubre de 1831 en una corrida en la que Paquiro mató cuatro toros en plaza entera y Noteveas y José de los Santos otros cuatro en división de plaza. Produjo agradable impresión. Impuesto por dicho Montes toreó en la misma plaza madrileña durante las temporadas de 1835 y 1836; el 31 de mayo de 1841 sufrió una cogida muy grave en dicha plaza, de cuyo percance quedó muy resentido y dejó de torear durante algunos años. Actuando en Valencia un día del mes de octubre de 1847, se hirió con el estoque en una pierna al saltar al foso cuando iba perseguido por la res; no le dio importancia a tal herida; pero el hecho es que a consecuencia de ella falleció en Sevilla el 17 de diciembre siguiente. "

JUAN DE DIOS MARTÍNEZ "RIÑONES " (1820 - 1849)

Solo para efectos ilustrativos
Gacetilla Taurina de Zaldivar-Serrano Tomo II
Quite a la salida de vara

Picador que fue cogido por toro en 1849 y que falleció el mismo día. (Fuente: Accidentes Oculares en la Tauromaquia I de 1801 a 1941, de los Doctores Puertas y Celis)

Refiere el erudito taurino, don Juan José de Bonifaz Ybarra en su libro, “Víctimas de la Fiesta, que << el varilarguero cordobés Juan de Dios Martínez (Riñones), que figurara en la cuadrilla de su paisano José Rodríguez (Pepete), también víctima del toreo, falleció en el Puerto de Santa María en fecha indeterminada del año 1864, como resultado de las heridas producidas en una caída. Este triste acontecimiento ha sido rotundamente negado por el escrupuloso investigador taurino Ventura Bagûés (Don Ventura), mientras otros escritores lo sitúan en 1849. "

Don J. Sánchez de Neira cita en su obra "El Toreo: Gran Diccionario Tauromáquico", que " MARTÍNEZ Riñones (Juan de Dios).- Picador de la cuadrilla del desgraciado "Pepete", y como él, natural de la ciudad de Córdoba. Era aplicadito, pero le sucedía lo que a muchos que saben montar al caballo y no saben caer. Murió en el año de 1864, a consecuencia de una tremenda caída que sufrió en la plaza de toros del Puerto de Santa María. "

El Blog taurino: "Los Mitos del Toro" presenta esta foto de una colecta a favor de un picador de nombre "Riñones".
Fuente:
http://www.losmitosdeltoro.com/wp-content/uploads/2011/03/Colecta-a-favor-del-picador-Ri%C3%B1ones.jpg

El erudito taurino Juan José Zaldívar Ortega consigna en su libro "Víctimas del Toreo"- Apartado de Picadores (Página 74) que Juan de Dios Martínez (Riñones), picador de toros, nacido en Córdoba hacia el año 1820, falleció en 1849, a los 29 años de edad. Formó parte en la cuadrilla de su paisano José Rodríguez (Pepe I), el primer "Pepete" de la tauromaquia y murió dicho año en la Plaza de Toros de madera de El Puerto de Santa María. Recibió el infortunado picador tal batacazo que falleció a consecuencia de él. Cuando se construyó a cal y canto el último coso, recibió el nombre de «Plaza Real», desde 1958, aunque fue inaugurado en 1880.

RAFAEL BEJARANO Y PINO (1813 - 1849)

Solo para efectos ilustrativos

Obra del excelso pintor mexicano Jesús Enrique Emilio de la Helguera Espinoza, (1910-1971)

