JUAN GASPAR ROMERO (1756 - 1802)

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“Diversión en España” (Óleo sobre lienzo1811-1827)
Pintura de D. Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828)

Novillero de estirpe torera nacido en Ronda en 1756. Lo mató un toro en Salamanca en presencia de su padre, d. Juan de Dios Romero de los Santos y de su hermano Pedro Romero. La fecha de su trágica muerte pareciera ser el 12 de septiembre de 1802, aunque no está debidamente documentada. Otros autores arguyen que esta acaeció en el año de 1773, dato que parece incierto, pues según refiere don José María de Cossío,  en el tomo 3 de su obra "Los Toros", que torea en Madrid junto a sus hermanos en 1790.

De la vida de Juan Gaspar se conocen pocos datos, salvo que solía acompañar a su familia en la profesión de matar toros. Podemos asegurar su muerte en Salamanca por el siguiente certificado de defunción: "Don Valentín González Gómez, párroco de la Purísima Concepción, de Salamanca: Certifico que en el libro de difuntos que obra en este archivo de la suprimida Parroquia de San Blas, correspondiente al año 1773, y el folio 129, se encuentra una partida que, copiada dice como sigue: En la ciudad de Salamanca, a los 16 días del mes de septiembre del año 1773, murió Juan Gaspar Romero marido que fue de María Pérez, y se enterró en la iglesia parroquial de San Blas de esta ciudad. No testó por ser pobre. Recibió los Santos Sacramentos de Penitencia, Comunión y Extremaunción, y en fe de ellos, como cura ecónomo lo firmo ut supra. Don Antonio Martín García de Celis";  empero el acta pareciera tener un error en la fecha, puesto que otros respetables cronistas taurinos refieren que: El gitano José Ulloa, el famoso “Tragabuches”, discípulo de Pedro y José Romero, acompañó a los hermanos Juan Gaspar y José Romero por las plazas del sur de España, actuando como banderillero, llegando a la categoría de sobresaliente. Fue en Salamanca, entre el 10 y 16 de septiembre de 1802, donde Juan Gaspar Romero le dio la alternativa, y donde se cuenta que Juan Gaspar fue muerto en la lidia del primer toro de don Agustín Díaz Castro de Pajares de los Oteros,  por lo que Ulloa hubo de terminar la faena.

Refiere el erudito d. Juan José de Bonifaz Ybarra, que de ser cierta la fecha de su fallecimiento en 1802, y piensa que si lo es, << dos hermanos serían víctimas de la Fiesta durante un mismo año. "

En una parte de la biografía de José Ulloa, el famoso "Tragabuches", el cronista J. Sánchez de Neira, en su obra "El Toreo: Gran Diccionario Tauromáquico-Tomo II" hace indicación precisa de la muerte de Juan Gaspar Romero, al referir que José Ulloa " a los veinte años entró a formar parte como banderillero de las cuadrillas de José y de Gaspar Romero, y a poco tiempo tomó de este último la alternativa como espada en el año de 1802, y cuando el infeliz Gaspar murió desgraciadamente en la plaza de Salamanca, él, que era su segundo, concluyó la lidia en lugar de aquel. "

El docto cronista Daniel Tapia, en su "Breve Historia del Toreo" refiere que: GASPAR ROMERO nació en Ronda el 17 de octubre de 1756, siendo bautizado con los nombres de GASPAR RAFAEL MARÍA DE LA PASTORA. Desde muy joven acompañó a su hermano Pedro, alternando con él en Madrid el año 1790. << Su notoriedad en la biografía taurina – nos dice J.M. de Cossío – ha sido debida a darse por segura su muerte en 1802 en la plaza de toros de Salamanca y en circunstancias verdaderamente dramáticas por la presencia de su padre y de su hermano Pedro. Esta tradición constante en Salamanca encontró forma literaria en un cuadro admirable de don José Somoza, y responde a una realidad auténtica, ya que en Salamanca muere un hijo de Juan Romero en una fiesta de toros. Ni la fecha pudo ser transcrita, ni fue Gaspar la víctima...El siguiente silencio que posteriormente rodea su figura no es argumento de su fallecimiento hacia esta fecha. Más bien puede interpretarse como indicio de su retirada de actividades para las que, por lo visto, tenía escasas aptitudes. >>

MATEO RONDÓN (XXXX - 1806)

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Plaza Mayor de Lima, Perú

Cortesía del Sitio Web:.portalinca.com

Mateo Rondón fue un capeador de a caballo de los que ejecutaban la llamada "Suerte Nacional Peruana", es decir torear a caballo con el capote para recortar y quebrantar al toro, en algunas oportunidades sustituía la suerte de varas. El 6 de diciembre de 1806 se celebró en la Plaza Mayor de Lima la segunda corrida por el recibimiento del Virrey José Fernando Ramón de Abascal y Sousa, "Marqués de la Concordia". En aquella corrida fue cogido gravemente el capeador de a caballo Mateo Rondón por el toro de nombre "Lomillo" de la ganadería de "Larán". Cinco días después, el 11 de diciembre de 1806 falleció en Lima a resultas de la mortal cornada. (Crónica de Dikey Fernández Vásquez)

LOS DIFUNTOS DE LA PLAZA DE MADRID ( - 1808)

"En esta lámina “don Francisco de Goya y Lucientes” perpetúa la tragedia que ocurrió en la Plaza de Madrid, en la que perdió la vida el alcalde de Torrejón al saltar un toro al graderío. El público pugna por huir y lo hace alocadamente, apiñándose materialmente unos contra otros, en la parte derecha del grabado, en su afán de que la fiera no les alcance. Hay quien dice que Goya se pintó en este grabado asomando la cabeza al fondo y quien asegura que es el que salta la valla torpemente " (Antonio de Horna, La Tauromaquia, Madrid: De Horna ed., 1983).

En la parte superior  derecha del grabado (probablemente realizado entre 1814 y 1816)  podemos apreciar la terrible cogida sufrida por el Alcalde de Torrejón y que le causó la muerte, empero también ilustra que no solamente el dignatario resulto fallecido, sino que probablemente describe la existencia de más desventuras causadas por cogidas del toro, al apreciarse en el grabado otros cuerpos apiñados en el tendido, así como personas huyendo, de  ahí que probablemente hayan sido varios los fallecidos. Para mayor abundamiento, en el libro “Torrejón de Ardoz: Una historia Viva” ( de los autores: José María Merino Arribas, Yolanda Ruiz Esteban, Luis Miguel Gutiérrez Torrecilla, y Fernando García Manzanero, editado por el Ayuntamiento de Torrejón de Ardoz) precisan que en el año de 1808, según la crónica aportada por el torrejonero don Alberto José Rodríguez Martínez de Escuriaza (para el libro de Gaspar y Roig, Los fantásticos de la imaginación, Madrid: 1876, pp. 60-62), en Madrid se celebró una corrida de toros, en la que el Alcalde de Torrejón (sin precisar su nombre)  encontró la muerte al ser empitonado por un toro:

“Dada la señal por la Presidencia, comenzó la lidia. Pedro Romero hizo una de sus tardes memorables, ciñéndose, mandando naturales, pases de pecho, etc. En la suerte suprema dio un estoconazo a volapié, hasta la bola, recibiendo por ello dos orejas, a petición del público asistente. A continuación, soltaron el toro que correspondía a Jerónimo José Cándido “El Chiclanero”, que, emulando a su anterior compañero de terna, hizo una gran faena, pero con tan mala fortuna que al entrar a matar, pinchó en hueso. Fue en la segunda tentativa cuando logró dar muerte al toro, consiguiendo sólo una oreja. Por la puerta de toriles salió el tercero, cárdeno, astifino, corniveleto, de la ganadería madrileña de Colmenar Viejo, de García Aleas, con divisa encarnada y caña (otras fuentes refieren que era de la dehesa de Palacios Rubio), de unos 600 kilos, que le correspondió en sorteo a “Curro Guillén”. Cruzó el toro la plaza a pleno trote, haciendo caso omiso a los reclamos de los capotes, que las cuadrillas desde los burladeros movían, y saltó limpiamente la barrera, llegando hasta las gradas, donde se apiñaban los aficionados. Nuestro alcalde pretendió distraer al toro con su chaqueta, mientras sus parientes, amigos y público huían despavoridos; no dándole tiempo a él, fue empitonado por el pecho y muerto en el acto, quedando colgado del asta del animal. Esta escena quedó inmortalizada por el genio creador de don Francisco de Goya y Lucientes, en la colección de Tauromaquia, en su lámina número 21”

Al respecto de precisar la fecha exacta del trágico acontecimiento, e incuso el validar detalles más delicados, como el confirmar que el dignatario fallecido haya sido Alcalde de Torrejón de Ardoz, y no de otra población con el mismo nombre, hay que guardar cautela, pues hasta hoy en día, destacados historiadores como d. Fernando García Bravo, siguen en la pista de descubrir la identidad del afamado personaje inmortalizado por Goya, según me comenta el respetable erudito español de su puño y letra, en correo que tuve el honor de recibir el 3 de septiembre de 2009, y que al respecto dice: << Estimado don Leopoldo: Esta misma pregunta nos hacemos los investigadores. Decirle que yo, personalmente, he consultado las actas de defunciones en todas las parroquias de las localidades que existen con el nombre de Torrejón, que son varias en Madrid. Por mis trabajos de investigación, le indico que no fue la fecha de 1808 cuando sucedió el percance, sino antes. También hay dudas, más que razonables, de que el difunto alcalde fuese de alguna localidad cuyo nombre no comenzara por Torrejón. Para mi, desde hace varios años, es un reto el dar con la fecha, el nombre y apellidos. No desespero y si algún día puedo despejar la duda tenga por seguro que se lo comunicaré. Reciba un saludo. Fernando García Bravo "

En una editorial de nombre: ¡Que bien se ven los toros desde la barrera!, publicado por el cronista de mote "Cadahalseño" el 14 de diciembre de 2008, en la página de Internet: http://estrapicurciela.blogspot.com, refiere entre otras desgracias que: El peligro también llega más arriba. Muchos toros en la historia han saltado directamente al tendido causando el pánico además de algún muerto y varios heridos. Goya lo pintó en uno de sus grabados de la Tauromaquia. Sucedió el lunes 15 de junio de 1801 en la plaza de Toros de la Puerta de Alcalá de Madrid. En el famoso grabado de Goya se aprecia como el toro, que era de la vacada de Palacios Rubio, mantiene prendido por los cuernos al cuerpo inerte del alcalde de Torrejón de Ardoz, quien resultó muerto.

AGUSTIN AROCA CASTILLO (1774 - 1808)

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Foto de la Catedral de Toledo

Refiere el acreditado historiador d. Juan Moreno Castro en su página de Internet “Blanco y Oro”, que << Agustín Aroca Castillo  nació en Sevilla, el 27 de agosto de 1774. Lidiaba en los primeros años del 1800. Era hijo de un notable Abogado de Jaén. Estudió varios años Derecho, estudios que abandonó por su vocación taurina. En 1804 toreó en Madrid como torero de alternativa. En 1805 al suspenderse las corridas de toros, estuvo empleado en Jaén. Era un matador seguro y decidido. Falleció en tierras de Toledo en 1808, fusilado de los franceses que lo hicieron prisionero. Fue un gran patriota. "

Por otra parte en la página de Internet “Historia del Torero” refieren en relación a la biografía de Agustín Aroca que <<No dejó de favorecer a ese diestro la escasez de grandes lidiadores en los años que él ejerció la profesión, sin que con esto queramos decir que careciera de muy recomendables aptitudes. Parece ser que era muy seguro al esgrimir la espada y que, por esto sin duda, disfrutó de buen cartel en varias plazas. Alternó por primera vez en Madrid con José Romero en el año 1803, y al ser prohibidas las corridas en 1805, obtuvo un empleo en la ciudad de Jaén, pues siendo hijo de un letrado muy notable, también él cursó varios años la misma carrera, estudios que abandonó por su firmísima vocación taurina. Las Fuentes informativas nos dicen que fue un gran patriota y que, prisionero de los franceses, fue fusilado por éstos en tierras de Toledo. "

El Blog Taurino "Los Mitos del Toro", del estudioso historiador, Plácido González Hermoso, consigna en una brillante editorial de nombre "La Pepa y los toros" (Curiosidades), que tras la derrota de los franceses en Bailén ( el 19-julio-1808), José I abandonó precipitadamente Madrid, el 30 de julio, para establecer su corte provisionalmente en Vitoria mientras urdía la reconquista. Para conmemorar la liberación de Madrid (creían) y la proclamación del "bienamado" Fernando VII, se licencian varias fiestas de toros. La alegría en Madrid seguía desbordando las calles y la Junta de Hospitales consiguió autorización para celebrar seis corridas de toros el 19 y 26 de septiembre y los días 2, 10, 17 y 24 de octubre de ese año. En las dos primeras actuaron Juan Núñez "Sentimientos" y Agustín Aroca, que al parecer fueron las dos últimas corridas que toreó, ya que a los pocos días Aroca fue hecho prisionero y fusilado por los franceses en tierras de Toledo.
Fuente:
http://www.losmitosdeltoro.com/?cat=3

Refiere el distinguido médico y escritor español Guillermo Boto Arnau, en una entrevista que le hicieron a raíz de la edición de su libro "Los Toros de la Libertad", que durante la época de la Independencia española, el torero y patriota Agustín Aroca Castillo fue fusilado. Dicen que había brindado un toro en contra de José Bonaparte. Yo no sé si los franceses llegaron a ser conscientes de aquel brindis. Lo que sospecho es que Aroca debió participar en algún grupo guerrillero, se significó militarmente, y por eso lo fusilaron. Aunque es posible también que conocieran lo del brindis, pero no hay datos históricos para asegurarlo. Juan Núñez ‘Sentimientos’ también había brindado en contra de los franceses pero la realidad es que siguió toreando y a él no le pasó nada.
Fuente:
http://cultoro.com/blog/2012/11/11/%C2%ABlos-franceses-se-congraciaron-con-el-pueblo-espanol-a-traves-de-la-tauromaquia%C2%BB/

Cita el historiador Jorge Andujar Escobar , en una editorial titulada "Los inicios de la tauromaquia en Linares II", publicado en la revista "El Rastrillo Taurino"/página 20, que: En Julio de 1808 y con motivo de la subida al trono de España del hermano de Napoleón, José Bonaparte, se permitieron de nuevo los festejos taurinos en todo el país; así José Bonaparte, aficionado a esta clase de festejos, ordena que en la plaza de la Puerta de Alcalá, se festejaran corridas de toros, aunque la derrota posterior de los ejércitos franceses en Bailen hizo que tuviera que huir de Madrid y sólo pudo celebrarse una de ellas. La siguiente no se celebraría hasta año y medio más tarde en el Puerto de Santa María frente al mismo José Bonaparte, tras la derrota de Somosierra y la recuperación de Madrid por parte de las tropas francesas. Con la reanudación de los festejos taurinos, Agustín Aroca alcanza su mayor prestigio y fama, sobre todo con el uso del estoque. Durante una de esas corridas, concretamente el 24 de Junio de 1810 en Madrid, Agustín Aroca a la hora de brindar el toro se atrevió a decir lo siguiente: “Zeñó corregior, brindo por uzía, por toa la gente e Madrí y porque no quee vivo ni un francés”. Este brindis le costó la prohibición para volver a lidiar en Madrid y en otras plazas; poco tiempo después, tras unas refriegas entre tropas francesas y patriotas, (a las que se había unido Agustín Aroca), fue hecho prisionero, condenado a muerte y fusilado en Huecas, Toledo. Así terminó su vida este gran torero y mejor patriota.
Fuente:
http://www.peñataurinalosareneros.es/revista/2012/Marzo%202012/PAG.%2020%20Y%2021%20LOS%20INICIOS%20DE%20LA%20TAUROMAQUIA%20EN%20LINARES%20(II).pdf

JOSÉ CASTRO VÁZQUEZ (1762 - 1808)

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Iglesia Parroquial de San Sebastián en Madrid

Cortesía del Sitio Web: http://es.wikipedia.org

Matador de toros, media espada, nacido en Madrid el 10 de octubre de 1762. Fue bautizado en la iglesia parroquial de San Sebastián, e ignoro los sucesos de sus primeros años, así como su iniciación en la lidia. En 1783 figura ya como chulo y banderillero en la plaza de Madrid, y hasta cuatro años despúes, o sea en 1787, en febrero, no actúa como matador de novillos. En 1788 trabaja como media espada en unión de José Jiménez, y hasta 1793 aparece con frecuencia en las corridas de Madrid, bien como banderillero, bien como media espada. En 1789, en las corridas reales por la jura de Carlos IV figura de los primeros entre los banderilleros que tomaron parte. A fines de 1793, y por haber prescindido de él la Junta de Hospitales, se dirige a ella pidiendo se le conceda el puesto de media espada para la temporada siguiente por creerse con más derecho a él que el diestro Lorenzo Badén, que había sido designado. En este mismo año había figurado en los carteles de Sevilla. No debió de lograr su deseo, pues Lorenzo Badén, recomendado de José Romero, fue contratado. A partir de esta fecha se pierde su rastro en el mundo taurino y reapareció con mayor gloría para su nombre en el heroico día 2 de mayo de 1808, en que su exaltación patriótica le llevó a contarse entre los fusilados por la bárbara represión de Murat. Sus restos deben de reposar en el pequeño cementerio de la Moncloa. (Fuente: http://.historiadeltorero.com)

SEBASTIÁN DE LA RUEDA JIMÉNEZ (XXXX - 1809)

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Foto antigua de Sevilla, España

Cortesía del Sitio Web: .viveensevilla.com

Como consecuencia de las lesiones que recibió actuando en Sevilla el 4 de junio de 1800 fallecería Sebastián de la Rueda Jiménez, de dinastía de piqueros jerezanos, nueve años más tarde, exactamente el 29 de noviembre de 1809. (Crónica de don Juan José de Bonifaz Ybarra) 