El historiador Juan José Zaldívar Ortega,  refiere de este lidiador en su obra “Víctimas del Toreo”, que << Rafael Bejarano y Pino, banderillero, nacido en Córdoba el 29 de noviembre de 1813, falleció el 26 de agosto de 1849, a los 36 años de edad, a consecuencia de dos cornadas. El 25 de agosto de 1849 toreó en Almagro (Ciudad Real), y al salir de poner un par de banderillas fue cogido por el toro, que llevó el nombre de “Brillante”, negro, de don Rafael José Barbero, que le dio dos cornadas, una en la pierna derecha y otra en el vientre. Malamente atendidas las heridas en la enfermería de la plaza, se le condujo a su hospedaje, y al día siguiente expiró, a las dos de la tarde, víctima de una peritonitis, y se le enterró a las pocas horas. Era hijo del matador José Bejarano (el Secujo). Perteneció a la cuadrilla del cordobés Antonio Luque (Camará I), con quien hizo su presentación en Madrid el 24 de abril de 1848, en la corrida de inauguración de la temporada, celebrada con toros del marqués de Casa  Gaviria y de don Manuel García-Aleas, alternando con Francisco Arjona Herrera (Cúchares), Julián Casas (el Salamanquino) y Antonio Luque (Camará I)."

 

Por su parte la crónica sucinta de don Juan José de Bonifaz en su libro “Víctimas de la Fiesta”,  explica que << El 25 de agosto de 1849 es herido de extrema gravedad, en la plaza de Almagro (Ciudad Real), el cordobés Rafael Bejarano Pino, al ser corneado en la pierna derecha y en el vientre por el toro “Brillante” , de la divisa de Rafael José Barbero. El óbito ocurrió al siguiente día en la indicada localidad manchega. "

 

Otras crónicas como la del prestigiado diario taurino “La Lidia” relatan así el triste acontecer: “Rafael Bejarano, banderillero de regular crédito, conocido en Madrid por haber formado parte de la cuadrilla de Antonio Luque “Camará”, murió en la plaza de Almagro en agosto de 1849 al parear a un toro de Barbero, en el acto de meter los brazos” y es cuanto.

"Don Víctor" el avezado cronista coetáneo propietario del Blog Taurino "A los Toros" refiere en sus leídas efemérides, que el 26 de agosto de 1849, víctima de una gangrena intestinal fallece en la fonda donde se hospedaba el banderillero Rafael Bejarano y Pino. Toreando en Almagro (Ciudad Real) el día anterior y al salir de poner un par de banderillas le alcanzó el toro Brillante", negro, de don Rafael José Barbero, que le infirió dos cornadas, una en la pierna derecha y otra en el vientre, el no atenderle adecuadamente en la enfermería de la plaza fué la causa del fatal desenlace. Había nacido en Córdoba el 29 de noviembre de 1813. Se presentó en Madrid en la cuadrilla de Antonio Luque "Camará" el 24 de abril de 1848, toros de Gaviria y Aleas para el ya citado y Francisco Arjona "Cúchares" y Julián Casas "El Salamanquino".

JOSÉ MORLANS (XXXX - 1850)

Solo para efectos ilustrativos

"Sevilla: Los Toreros"

Del ilustre pintor valenciano Joaquín Sorolla  (1863-1923)

En el mes de octubre de 1850, un toro desmandado corneó mortalmente a José Morlans, al parecer torerillo principiante, en la localidad barcelonesa de San Justo y Espulgas. (Crónica de don Juan José de Bonifaz Ybarra de su libro “Víctimas de la Fiesta”)

JUAN GARCÍA "TÍO CARRASQUIÑA " (XXXX - 1850)

Solo para efectos ilustrativos

“Torero” (2008)

Acuarela de la pintora española Beatriz Hernández Biforcos

 

Juan García, torero de mojigangas, natural de Málaga, apodado el “Tío Carrasquiña”. Hacia la temporada de 1850 trabajaba en tales festejos representando diversos papeles en los ruedos, entre ellos el del enfermo, para el cual se cubría el cuerpo de cebada sin espigar, verde; salía el novillo y se ponía a comer la cebada, en cuyo momento el Tío Carrasqueña hacía algún movimiento y el astado salía huyendo. En Torremolinos, en Málaga, murió en una capea, cogiéndole un toro en una calle sin salida y causándole tales heridas que falleció a los pocos momentos. (Fuente: Don Juan José Zaldívar Ortega/ Víctimas del Toreo)

 

Don Juan José de Bonifaz Ybarra, el ilustre cronista taurino, refiere de esta víctima de la fiesta, que << El mojiganguero, malagueño, Juan García, más conocido por el apodo de “Tío Carraspiña”, halló dramático fin al tomar parte en un modesto festejo celebrado en la localidad de Torremolinos (Málaga) durante la temporada de 1850. "

 

Cabe mencionar que el erudito Cossío lo refiere en su obra Los Toros, Tomo 3, Página 335, como Tío Carrasquiña. 