AGUSTÍN MARROQUÍN (XXXX - 1811)

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Fusilamiento de d. Miguel Hidalgo y Costilla en el patio interior del excolegio de Jesuitas en Chihuahua Chih. Méjico Cortesía del Sitio Web: OMNIA.COM.MX

Fungió como torero en el bajío guanajuatense mejicano en los años previos a la independencia de México y a quien conoció el libertador d. Miguel Hidalgo y Costilla en su faceta como aficionado y criador de toros de lidia. Agustín Marroquín fue liberado de la cárcel, donde se hallaba recluido por la comisión de diversos delitos,  por las tropas  de Hidalgo al llegar a Guadalajara, Jalisco, Méjico. Ahí d. Miguel Hidalgo le nombró como uno de sus capitanes de confianza y escolta personal. En esta misma ciudad, se autorizó (en represalia por las atrocidades españolas)  la degollación de unos 200 españoles que  se tenían presos, y los cuales fueron sacados fuera de la ciudad en diversas partidas de 20 á 30. Tales actos venían á rebajar  mucho el mérito del caudillo, pues pareciera que de esta manera se proponía imitar al sanguinario brigadier de caballería, d. Félix María Calleja del Rey,  o  propiciar el intercambio de prisioneros de guerra. El Torero Marroquín fue el instrumento de estos horrores, pues además dirigió los fusilamientos de españoles (hombres, mujeres, ancianos, niños) realizados todas las noches durante 15 días en esa ciudad. El capitán Agustín Marroquín, caudillo de la insurgencia, fue  aprehendido en Acatita de Baján (Municipio de Castaños, en el norteño Edo de Coahuila, Méjico), junto con el Cura Miguel Hidalgo y otros capitanes insurgentes que fueron masacrados poco tiempo después, siendo fusilado y degollado después de muerto, y su cabeza colgada en plaza pública como escarmiento, el 10 de mayo de 1811 en la ciudad de Chihuahua.

El historiador Luis Castillo Ledón, en su biografía de don Miguel Hidalgo y Costilla, registra que Agustín Marroquín arribó a la Nueva España en 1803, sirviendo en casa del virrey Iturrigaray, y que tras ser despedido se hizo tahúr y bandolero, que toreaba por el Bajío y que acusado de robo pasó cinco años en la cárcel de Guadalajara hasta que su antiguo conocido y proveedor de toros, el cura-ganadero de Jaripeo, don Migue Hidalgo, lo libera a finales de noviembre de 1810, permitiendo además que tomara venganza de sus aprehensores, por lo que el resentido diestro mató a estoque o degolló y apuntilló a docenas de españoles y criollos en la barranca de Oblatos. Ocho meses después, el torero Marroquín también sería fusilado en Chihuahua, junto con los jefes insurgentes Hidalgo, Allende, Aldama y Jiménez, cuyas cabezas estuvieron 11 largos años enjauladas en las cuatro esquinas de la Alhóndiga de Granaditas, en Guanajuato, pudriéndose a la intemperie para escarmiento de los que soñaban con una patria independiente y menos injusta.
Fuente:
Leonardo Páez/ Periódico La Jornada/Lunes 27 de septiembre de 2010, p. a46
http://www.jornada.unam.mx/2010/09/27/index.php?section=deportes&article=a46n1dep

Refiere el escritor e historiador mexicano Héctor Budar Martínez, en su obra "Final sin Gloria (Doscientos años de historia)" al detallar la biografía de Agustín Marroquín, que, teníamos conocimiento de que varios de nuestros héroes libertarios fueron arrojados jinetes que se daban a la práctica de montar y torear toros cerriles, por mera diversión. Así mismo sabíamos de la gran afición a las corridas de toros del llamado Padre de la Patria, Don Miguel Hidalgo y Costilla y que su pasión por la fiesta brava lo llevó a criar toros bravos en tres haciendas de su propiedad, enclavadas en el municipio de Irimbo, en el hoy estado de Michoacán, que fueron: Jaripeo, Santa Rosa y San Nicolás, pero no imaginábamos que en su ejército independentista, militaban dos toreros que vivían de ese oficio. Uno fue conocido como el "Torero Luna" por así apellidarse, teniendo como jefe inmediato al capitán Juan Aldama, quien le tenía especial aprecio por cumplir con disciplina y valentía las más riesgosas acciones. Este torero insurgente murió en combate por el rumbo de Acámbaro, en la actualidad perteneciente al estado de Guanajuato. El otro fue Agustín Marroquín, torero español que llegó a la Nueva España en 1803, como miembro de la servidumbre del Virrey Don José Iturrigaray y a quien está dedicado este relato. El diestro peninsular a unos cuantos días de haber llegado a suelo Azteca, toreó en la plaza del "Volador" en las fiestas de posesión del Virrey a quien servía.
En el transcurso del festejo, su carácter altanero lo involucró en agra disputa por la compraventa de las carnes de los toros muertos en la corrida, que eran de su propiedad como pago por su actuación, según la costumbre establecida. Resulta que Don Gabriel Yermo, uno de los comerciantes más ricos de todo el reino, con su bien ganada fama de avaro y usurero, se había adjudicado la exclusividad de comprar la carne, por las que pagaba la mitad de su precio habitual, a lo que Agustín Marroquín no estuvo de acuerdo protestando el abuso ante el Virrey, autorizándole este la libertad de vender el producto que le correspondía a quien quisiera. Esta licencia no fue del agrado del abusivo comerciante quien era temido influyente en las altas esferas de la corte, convirtiéndolo así en el más acérrimo enemigo del Virrey y durante más de cinco años estuvo conspirando en su contra, tomando cumplida venganza, cuando en vista de la invasión napoleónica en el reino español, Iturrigaray propuso independizar la Nueva España, escuchando las sugerencias de los licenciados Primo de Verdad y Azcárate. Don Gabriel enterado de este propósito, armó a todos los españoles que se sentían traicionados y aprendió al Virrey la noche del 15 de septiembre de 1808, lo depuso, lo encarceló y lo envió preso a España, corriendo igual suerte las autoridades que compartían con él su proyecto. Así una discrepancia comercial de Agustín Marroquín, de insignificante valor, le costó el desprestigio y el virreinato a su amo. Quisimos contar con esta anécdota para ir construyendo la personalidad de este torero, que meses después del incidente de su primera corrida, abandonó el servicio al que vino encomendado y se dio a torerar por el Bajío con el apoyo del cura Hidalgo que le vendía a crédito el ganado en los festejos que él mismo organizaba, cumpliendo con Marroquín se fue haciendo de renombre por esta región, como un torero valiente, dominador y eficaz con la espada, lo que ayudó a que el trato comercial, Torero-Empresario y el Cura-Ganadero, se fuera convirtiendo en sólida amistad, en la que compartían cierta afinidad ideológica. Sin embargo este hispano aventurero, no fue lo que hoy se conoce como un verdadero profesional de los ruedos y su círculo de amigos más íntimos no era precisamente la gente decente, sino la sórdida compañía de bandoleros, tahúres y malvivientes. Esto último puso al descubierto la verdadera personalidad de este sombrío sujeto que en su indigna faceta, cometía hurtos y toda clase de delitos amparado en la impunidad. En esta carrera criminal cometió un importante robo en la Capital de la Nueva España, hecho que fue muy difundido, por lo que nuestro personaje en compañía de sus compinches se dieron a la huida por los rumbos que este conocía. Así después de varias semanas de andar a "Salto de mata" llegaron a la población de Lagos de Moreno preguntando por Don Antonio San Román, informados que dicho señor vivía en la hacienda de La Cofradía, propiedad de un hermano suyo a poca distancia de Lagos. Al dar con él, Marroquín le pidió que los hospedara en la hacienda, cosa que no fue posible por la negativa de su hermano, pero si fue convencido para que los acompañara a ciudad de Guadalajara, ya que Don Antonio conocía la ruta de la hoy capital de Jalisco, a donde llegaron después de tres jornadas a caballo, alojándolos en la casa de sus amigos los esposos Marentes, Don Francisco y Doña María, quienes recibieron a Don Antonio y sus acompañantes de muy buena voluntad, cortesía que pocos días después pagaran con la prisión, ya que cierta noche los facinerosos fueron descubiertos y aprendidos por orden del alcalde de la ciudad, Don Tomás Ignacio Villaseñor y conducidos al presidio incluyendo a Don Francisco y a Doña María, que fue internada en el claustro de las recogidas, una especie de cárcel para mujeres y convento. Los hombres fueron encarcelados sin darles a conocer la pena que tenían que cumplir en el encierro, teniendo que soportar el delincuente torero 200 azotes a su llegada y él y sus amigos las tareas más infames del presidio. Pasaron cinco años en los que el resentimiento se acrecentó, antes que su amigo el cura Hidalgo diera el grito de independencia en Dolores en el mes de septiembre de 1810 y cuando Don Miguel Hidalgo entró triunfante a Guadalajara en el mes de noviembre del mismo año, se enteró de la situación de Agustín Marroquín, ordenándole a Don José Antonio Torres, ponerlo en libertad y en junta de oficiales, lo declaró solemnemente libre de toda culpa y lo nombró capitán de su ejército insurgente exigiéndole juramento de fidelidad. Su primera encomienda fue llevar a cabo la matanza de españoles aprehendidos en la hoy Perla Tapatía y lo hizo con tal crueldad, que ha pasado a formar parte de la historia como una negra mancha en la lucha independentista. Más de 800 españoles fueron degollados personalmente por este sanguinario torero que fue acumulando odio en una sola noche para cobrar su deuda con las autoridades que lo apresaron y sus familias. Son varios los escritores que se han ocupado de la triste celebridad de Agustín Marroquín, entre ellos, el licenciado Juan A. Mateos, Hernández y Dávalos, Lucas Alamán, y aunque el escritor francés F. G. Ferry narra esta historia novelizada, no exagera con la crudeza como lo relata, pues se dio a la tarea de investigar.
Quienes se han ocupado del tema coinciden en que después de la batalla del puente de Calderón fue ascendido a Coronel y con ese grado militar fue aprehendido con el cura Hidalgo y sus correligionarios en las Norias de Baján. En el juicio que se le siguió en la ciudad de Chihuahua, fueron condenados a muerte los insurgentes y el 10 de mayo de 1811 fue fusilado por la espalda Agustín Marroquín como afrenta por lo hecho contra sus connacionales. En este ajusticiamiento también fue ejecutado el mariscal Don Ignacio Camargo. Así en un triste final sin gloria terminó la carrera de este sombrío torero que no supo dignificar la profesión.

JUAN LUIS DE AMISAS RODRÍGUEZ (1776 - 1811)

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“Muerte del picador” (1793)
D.Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828

Picador que fue cogido por un toro el 28 de julio de 1811 y que falleció a resultas de ello el 13 de diciembre del mismo año. (Fuente: Accidentes Oculares en la Tauromaquia de 1801 a 1941,  de los Doctores Puertas y Celis –Aparece como Juan Luis de Misas Rodríguez).

El docto cronista Juan José Zaldivar Ortega, en su libro "Víctimas del Toreo"-Apartado de Picadores, páginas 56 y 57, Cuando se habla o escribe de un picador llamado Juan, víctima del toreo en el año 1811, sin duda se refieren a Juan Luis de Amisas Rodríguez, muerto en la Plaza de Toros de Madrid el 13 de diciembre de dicho año, a causa de la caída que sufrió el 28 de julio anterior. Después de él no hay otro picador llamado Juan que fuese víctima de los toros, hasta Juan Mateos Castaño, en 1844. Nacido Juan Luis de Amisas Rodríguez en Sevilla el (07-02-1776), falleció en 1811, a los 35 años de edad. Fue hijo del famoso picador Juan de Amisas, que no será el que aparece en el cartel de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla del año 1800, sino su hijo (*)- y Luis Corchado alternaron en tanda en la corrida del (28-07- 1811), séptima de la temporada madrileña, sufrió Amisas una caída, producida por el toro, de nombre Escardillo, de la ganadería de don Bernabé Águila, cuyas consecuencias comunicaba el corregidor al ministro del Interior con estas palabras: «El picador Juan Amisas ha recibido fuerte golpe en la cabeza y está de mucho cuidado.» A consecuencia de ese accidente murió el (13-12-1811). Ya en 1810 tomó parte Amisas en las corridas organizadas por José Bonaparte, sufriendo en una de ellas una herida con fuerte conmoción cerebral, de la decena que sufrió. En unión de Corchado picó a las órdenes de Aroca y Juan Núñez (Sentimientos). En 1811 toreó en la cuadrilla de Francisco Herrera Rodríguez (Curro Guillén). Hasta pasada la mitad del siglo XVIII, se había tenido como primer cartel taurino el indicado por el marqués de Tablantes, en su volumen Anales de la plaza de toros de Sevilla, ya citado, anunciando dos corridas en el bello coso de la Real Maestranza de Caballería de la citada ciudad para los días (04 y 06-05-1761), en cuyos festejos alternaron los diestros picadores Juan de Amisas (padre), Lorenzo Ramos y Sebastián Vicente, que actuaron en las cuadrillas de los espadas Juan y Miguel Palomo. Dicho cartel fue editado en la «imprenta bajo la imagen de Nuestra Señora del Pópulo, en la calle Génova.» Se dieron muerte en ambos festejos a 42 toros de las vacadas de don Pedro de Céspedes, don Benito de Ulloa, marqués de Rianzuela, don Andrés de Ibarburu, don Baltasar de la Torre, marqués de Gelos, marqués de Valle-Hermoso y de la Trinidad, de Carmona. Sin embargo, no es el más antiguo cartel de toros que se conoce hasta hoy, ya que en un admirable libro, editado por la Diputación Provincial de Madrid, redactado por el presbítero don Baltasar Cuartero Huertae intitulado Relaciones históricas de la primera Plaza de Toros circular construida en Madrid, se anota la licencia real otorgada a la Archicofradía de la Sacramental de San Isidro por Felipe V, en 1737, para celebrar tres corridas de toros en un coso de madera que al efecto levantaron en el paraje denominado Casa Puerta, contiguo al Soto Luzón -hoy Glorieta de Pardo Bazán-, como aparecía en los carteles. Y con buen resultado económico se facilitare la reparación del puente que conducía a la ermita del patrono San Isidro en la otra orilla del Manzanares. (*) En un manuscrito del Archivo municipal de Madrid aparece su nombre admitido para actuar en novilladas. Según Sánchez de Neira, el período de suspensión de las corridas lo dedicó a desbravar caballos.

Por su parte el erudito taurino, don Juan José de Bonifaz Ybarra refiere que << También pertenecía a una ilustre dinastía torera Juan Luis de Amisas Rodríguez, que figuró en destacadas cuadrillas de espadas. Picando en Madrid el 22 de julio de 1811, fue violentamente descabalgado por un toro del hierro de Bernabé de Águila y, a resultas de las heridas que se produjo, dejaría de existir en un hospital de la Villa y Corte el siguiente 13 de diciembre. "

En el libro "Dramas de el Toreo" (Relación de las cogidas de muerte que han tenido lugar desde el principio de estas fiestas hasta nuestros días, coleccionadas y redactadas por "El Niño de Dios", Tomás Orts, 1888), páginas 9-10, consignan: AMISAS JUAN.- Picador de la cuadrilla de "Sentimientos", murió desnucado en la plaza de Madrid el año 1811.
Fuente:
http://bibliotecadigital.jcyl.es/i18n/consulta/resultados_ocr.cmd?id=2170&tipo=elem&posicion=18&tipoResultados=BIB&forma=ficha

IGNACIO JOSÉ DE ALLENDE Y UNZAGA (1769 - 1811)

El general (y torero aficionado) Ignacio María Allende y Unzaga, héroe de nuestra independencia, nació el 21 de enero de 1769, en San Miguel el Grande (Hoy San Miguel de Allende), Guanajuato, México. Muy joven abrazó la carrera de las armas, destacando en la campaña de Texas en 1801 contra el aventurero norteamericano Nolland, donde obtuvo sus primeros ascensos. A partir de 1806 simpatizó con el movimiento independentista, uniéndose a los partidarios de Valladolid. De acuerdo con Miguel Hidalgo y Costilla, fijó la fecha de inicio de la guerra insurgente para el 1/o. de octubre de 1810. Al ser descubierto el movimiento, se trasladó a Dolores y ya iniciada la lucha, Allende fue nombrado teniente general el 22 de septiembre, dedicándose a organizar su heterogéneo ejército, que pasaba ya de 40,000 hombres. Destacó desde entonces como su notable líder, procurando en todo momento evitar excesos por parte de su tropa, exacerbada por la resistencia de los españoles. Gracias a su talento militar, obtuvo una resonante victoria en Monte de las Cruces, donde derroto al realista Torcuato Trujillo. Hubo de retroceder hacia Guanajuato por iniciativa de Hidalgo, quien no quiso atacar la ciudad de México, siendo derrotado por el General Félix María Calleja en la población de Aculco. En la batalla de Puente de Calderón, a las afueras de Guadalajara, actual estado de Jalisco, una vez más dio muestras de su capacidad, al rechazar en tres ocasiones a los realistas, pero por un desafortunado inicidente la victoria se inclinó a favor del ejército virreinal mandado por Calleja. Al dimitir Hidalgo fue investido con el mando de tropas insurgentes, que marcharon entonces hacia Saltillo, siendo traicionados por Ignacio Elizondo en Acatilta de Baján, donde murió su hijo en la refriega. Se le condujo a Chihuahua, donde el día 6 de mayo se formó proceso en su contra, siendo sentenciado a muerte y pasado por las armas en unión de Hidalgo, Aldama, Jiménez y Santamaría, el 26 de junio de 1811. Ahí los cuatro caudillos fueron decapitados y sus cabezas hervidas en aceite y colocadas en jaulas que estuvieron pendidas en las cuatro esquinas de la Alhóndiga de Granaditas de la ciudad de Guanajuato, Gto., hasta el 28 de marzo de 1821, fecha en que fueron retiradas por órdenes de don Anastasio Bustamante,  quien les mandó dar sepultura en el panteón de San Sebastián. El resto de su cuerpo en un principio fue enterrado en la Iglesia de San Francisco en Chihuahua; actualmente los restos completos de este glorioso caudillo insurgente reposan merecidamente en la cripta de la hermosa “Columna de la Independencia”, en Ciudad de México, Distrito Federal.