ISIDRO SANTIAGO LLANO "BARRAGÁN" (1811 - 1851)

Ilustración del diestro Isidro Santiago Llano "Barragán"
De la hemeroteca de don Rafael Gómez Lozano
http://torerosmexicanos.blogspot.mx/

Matador español nacido en Madrid el 11 de febrero de 1811, fue corneado de la pantorrilla izquierda cuando toreaba con la muleta el 23 de marzo de 1851 por el toro "Jardinero",  de la dehesa de don Dámaso González de Miraflores de la Sierra, muriendo el 4 de abril de ese mismo año a resultas de la cogida.

 

"Barragán" fue en sus inicios aprendiz de tapicero, entonces se inició en el arte de la tauromaquia, haciendo su debut en las carreras de los pueblos cerca de Madrid, para luego ser banderillero de la cuadrilla de “Morenillo” y después del matador Manuel Romero. Fue matador de toros sin alternativa, siendo su primera corrida el 26 de diciembre de 1838 en Madrid.  El 5 de junio de 1843, aparece por primera vez como matador en la Plaza de Toros de Madrid, acompañada de “Noteveas” y de Francisco de los Santos,  donde torea, para  posteriormente aparecer en festejos por toda España alternando con las figuras de su tiempo. Según sus coetáneos, era valiente y hábil, pero demasiado tímido y modesto para convertirse en un personaje de mayor trascendencia.

 

El domingo 23 de marzo de 1851 se lidió en Madrid un toro en puntas. Los picadores eran Juan Martínez Malo y Francisco Míguez y como y como matador figuraba el madrileño Isidro Santiago "Barragán". El toro llamado “Jardinero”, de la ganadería de don Dámaso González, que lucía divisa blanca y caña, le empitonó por la pantorrilla izquierda. Los novillos de esa tarde eran de la Viuda de Freire y de don Dámaso González, de Miraflores de la Sierra. Las reses de esta última ganadería solían llegar a la Corte después de ser toreadas por los pueblos de Castilla, por cuyo motivo se manifestaban resabiadas y descompuestas. “Barragán”, que sabía bien en este grave inconveniente, le dijo el día de la corrida a un amigo: "Estos toros de don Dámaso, cuando vienen a Madrid, saben demasiado; más quisiera matar un toro de Veragua o de Gaviria, por grande que fuera, que uno de estos pequeños de Miraflores." Tuvo razón el torero madrileño sobre el peligro de tales cornúpetos afamados de difíciles por picardeados. Estoqueó con mucha gracia al primero, de nombre “Borrego”, negro, de Freire, y escuchó aplausos; salió el segundo, de nombre “Jardinero”, retinto, de don Dámaso; al darle un pase de muleta fue empitonado el diestro por la pantorrilla izquierda y cuando parecía estar curado, se le presentaron unas calenturas tardías por infección de la herida seguido de un cuadro de septicemia generalizada, falleciendo entre delirios el citado 4 de abril del año de 1851 a los 40 años de edad en un hospital de Madrid. (Crónica de don Juan José Zaldívar Ortega"

 