Fuente: Con información de la Secretaría de la Defensa Nacional de México

/ http://www.sedena.gob.mx/index.php?id_art=77)

 

Benito Adal Arteaga, historiógrafo sanmiguelense, en su testimonio menciona que << un día en que “El Milite” toreó en suerte, matando a un toro que era de bandera y bravura que al vérsele embestir a los de a caballo,así como a los de capote,las banderillas,al cual Allende tardó en matar,no se  esperaron los gritos de: “¡Este bien que te conoce!” “¡Esta noche cenan juntos!”, “¡Le han asustado las patillas, teniente!” “¡No le matas ni con un cañón!” “¡Arriba el torito vivales!”, lo cual molestó a Allende, ya que también hubo apuesta entre el público sobre el fin que tendría el toro, logrando matar de un estoconazo, con lo cual el público le dio una gran ovación jamás escuchada en la Nueva España. >> (Fuente: Crónica de Don Rafael Flores Ramos) 

Refiere el historiógrafo taurino, don Luis Ruiz Quiroz, en las efemérides que le publica la página de Internet "Campo Bravo- México" de la ANCTL (Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia) que un 9 de octubre de 1800, se celebra espectáculo taurino en San Luis Potosí en que hace el despeje a caballo Ignacio Allende y asisten al palco de honor don Miguel Hidalgo y Costilla y Félix María Calleja.

MIGUEL HIDALGO Y COSTILLA (1753 - 1811)

El Padre de la Patria de México, don Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla, nació el 8 de mayo de 1753 en el rancho de San Vicente, lugar perteneciente a  la hacienda de San Diego Corralejo, Jurisdicción de Pénjamo, de la Intendencia de Guanajuato permaneciendo ahí hasta los 12 años. Fue hijo de Cristóbal Hidalgo y Costilla y Ana María Gallaga Mandarte y Villaseñor. Estudió en el Colegio de San Nicolás Obispo, en Valladolid (hoy Morelia), donde recibió el grado de Bachiller en letras. En el mismo año se graduó como bachiller en artes en la Real y Pontificia Universidad de México; en 1773 obtuvo el bachillerato en teología, en la misma casa de estudios. Fue ordenado sacerdote en 1778. Impartió cátedra en el Colegio de San Nicolás, donde fue tesorero, vicerrector, secretario y rector, colabora como cura de las ciudades de Colima y San Felipe "Torresmochas". Hablaba francés, italiano, tarasco, otomí y náhuatl. En 1788 estaba encargado de la sacristía de Santa Clara del Cobre. En 1800 dejó el curato de San Felipe para atender su hacienda en Jaripeo, dedicada a la crianza de toros de lidia. Cuando falleció su hermano José Joaquín, quien fungía como cura de Dolores, pasó a ocupar su lugar en octubre de 1802, donde alfabetizó artesanos y campesinos. Hidalgo conoció al Capitán Ignacio Allende en San Miguel el Grande en diciembre de 1808. Por ese tiempo frecuentaba también al Teniente Mariano Abasolo, al corregidor de Querétaro, Miguel Domínguez y a la esposa de éste, Josefa Ortiz. Todos ellos formaron parte de una conspiración que, iniciada en 1809, se extendió a diversas ciudades del Bajío, a San Luis Potosí y aún a la ciudad de México, donde se formaron núcleos independentistas. Los preparativos fueron denunciados y la noche del 15 de septiembre, junto con su hermano Mariano, Aldama, Allende, José Santos Villa, los serenos Vicente Lobo, José Cecilio Arteaga y ocho hombres más, Hidalgo liberó y armó a los presos locales para después aprehender a los españoles. En la madrugada del 16 de septiembre convocó a luchar por la independencia a los fieles que se habían congregado en la parroquia. Reunió un grupo de 300 hombres y salió a Dolores. Al pasar por Atotonilco tomó una imagen de la Virgen de Guadalupe que convirtió en estandarte de sus fuerzas. El mismo día 16 llegó a San Miguel el Grande, donde se les unió el Regimiento de la Reina. Siguió por Chamacuero y llegó a Celaya el 21 de ese mes. En ese lugar, el 22 Hidalgo fue nombrado Capitán General mientras que a Allende se le designó Teniente General. Para esa fecha el Ejército Insurgente contaba con 50,000 hombres que el 28 de octubre ocuparon Guanajuato y vencieron la última resistencia de los realistas al tomar la Alhóndiga de Granaditas. Hidalgo estableció allí una casa de moneda y una fundición de cañones. El 24 de septiembre fue excomulgado por el obispo michoacano Manuel Abad Queipo. El 17 de octubre, en la ciudad de Valladolid, hizo publicar el decreto de abolición de la esclavitud. En Charo se le unió Morelos, a quien encargo organizar la insurrección en el sur del país. El 22 de octubre, en Zinapécuaro, fue nombrado Generalísimo y al día siguiente nombró secretario particular a Ignacio López Rayón. Llegó a Toluca el 28 y dos días después, en su avance hacia la capital del país, derrotó a los realistas en el Monte de las Cruces. Se detuvo en Cuajimalpa y se negó a atacar la ciudad de México, pese a la opinión de quienes tenían experiencia militar. Emprendió la retirada y el 7 de noviembre su ejército fue derrotado en Aculco por las fuerzas coloniales al mando del Brigadier español Félix María Calleja.  En Guadalajara, Hidalgo formó el primer gobierno independiente con López Rayón como Ministro de Estado. Nombró representante en Estados Unidos a Pascasio Ortiz de Letona y ordenó la publicación de “El Despertador Americano”. En la hacienda de Pabellón fue alcanzado por Allende y algunos jefes que, por su responsabilidad en la derrota ante los realistas, lo despojaron del mando militar. Todo se mantuvo en secreto hasta mediados de marzo cuando, en Saltillo, Hidalgo renunció públicamente a la jefatura del Ejército Insurgente. El 21 de enero de 1811, fueron capturados en Acatita de Baján, Coahuila, tras una traición de Ignacio Elizondo, un antiguo realista  y en ese entonces militante en las fuerzas revolucionarias, pero que no era más que un espía del gobierno virreinal. Allende, Aldama y Jiménez fueron encontrados culpables por el delito de alta traición, y se les condenó a muerte en mayo del mismo año. Abasolo aportó datos adicionales sobre la insurgencia que permitieron llevar a cabo redadas donde se obtuvo material para contrarrestar el movimiento. Su colaboración, sumada a los esfuerzos de su mujer, logró conmutar su condena a la de prisión perpetua en Cádiz, España, donde murió en 1816. Mientras, en Chihuahua, Allende, Aldama y Jiménez fueron pasados por las armas por la espalda en la plazuela de la ciudad el 26 de junio, más tarde sus cuerpos fueron decapitados y sus cabezas enjauladas. Hidalgo fue enterado de esta noticia la misma noche de la ejecución. Pocos días más tarde, el obispo de Durango procedió a degradar al ex párroco de Dolores de su condición sacerdotal, para quedar disponible para su ejecución. El día de su fusilamiento pidió que no le vendaran los ojos ni le dispararan por la espalda (como era la usanza al fusilar a los traidores). Pidió que le dispararan a su mano derecha, que puso sobre el corazón. Hubo necesidad de dos descargas de fusilería y el tiro de gracia para acabar con su vida, tras lo cual un comandante tarahumara, de apellido Salcedo, le cortó la cabeza de un solo tajo con un machete, para recibir una bonificación de veinte pesos. Miguel Hidalgo murió el 30 de julio de 1811 fusilado por las fuerzas realistas.

Miguel Hidalgo y Costilla fue fusilado al amanecer, sentado en un banco, con la mano en el corazón, los ojos vendados y un crucifijo en el patio del antiguo Colegio de los Jesuitas en Chihuahua, entonces habilitado como cuartel y cárcel y que en la actualidad es el Palacio de Gobierno de Chihuahua. A pesar de haber recibido dos descargas del pelotón, no murió; por lo que el teniente al mando ordenó a dos de los soldados disparar a quemarropa sobre el corazón del padre Hidalgo, acabando así con su existencia. Su cadáver fue posteriormente decapitado y su cuerpo enterrado en la capilla de San Antonio del templo de San Francisco de Asís en la misma ciudad de Chihuahua; su cabeza fue enviada a Guanajuato y colocada en la Alhóndiga de Granaditas, junto a las de Allende, Aldama y Jiménez. En 1821 fue exhumado su cuerpo de Chihuahua y junto con su cabeza se le enterró en el Altar de los Reyes, de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México. Finalmente, desde 1925 reposa en el Ángel de la Independencia, en la capital. En 1868 fue erigido en su honor el Estado de Hidalgo.

Para mayor abundamiento de su andadura en el mundo de la tauromaquia, hay que señalar que don Miguel Hidalgo y Costilla, fue aficionado a los toros, amigo de toreros, y tuvo las haciendas ganaderas de Jaripeo, Santa Rosa y la reconocida San Nicolás de Peralta, estando las tres ubicadas en la región de Irimbo, criando toros de lidia en esta última hacienda, desde donde antes del conflicto bélico insurgente, se vendieron reses para diversos festejos.

 

http://www.sedena.gob.mx/index.php?id_art=132

http://es.wikipedia.org/wiki/Miguel_Hidalgo_y_Costilla

http://www.contoromex.com/bienvenidos.html

 

MANUEL BADEN (1785 - 1814)

Solo para efectos ilustrativos

Obra del eminente pintor de Málaga, Andrés Parladé y Heredia (1859-1933)

Banderillero y matador de toros, hermano de Antonio Baden, nacido hacia el año 1785, falleció en la temporada de 1814, en la Plaza de Toros de Madrid, a consecuencia de una gravísima cornada, cuando contaba 29 años de edad. Trabajó desde los años 1808, hasta 1814, alternando entre otros con el célebre Juan Núñez (Sentimientos), en varias plazas de la Península Ibérica. Muchas veces esperó a los toros a la puerta de salida de los toriles, tiraba el capote, hacía un quiebro recorte a cuerpo limpio y tras pasar burlado el animal le agarraba del rabo, le coleaba y tumbaba para sentarse sobre él unos momentos. Según parece que hacía semejante arte para agradar al público cuando no hacía bien su trabajo, lo que dejaba al descubierto que era soberbio y pundonoroso, a la vez que disfrutaría de una fuerza física notable y buen  conocimiento del ganado. Su nombre aparece por última vez en carteles de Madrid del año 1814. En la segunda corrida en que actuó esa temporada en la Corte, fue cogido gravísimamente, y murió a consecuencia de las heridas. (Crónica de Juan José Zaldívar Ortega)

JOSÉ MARÍA TECLO MORELOS PÉREZ Y PAVÓN (1765 - 1815)

Retrato de Morelos como Capitán General,  en 1812

“El Siervo de la Nación”

 

José María Teclo Morelos Pérez y Pavón (Valladolid, Michoacán, 30 de septiembre de 1765 - Ecatepec, Estado de México, 22 de diciembre de 1815) fue sacerdote y militar insurgente mexicano, que organizó y fue el artífice de la segunda etapa (1811-1815) de la Guerra de Independencia de México. Nació en Valladolid, y estudió durante los primeros años de su vida con su abuelo materno. En 1789, entró al seminario de Valladolid, donde se graduó en 1795. En 1799, fue nombrado cura de Carácuaro, donde permaneció hasta 1810. Fue comisionado por Miguel Hidalgo, el 20 de octubre de 1810 en Charo (Michoacán), como jefe insurgente en el sur de México, encargado de tomar ciudades importantes, siendo su principal encomienda fue tomar el puerto de Acapulco, considerado estratégico para la comunicación de la Nueva España. Desde 1811, y hasta el inicio de su declive militar en 1814, Morelos, ayudado de muchos lugartenientes, logró conquistar la mayor parte del sur del país y parte del centro, en la región del actual estado de Morelos, donde se desarrolló, entre el 9 de febrero y el 2 de mayo de 1812, su acción militar más famosa, el Sitio de Cuautla, en la ciudad homónima, que lo convirtió en el principal enemigo del ejército realista. También organizó el Congreso de Anáhuac, el primer cuerpo legislativo de la historia mexicana, cuyas sesiones tuvieron lugar en Chilpancingo (actual Estado de Guerrero) durante septiembre y noviembre de 1813. Allí Morelos presentó sus “Sentimientos de la Nación”. El Congreso aprobó el 22 de octubre de 1814, en Apatzingán, la primera Constitución de México, aunque Morelos después declaró que "es mala por impracticable". Tras varias derrotas, fue capturado el 5 de noviembre de 1815 en Temalaca, por el coronel Manuel de la Concha, fue juzgado por la Inquisición, y finalmente fusilado, el 22 de diciembre de 1815.

Fuente:

http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Mar%C3%ADa_Morelos

 

Don Eugenio Guerrero Guemes, el acreditado historiador, refiere que << Don Miguel Hidalgo y Costilla (Padre de la patria mexicana) fue ganadero de reses bravas y además torero, al igual que los insurgentes José María Morelos e Ignacio Allende, quienes sin apacentar ganado, echaban la pierna enfundada en botas federicas, frente al toro. >>

Fuente:

http://depitonapiton.blogspot.com/2010/02/pancho-villa-y-otros-heroes-toreros.html

 

TOMÁS VÍLCHEZ (XXXX - 1815)

Solo para efectos ilustrativos
Obra del ilustre fotógrafo sevillano
Rafael Sanz Lobato
Premio nacional de fotografía de España en 2011

Relata don Danilo Sánchez Lihón, en su obra "Arrastrando Gloria y Cadenas":
 
1. Tendidos de sol y sombra 
 
– ¡Fuera! ¡Fuera!
 
– ¡Que se vayan!
 
– ¡Que salgan los cobardes!
 
– ¡Queremos buenos toreros! –clama la gente, cada vez más airada. El griterío es ensordecedor en los tendidos de sol y sombra.
 
Mientras tanto, entre silbidos y chifladas, se sofoca el picador de a caballo que retrocede ante la embestida del inmenso y bravo toro negro.
 
Ya ha revolcado a dos toreros que intentaron capearlo.
 
Uno de ellos, al parecer, con graves heridas que ha hecho salir a toda velocidad a la ambulancia, llevándolo al hospital más cercano. 
 
2. Un grito estremecedor 
 
El Juez de la Plaza, aparentando hacer un saludo protocolar, ha dado la vuelta y subido hasta el palco del Virrey Fernando de Abascal y Sousa, quien asiste a la corrida de gala del 25 de julio dedicada al Apóstol Santiago, junto a su comitiva.
 
Le consulta qué medidas tomar y cómo culminar estos acontecimientos escandalosos, considerando que hay inusitada inquietud, la misma que se extiende por todo el virreinato.
 
Corre el año 1815 y nunca antes en la monumental Plaza de Acho, desde su fundación ocurrida en 1766, ha sucedido un hecho semejante de gritos destemplados y palabras disonantes ante la autoridad virreinal.
 
Es en el instante en que el Juez ha llegado al palco cuando se escucha un grito estremecedor y de horror de toda la concurrencia:
 
– ¡Oh!
 
El toro, zafando los cuernos de los pellones y la coraza de malla y arena que protege al caballo del picador, ha introducido sus astas por los ijares del equino y le ha vaciado los intestinos haciendo que caballo y picador caigan a tierra ante el espanto y el alarido de la gente:
– ¡Ay! 
 
3. Ofrezca la mayor recompensa 
 
Atraído el toro hasta el otro extremo del ruedo se ha decidido ultimar al potro de un disparo, sin poder recogerlo de la arena, de donde varias veces vuelve a levantarlo con sus cuernos el embravecido animal. 
 
– ¡Y ahora qué hacemos, su Señoría! –le habla tembloroso, pálido y anonadado el Juez de la Plaza, dirigiéndose al Virrey. 
 
– Ofrezca la mayor recompensa al torero que se arriesgue a torear a esa bestia –ordena sofocado el gobernante. 
 
– Ningún torero se anima a salir al ruedo, –llega diciendo en ese momento el Marqués de Esquilache, agitado y con la melena descompuesta. 
 
4. Ni por todo el oro del mundo 
 
– ¡La única solución es regresar al toril a ese demonio! 
 
– ¡Sería una deshonra para la Plaza de Acho, para el Municipio de Lima y también para el gobierno que representamos todos nosotros! –dice el Virrey, preocupado. 
 
– Hecho que sería tomado como una premonición en contra de la corona española. 
 
– Acontecimiento, además... –paladea sus palabras el taciturno general La Serna, quien hasta el momento no había pronunciado palabra alguna– asunto que aprovechará la gente que anda socavando el orden público y el prestigio de la Corona.
– He ofrecido todo el oro posible y ningún torero se anima a salir –reitera otra vez el Marqués que ha vuelto visiblemente desmoralizado. 
 
5. Potestad para redimir las penas
– Su Merced –interviene don Pablo Porturas Landázuri, recién venido de la ciudad de Trujillo, nombrado para ocupar el cargo de Ministro Tesorero de las Cajas Reales Matrices de Lima– conozco a un torero de mi tierra, de la hacienda de Angasmarca, cercana a Santiago de Chuco, quien está preso en la Penitenciaría que se ubica a dos cuadras de este lugar. 
 
– Y Usted cree que ¿estaría bien para este coso?
– Es un torero de raza, a quien he visto torear bestias que nadie se atrevía a enfrentar. Quizás esté dispuesto a hacerlo en este caso si se le ofrece permutar la condena que sufre por su libertad.
– Además, por las Fiestas dedicadas al Apóstol Santiago a Vuestra Merced le asiste la potestad para redimir las penas –interviene solícito el Presidente de la Real Audiencia quien ha escuchado atentamente la propuesta. 
 