El cronista taurino don Juan José de Bonifaz Ybarra refiere de este personaje de la Fiesta, que << un cornúpeta de la divisa de Dámaso González, “Jardinero” de nombre, hirió en la pantorrilla izquierda a Isidro Santiago Llano (Barragán), el 23 de marzo de 1851 en Madrid. Atendido convenientemente en un hospital, parecía que el proceso de su curación marchaba por cauces normales, cuando se presentan altas fiebres que acabarían con su existencia el siguiente 4 de abril. La leyenda sobre determinada visita que recibió en la institución sanitaria, más parece producto del romanticismo de la época que de una comprobada realidad. "

 

Refiere el cronista, Don Rafel Murillo Adame, en su página web “Historia del Torero”, que << Desde la enfermería fue trasladado al Hospital, donde fue adelantado en su curación; pero un día recibió la visita de su íntima amiga la Cacharrera, acompañada de cierto sujeto con quien Isidro sospechaba que aquélla le era infiel, y del disgusto que Barragán sufrió le sobrevinieron unas fiebres nerviosas que le ocasionaron la muerte el día 4 del siguiente mes de abril de 1851 "

FRANCISCO MONTES REINA "PAQUIRO" (1805 - 1851)

Matador afamado nacido en Chiclana de la Frontera  en la provincia de Cádiz el 13 de enero de 1805. Toma la alternativa en Madrid el 18 de abril de 1831de manos de Juan Jiménez "Morenillo" atestiguando Manuel Romero, con toros de Gaviria. Escribió en 1836 el libro “Tauromaquia Completa” ayudado por el médico militar gaditano Manuel Rancés Hidalgo (Otros cronistas como el Excmo. don Benito Canto Díez,  refieren que su amigo el Literato Santos López Pelegrin redactó la obra), donde fijó su concepción del toreo y las normas para establecer un orden de combate; asimismo modificó el “traje de luces” y que aún se resguarda hasta nuestros días. Impuso el uso de la gorra de torear, y que en honor a su apellido se comenzó a llamar “montera”. Fallece el 4 de abril de a resultas  de una cornada en la pierna propinada por "Rumbón" de la dehesa de Manuel de la Torre Rauri el 21 de julio de 1850 en Madrid, fecha en la que intentaba regresar a los ruedos después de su despedida en 1948, y la cual, junto con su fracaso de esa tarde, lo alejó definitivamente de los ruedos y le ocasionó una larga y dolorosa convalecencia de la cual no habría de recuperarse, muriendo en casa en su ciudad natal a los 46 años de edad víctima de unas fiebres malignas llamadas “tercianas”. “Rumbón”, que fue el primer toro de la tarde, salió abanto, y tan poco bravo, que tuvieron que de ponerle banderillas de fuego, llegando a la muerte descompuesto y defendiéndose peligrosamente a tarascadas. Francisco Montes “Paquiro” le dio un pase natural y otro cambiándole, teniendo que safarse de él a la mayor brevedad, pues buscaba el cuerpo con maligno sentido. Al intentar otro pase, se le coló, derribándole y dándole una cornada grande en la pantorrilla izquierda de 22 centímetros de longitud, levantándole por dos veces y pisoteándole el pecho y la cabeza, remata José Redondo “El Chiclanero” el peligroso astado. Tiene un monumento en su honor en su ciudad natal. (Crónica de don Juan José Zaldívar Ortega).

Otros críticos refieren, que viviendo retirado en su casa de Chiclana, el 4 de abril de 1851 fallece agobiado por sus penas íntimas, de las que pretendía evadirse con el alcohol. 


El Toro Rumbón
Cortesía de don Pedro del Cerro (Vazqueño)
http://dominguillos.blogspot.mx

JOSÉ FERNÁNDEZ DE LOS SANTOS "BOCANEGRA " (1824 - 1852)

Solo para efectos ilustrativos

“Antes de los toros o Galanteando”

De la pintora estadounidense Mary Stevenson Cassatt (1844-1926)