6. Cuadrilla de gendarmes
– ¡Entonces que vayan por él de inmediato! –dispone Abascal–. Hagan uso de mi calesa y corran, corran por orden mía y traigan a ese... ¿a quién?... 
 
– A Tomás Vílchez, torero natural de Santiago de Chuco, mi pueblo. 
 
– Y, por qué… ¿por qué motivos está preso? –indaga el Virrey a su flamante Ministro Tesorero.
– Por doble homicidio. Y homicidio calificado –informa, sin pestañeos, don Pablo Porturas. 
 
– ¡Que al traerlo lo acompañe una cuadrilla de gendarmes! –alcanza a disponer el Virrey, mirando hacia un punto indefinido–. ¡No vaya a ser que el muy ladino se nos escape en el camino! –añade, Trejo en lides de gobierno, y como pensando consigo mismo. 
 
7. Tarde de sol muriente
El Juez de la Plaza instruye para que durante el tiempo que toman las gestiones la Banda de Músicos interprete pasos dobles y mazurcas. 
 
Mientras tanto, el toro da vueltas buscando por donde saltar la barrera y el público agita todo ropaje a fin de espantarlo. 
 
Cuando ya la gente llega al colmo de la impaciencia, desde la arena del callejón delante de los tendidos el Emisario y un pelotón de soldados armados presentan al Virrey a un hombre demacrado y cejijunto a quien todavía enceguece la luz del sol, radiante en aquella tarde de sol mugiente en la tres veces coronada Ciudad de los Reyes.
El hombre aún trata vanamente de mantenerse erguido y sin doblarse. 
 
Acercándose un poco al borde del balaustre de su palco, el Virrey –visiblemente incrédulo– pregunta:
 
8. Un capote y una espada 
– ¿Tú eres Tomás Vílchez, torero de Santiago de Chuco? 
 
– Sí, lo soy, señor –es toda la respuesta. 
 
– ¿Crees que puedes torear a aquel toro? –dice señalando al animal que la gente espanta por todo el ruedo.
Sin dignarse mirar siquiera adonde el Virrey apunta con su mano,
contesta:
– Sí, señor.
El Virrey aún alcanza a decirle: 
 
– ¡Es justo advertirte que nadie ha podido hasta ahora torearlo! Y también, ¡ha herido a dos hombres y matado al caballo del picador!
– ¡Sólo necesito un capote y una espada! 
 
9. Bizco y cornipaso 
– Conmutaré tu pena dándote la libertad de inmediato si haces una buena faena, –sentencia, tomando asiento con solemnidad, el Virrey. 
 
– No torearé por mi libertad, puesto que mi castigo es justo.
– ¡Hazlo por alguien! –le advierte el Virrey.
– Entonces lo haré por mis hijos que son huérfanos. Y por su Merced, que así me lo permite.
De ese modo contestó Tomás Vílchez con dignidad y con voz que se deja escuchar nítidamente, ofreciendo así la faena de la tarde a sus hijos y al Virrey del Perú. 
 
– El toro es "bizco" y "cornipaso" –se compadece en decirle el asistente del Juez de la Plaza–. ¡Tampoco se ha dejado picar el morrillo!
– He visto que todo es así. Pero, gracias por advertírmelo, Señor. 
 
10. Son las cinco de la tarde
Le alcanzan capote y espada mientras el Virrey ordena: 
 
– ¡Córtenle los grilletes! 
 
– No es necesario, su Señoría. ¡Perderíamos tiempo! Soy presidiario y es natural que yo toree arrastrando mis cadenas.
Avanza dando saltos e ingresa al ruedo por el burladero más cercano. El público sigue aún más enfurecido.
Los demás toreros, vestidos de luces, ven asombrados que entra al ruedo un esperpento con los pies tintineantes.
Porta un capote y una espada todavía envueltos.
Y compadecen a ese guiñapo humano que en pocos minutos será, según el parecer de todos, un triste y miserable despojo. Un cadáver que ha de ser botado a la fosa común.
Son las cinco de la tarde del 25 de julio del año de 1815 cuando todo esto sucede. 
 
11. Con la misma espada de torear 
Es el instante preciso en que, en el pueblo andino de Santiago de Chuco, en la procesión del Patrón del pueblo, el Apóstol Santiago, pasa en procesión por su plaza, rodeado de comparsas de "Kiyayas", rezago doliente de las que fueron pallas del Inca Atahualpa, que cantan entre el humo del incienso, de los trompos de alcanfores y del palo santo, y entre los sones de las otras mojigangas, esta copla: 
 
"Pobre Tomás Vílchez,
el valiente toreador,
que al anochecer
mató a su mujer
y mató a su rival.
¡Pobres sus hijitos
huerfanitos hoy!
¡y pobrecito de él!
Ya su viejecita
está por fenecer".
 
Cantan haciendo alusión al hecho trágico que protagonizó Tomás, dando muerte a su linda pero infiel mujer y a su amante. Lo hizo con la misma espada de torear, luego de que regresara triunfante de cortar orejas y rabo, en la Feria de la Virgen de Altagracia en el cercano pueblo de Huamachuco. 
 
12. La punta del cuerno 
Con la dificultad que la cortedad de las cadenas le impone a sus pies, Tomás Vílchez avanza en la Plaza de Acho hasta el tercio del ruedo. 
 
Pronto lo ve el toro y arremete desde lejos embistiendo a aquel punto insignificante y borroso.
Todos lanzan un grito de horror y de compasión hasta el momento de verlo desplegar la capota y deslizarse el animal como una tromba sin saber nadie por donde ha atravesado, salvo por el centro de aquel fantasma.
Una raspadura horizontal a todo lo largo de su pecho es la prueba que el toro tenía la punta del cuerno derecho levantada hasta la altura del hombro de Tomás Vílchez, quien enderezó el rostro ligeramente al hacer la suerte. 
 
13. ¡Toro! 
Por lo que había visto, la plaza, que rebosaba de gente, guardó un silencio sepulcral. El toro no sabía si había acometido a un cuerpo o a una sombra. Al voltear se detuvo desconcertado y por vez primera orejeó dubitativo. 
 
Apenas arrimándose de costado, con breves pasos como le permitía la cadena de los pies, el hombre que torea avanza hasta el medio del ruedo ya reconciliado con el sol de la tarde.
– ¡Toro! –se le oye decir con voz rijosa, libre y a la vez prisionera.
– ¡Toro! –llama otra vez con voz más imperiosa, golpeando el capote desafiante, amo y señor del infierno que tenía frente a frente. 
 
14. Ora a la derecha, ora a la izquierda 
 
El toro, arremete de nuevo desde lejos haciendo retumbar el suelo con pisadas que son un redoble de espanto y de muerte. 
 
Sin moverse, Tomás Vílchez hace que las astas pasen por detrás e inmediatamente, presintiendo que había de voltear, lo espera haciéndole un molinete, esquivándole el pitón gacho del costado izquierdo. 
 
Bastó eso para que el público encopetado, sin salir de su asombro, delire, gritándole:
– ¡To-re-ro!
– ¡To-re-ro!
– ¡To-re-ro!
Tanto como le permiten los grilletes, espera y lo deja pasar una y otra vez, rozándole ora el pecho, ora la espalda; ora a la derecha, ora a la izquierda. El toro incansable, voltea y cornea impetuoso. El torero sin moverse templa el capote y hace los pases. 
 
15. Parado a pie firme
– ¡Ooo... le! 
 
Retumba en toda la plaza.
– ¡Ooo... le!
Celebran desde los tendidos.
– ¡Ooo... le!
Ovaciona la gente.
La Banda de Músicos atruena con la pieza "Morena de mi tierra", que produce un estremecimiento en el torero, quien se detiene para mirar el horizonte sobre las tribunas que estallan de aplausos.
Terminado el último tercio, se instala en la plaza un silencio electrizante para dar paso a la "suerte suprema".
Con la espada en ristre e invitando al toro a embestir, parado a pie firme, lo espera hasta dar con el estoque en el exacto lugar. 
 
16. Un cielo preñado de relámpagos
La bestia, sin saber si arremete a un fantasma o a una llamarada roja, a la vez hunde los cuernos directos al brillo de los eslabones de la cadena de los pies en donde el Sol de la tarde quiere arder en ese instante como fuego. 
 
El Virrey mismo se pone totalmente de pie y avanza hasta el borde del balaustre rompiendo totalmente el protocolo ante su comitiva. 
 
Las pallas del Inca Atahualpa, en Santiago de Chuco, sienten en ese instante –como nunca– en el tono de su canto, un sabor salado, agrio y amargo, y desgarrársele aún más la pena, mirando los ojos llorosos del Apóstol Santiago que vuelve con su procesión a la Plaza de su pueblo y a quien miran suplicantes en ese trance en que techumbres y guirnaldas se ven repentinamente amenazadas por un cielo preñado de relámpagos y aguacero. 
 