Rehiletero de la cuadrilla de José Redondo “El Chiclanero”  que fue cogido por un  toro de nombre “Maragato”  de la dehesa de Durán, el 3 de mayo de 1852,  y que falleció el día 5 del mismo mes a resultas de las heridas. Maragato”, retinto y ojo de perdiz, cuarto de la tarde, que al ser banderilleado por José Fernández de los Santos “Bocanegra”, nacido en Chiclana de la Frontera (Cádiz) el 20 de agosto de 1824), falleció el 5 de mayo de 1852 a consecuencia de las cornadas recibidas el día 3 de mayo de 1853, a los 28 años de edad. Recortes” dijo del suceso: "El profesor de cirugía encargado de esta enfermería, señaló que el banderillero José Fernández de los Santos “Bocanegra” ,  tiene tres heridas: una en la región lumbar derecha, transversal, que interesa la cavidad del vientre, con lesión probablemente de alguna víscera, y fracturadas las costillas décima y undécima; otra en la parte externa del muslo izquierdo, de más de tres pulgadas, y la tercera en la parte superior de la pierna, que interesa parte de los músculos. El pronóstico de la que tiene en la región lumbar es de mucha gravedad.-Doctor Manuel Andrés y Soria." De la enfermería de la plaza fue trasladado al Hospital General, donde murió a las cuatro de la mañana del día 5 de mayo de1852.

El cronista don Juan José Zadívar Ortega refiere de este lidiador que fue un <<banderillero, nacido en Chiclana de la Frontera (Cádiz) el 20 de agosto de 1824, y que falleció el 5  de mayo de 1852 a consecuencia de las cornadas recibidas el 3 de mayo de 1852, a los 28 años de edad. El cuarto toro de Durán, llamado “Maragato”, retinto, ojo de perdiz, tomó 14 varas, matando seis caballos. Juan Chico le clavó tres pares, y al poner uno “Bocanegra”, se quedó en la cara del toro, siendo enganchado y volteado aparatosamente, corneándole el toro en el vientre sobre suelo. "

Don Juan José de Bonifaz Ybarra, el erudito taurino, refiere en su obra “Víctimas de la Fiesta” de este banderillero, que << en el Hospital General, de Madrid, dejó de existir, el 5 de mayo de 1852, José Fernández de los Santos (Bocanegra), quien, tras haber figurado en las cuadrillas de Manuel Jiménez (el Cano) y Francisco Montes (Paquiro), actuaba a las órdenes de José redondo (el Chiclanero), paisanos suyos los tres. La cogida tuvo lugar  en dicha capital el anterior día 3, producida por un cornúpeta de la ganadería de Durán. Todavía no había llegado a cuajar en el gran peón que prometía ser. " 

Citan en el libro "Necrología Taurina", de Tomás Orts Ramos, "El Niño de Dios" (1866-1939) publicado en 1889: José Fernández (Bocanegra).- Distinguido banderillero que perdió la vida en Madrid, a consecuencia de una cogida sufrida en la plaza de aquella capital el 3 de mayo de 1852. Un toro de Durán, retinto, ojo de perdiz y bravo, que se llamaba "Maragato", y era el cuarto de la tarde, fue el autor del desaguisado. Tomó ocho varas de Trigo y seis de Puerto, matando dos caballos. Mudada la suerte salieron a parear Rico y "Bocanegra". El primero puso tres pares y al ir éste a poner uno fue enganchado por el muslo, volteado y arrojado al suelo. Incorporóse el diestro y secundó el toro atravesándole el pecho de una cornada y interesándole los riñones. Dos días después falleció el infeliz banderillero.
Fuente:
http://bibliotecadigital.jcyl.es/i18n/consulta/registro.cmd?id=14529

CARLOS PUERTO Y SANTO (1813 - 1852)

Foto cortesía  de “La Garrocha”

Picador de toros que aunque naciera en Alicante el 4 de diciembre de 1813, siendo aún niño, se trasladó con sus padres a El Puerto de Santa Maria, siendo el motivo de que fuese considerado como hijo de esta ciudad. Fue discípulo de los varilargueros Pinto y Juan Mateos Castaño.

En 1836 se marchó en la cuadrilla de Manuel Domínguez a Montevideo, regresando de hecho en 1849. Ese mismo año, se presentó como picador en Madrid.
También figuró en la cuadrilla de José Redondo "El Chiclanero". El 25 de junio de 1852, el toro “Medialuna”, cornialto, de pelo colorado, bermejo, careto, algo salpicado y ojo de perdiz, de la ganadería de D. Anastasio Martín, lidiado en la plaza de toros de El Puerto de Santa Maria, sale abanto y con muchos pies, consiguiendo parárselos “El Salamanquino”, con cinco lances de capa, y emprende una faena dura con la gente montada, dejando seis caballos en la arena á cambio de nueve puyazos. Se aploma un tanto el toro, y Puerto trata de obligarle citándole muy en corto. En ese crítico instante, el gobernador civil de la provincia, da orden a un salvaguardia para que arree al caballo del picador, momento en que el toro arremete con espantosa violencia y saca al picador de la silla, clavado en su cuerno derecho. La herida es verdaderamente horrible. El cuerno derecho ha penetrado por la ingle, y le ha atravesado todo el cuerpo, hasta salir por un costado, destrozándole el vientre y algunas costillas. A las cuatro y media de la tarde del día 29 de junio de 1852 dejaba de existir  Carlos Puerto con apenas 32 años de edad en la casa ubicada en la calle portuense de San Francisco No 3, y donde vivía Erasmo Olvera (también picador), amigos desde la infancia. Refiere don José María de Cossío: Debemos agregar que a Erasmo Olvera  le unía una gran amistad con su infortunado compañero y paisano Carlos Puerto, que cogido de muerte en nuestra Plaza, fue trasladado a la casa de Erasmo Olvera –en la calle de San Francisco- donde expiró en brazos del amigo de su niñez.

Refiere el maestro don Juan José Zaldívar Ortega respecto de este lidiador, que fue un << picador de toros, nacido en Alicante el 4 de diciembre de 1813, y que falleció a los 39 años de edad y 22 de profesión, por asta del toro, llamado “Medialuna” -cornialto, colorado, bermejo, careto, algo salpicado y ojo de perdiz-,  a las cuatro y media de la tarde del 29 de junio de 1852, por cogida sufrida el 24 de junio de 1852, en la Plaza de Toros de madera -en la que se construyó tras ser derribada la que estuvo en funciones hasta 1842-, de El Puerto de Santa María. Salió el toro abanto y con muchos pies, pero él se estrechó de un modo magistral con la fiera, cuando el gobernador civil de la provincia, que en mal hora presidía la corrida, indicó a uno de sus agentes que arreara al caballo, y castigado el animal con los latigazos en los cuartos traseros se cruzó ante el toro y éste le entró con tal violencia que lo sacó de la silla y lo enganchó, llevándoselo clavado en el cuerno derecho, y campaneado por espacio de varios segundos, lo arrojó con furia sobre la arena. La herida del diestro era verdaderamente horrible. El cuerno del toro penetró por la ingle derecha, y le atravesó todo el cuerpo, hasta salir por un costado, destrozándole el vientre y algunas costillas. Heroica fue la serenidad de Carlos Puerto en tan espantoso trance. Marchó por su pie a la enfermería, teniendo que sujetarse con ambas manos los intestinos. "

El erudito taurino,  don Juan José de Bonifaz Ybarra, refiere de esta víctima de la fiesta, que << también alcanzó gran renombre Carlos Puerto Santo, que figuró en las cuadrillas de los más destacados espadas de mediados del siglo XIX. Actuaba en el coso de Santa María (Cádiz), el 25 de junio de 1852,  a las órdenes de Julián Casas (el Salamanquino), cuando, por una imprudencia manifiesta de la primera autoridad civil de la provincia, el toro “Medialuna” de la ganadería de Anastasio Martín, le propina una profunda cornada en el vientre, que le ocasionó la muerte al día siguiente. "

Abundando en la vida de este afamado personaje de la Fiesta, el erudito taurino Juan José Zaldívar Ortega consigna en su libro "Víctimas del Toreo"- Apartado de Picadores (Páginas 74 a la 76) que Carlos Puerto y Santos, picador de toros, nacido en Alicante el (04-12-1813) era hijo de Domingo Puerto y de Francisca Santos, y éstos se trasladaron, cuando Carlos tenía quince meses de edad, a El Puerto de Santa María, de ahí que sea considerado como natural de esta bella y mítica ciudad. Aprendió el oficio de carpintero de carruajes, cuando tuvo edad para ello, y cuando, ya a los 17 años era un buen oficial en su oficio descuidó su trabajo para ocuparse en faenas de acoso y derribo, en novilladas -con las que la ciudad de El Puerto obsequió al infante don Francisco de Paula y su esposa Mª Carlota, durante los años de 1830 al 1832, y labores de campo, decidiéndose a subir a caballo en público. En 1833 se presentó en el ruedo de El Puerto como picador, procurando ganar en su nuevo oficio para el sustento de su madre, recientemente enviudada. En 1833 murió su padre y desde entonces se tomó más en serio, y además ya profesionalmente, su labor de varilarguero, presentándose esa temporada en la Plaza de Toros de El Puerto, procurando ganar en su nuevo oficio para el sustento de su madre, recientemente enviudada; alternando con los más famosos piqueros de su tiempo, tales como Juan Pinto, Bernardo Botella o Juan Mateo Castaño, al que vio morir la tarde en que picaban juntos en la Plaza de Toros de nuestra ciudad, en la temporada de 1844. De todos ellos recibió Carlos lecciones y consejos. El (04-01-1837) se embarcó en Cádiz hacia Montevideo como piquero en la cuadrilla de Manuel Domínguez, junto con otros diestros de la misma. Allí hizo fortuna y adquirió algunos bienes, no regresando a España hasta el mes de abril de 1841. Aquí logró resonadas actuaciones, una de ellas en la Plaza de Toros de Jerez de la Frontera, en la cuadrilla de Francisco Montes (Paquiro), que alternaba aquella tarde en un mano a mano con Juan Yust, quedándose admirados ambos diestros de la destreza y arte de Carlos Puerto, quien regresó seguidamente a Uruguay junto a su madre. Ocho temporadas (1841-1849) trabajó por Plazas de Toros americanas y, tras perder una gran fortuna por culpa de las revoluciones políticas, decidió por fin regresar a su patria y afincarse definitivamente en El Puerto. Al volver Carlos a El Puerto traía consigo poco dinero, pero una gran fama de excelente picador, por lo que la misma temporada de 1849, se presentó en la Plaza de Toros de Madrid, en la 16ª corrida de la temporada, junto con el famoso Trigo, en una corrida en la que actuaron en un mano a mano Francisco Arjona Herrera (Cúchares) y su hermano Manuel, picando Puerto los seis toros, pertenecientes a las ganaderías de Aleas, Elías Gómez y Suárez. En 1850 ingresó en la cuadrilla de José Redondo (Chiclanero), a las órdenes del cual picó en Madrid seis corridas a satisfacción del público. El (16-09-1850) le ocurrió a Puerto en el circo madrileño un percance digno de mencionar: «Salió en cuarto lugar el toro, llamado Ballenato -describe Bruno del Amo (Recortes) al ocuparse del famoso piquero-, de pelaje negro azabache, de don Luis María Durán. Puerto le ponía la séptima vara casi pegado a la puerta del toril; el toro recargó, elevando el derrote más de lo regular, y enganchó al piquero por la juntura de la armadura de hierro, cerca de la rodilla. De tal modo enganchó el asta, que no podía el animal desasirla de la juntura. En esta disposición llevó arrastrando al jinete hasta los medios, en donde al fin pudo sacar el pitón. El picador sólo sufrió leves contusiones al ser arrastrado, y fue objeto de una ovación de simpatía.