17. Los grilletes esplenden
En la Plaza de Acho hay un revoltijo en el que toro y torero se hacen un solo ovillo de sombra, de arena, de sol, ¡y de pena! 
 
Un ¡ay! lastimero resuena en los contornos porque toro y torero caen en un solo hálito de muerte o de vida, la espada clavada totalmente en el cuerpo de la bestia.
Cuando ya nada se mueve corren los toreros que espectan la escena desde los burladeros. Tomás Vílchez ha quedado atravesado por el asta levantada del toro, directamente clavada en el lado izquierdo de su pecho.
 
Todos los miembros de la cuadrilla de la plaza, vestidos con sus trajes de luces, lo alzan en hombros paseándolo por el ruedo, mientras los grilletes esplenden, colgando tintineantes en sus pies. 
 
18. Enjugándose los ojos
El público –compuesto por los señores de la corte, los clérigos y sabios entogados, las señoras y señoritas ataviadas de joyas, esmeraldas y diamantes, todos puestos de pie, con coraje y agitando pañuelos– repiten ante aquel cadáver harapiento que la cuadrilla pasea solemne y reverente: 
 
– ¡¡To-re-ro!!
– ¡¡To-re-ro!!
– ¡¡To-re-ro!!
Y no pocas lágrimas bajan por los rostros conmovidos y sollozantes.
– ¡Ha muerto el torero más grande que jamás haya conocido en la vastedad de este reino! –dice el Virrey Abascal, enjugándose también los ojos.
 
19. Hoy día torean 
Descendientes de Tomás Vílchez, el legendario, son las generaciones sucesivas de aquellos grandes toreros de mi tierra, Santiago de Chuco, la tierra de César Vallejo, con su hacienda Angasmarca; quienes hasta el día de hoy torean en las fiestas de los pueblos en la sierra norte del Perú. 
 
Hijo de Tomás fue Adelmo, quien quedó muy tierno a la muerte de su padre, ocurrida en la Plaza de Acho. Adelmo, cuando se enrazaba, toreaba hasta con los ojos vendados. Hijo de Adelmo fue Anastasio, quien toreó hasta cuando tuvo los cabellos completamente canos.
Hijo de Anastasio fue Juan, quien al torear y saltársele un ojo, a consecuencia de un pitón enrevesado, se lo arrancó de cuajo, con nervios y todo, arrojó a la tierra el ojo que colgaba y siguió en su faena, hasta matar al toro.
Hijos también de Anastasio fueron Obdulio y Dorila, quien salvó a su hermano cuando éste cayó a la arena, cogiendo para el caso la capa, ya estando ella con cinco meses de embarazo.
Hijo de Dorila fue Andrés; de Andrés, Francisco; de Francisco, Ángel... toreros natos, hasta el día de hoy, en que hacen delirar a la gente en las plazas colmadas de vítores de extremo a extremo. 

20. En el cielo infinito 
Los Vílchez no cobran jamás un solo centavo por torear. 
Cuando los toreros de cartel no pueden con un toro embravecido, el pueblo los reclama con fervor.
En esas tardes el cielo se cubre de amatistas y oros.
Es allí cuando ellos recién ingresan, ceñido su uniforme de bayeta blanca y envueltos en una faja roja.
Y se los nombra hasta cuando en las noches los niños sueñan en sus fantasías con ser héroes para hacerse amar por las niñas más bellas del pueblo.
Esas mismas niñas asoman sus rostros angelicales en los balcones de nuestras casas ensimismadas.
Miran quizá con el leve fulgor de esos ojos tardes de toros y toreros encadenados, con eslabones tintineantes cual estrellas y luceros en el cielo infinito. 
 
Fuente:
Danilo Sánchez Lihón 
Instituto del Libro y la Lectura del Perú
http://letras-uruguay.espaciolatino.com/aaa/sanchez_lihon_danilo/arrastrando_gloria_y_cadenas.htm
 

PABLO RODRÍGUEZ (XXXX - 1816)

Solo para efectos ilustrativos
Plano de la plaza de toros rectangular edificada en la Plaza del Volador con fecha 1732 en México D.F.
http://www.skyscrapercity.com/showthread.php?t=1109627&page=14

El historiógrafo taurino Juan José Zaldivar Ortega, en su libro "Víctimas del Toreo"-Apartado de Picadores, página 58, refiere que: Pablo Rodríguez, picador de toros, falleció por asta de toros en la Plaza de Toros de la ciudad de México (D. F.), en la temporada de 1816. Desde 1815 hasta 1821, en la ciudad de México continuaron actuando prácticamente los mismos diestros, entre ellos: Felipe Estrada y José Antonio Rea, matadores que alternaron el (24-01-1815), acompañados por los banderilleros: José María Ríos, José María Montesinos, Guadalupe Granados y Vicente Soria. En 1816, el virrey Calleja aprovechó el coso construido en la Plaza del Volador para organizar hasta tres temporadas de toros, es decir, los años 1816, 17 y 18, cuyos productos se destinaron a vestir las tropas realistas, que a tal extremo llegaba la penuria del erario público. La corrida de toros de 1816 casi se enlaza con las que celebraron los matrimonios del rey Fernando VII y de su hermano don Carlos con las infantas del Brasil. Doce corridas fueron las de esta temporada, y en una de ellas fue herido de muerte el picador Pablo Rodríguez, al picar un novillo en burro.

LORENZO PIZI (XXXX - 1816)

"El Padre Negrón" haciendo el quite para que levantasen del albero al moribundo Pizi
Cortesía de don José Antonio Román Romero

Lorenzo Pizi, torero de raza negra, de los que han existido por lo menos cuatro excelentes representantes en la historia del toreo peruano, fue uno de los primeros valores del toreo de ese país. Murió en el año 1817 durante una corrida en homenaje al Virrey Pezuela.
Fuente:
Gaceta Taurina, noviembre de 1998, Salvador García Bolio, Año III, Número 28
http://www.bibliotoro.com/gacetas/Gac_3-28.pdf

Un mayor detalle de la tragedia ocurrida al torero Lorenzo Pizi, la encontramos en la biografía de "El Padre Negrón" que nos relata don José Antonio Román Romero, en su Blog taurino en la Red: "De Hombres, Toros y Caballos" donde apunta:

En el Archivo municipal de Estepa (Sevilla) existe, por lo menos hace más de cien años, un interesante trabajo titulado "Tradiciones peruanas" (escritas por D. Ricardo Palma en la época de la colonia española y que se caracterizó por la sátira del escritor), en el que relata la vida pintoresca de Fray Pablo Negrón, conocido por el sobrenombre de "El Fraile Toreador".

--Don Isidro Gómez Quintana, versado publicista taurino, recogió en el propio Estepa datos referentes a este famoso clérigo, y de ellos sacó en consecuencia que Fray Pablo Negrón era hijo de Estepa y que sus antecesores eran italianos que se naturalizaron en España en la época de lo Reconquista. Era, pues, andaluz el Padre Negrón, que, ingresado en la Orden de la Merced y nada partidario de la vida conventual, residió, en calidad de capellán del feudo en alguna hacienda de las proximidades de Lima. Fray Pablo tuvo una pasión que fue su tormento y el motivo de las represiones y castigos de sus superiores. Tenía locura por los toros, cuyas condiciones conocía a la perfección, y gustaba de practicar el toreo en cuantas ocasiones se le presentaban. En los primeros dieciséis años del siglo 19 no se dio corrida en Lima ni lugares de su alrededor en cuya organización no interviniera el Padre Negrón. Los lidiadores del país tenían fe ciega en la maestría del mercedario y buscaban sus lecciones y consejos. El famoso capeador Casimiro Cajapaico, ensalzado como tal por el marqués de Valle-Umbroso solía decir: "Si no fuera quien soy, quisiera ser el Padre Negrón..." Vamos a relatar sucintamente un capítulo de las fiestas acaecidas en Lima en agosto de 1816, en el cual el Padre Negrón realizó la más ruidosa y divulgada de sus hazañas. Fueron estas fiestas pasa celebrar la llegada del nuevo virrey del Perú, don Joaquín de la Peñuela, marqués de Vilumá.

En el programa había tres corridas de toros qua tendrían lugar en la Plaza Mayor, en la que, según costumbre, seguían celebrándose las funciones taurinas en honor del rey o de su representante. En el circo de Acho se celebraban las restantes. El día de la función, la Plaza estaba magnífica, rebosante de espectadores. Casimiro Cajapaico y Juanito Breña lo torearon colosalmente a caballo. El público, complacido y entusiasmado, arrojó culos (almohadillas) y dinero. Torearon los “chulos” y, el Ayuntamiento mandó tocar a banderillas, operación que realizó pronto y bien el diestro Cantoral. Tocaron a matar, y Lorenzo Pizi (también nombrado Pissi o Pizzi), armado de estoque y muleta, se fue bajo la galería que ocupaba, con su sequito, el Virrey, al que, por las buenas, espetó el siguiente brindis: "Por Vuecencia, su ascendencia, descendencia y toda la noble concurrencia". Nos habíamos olvidado decir que Lorenzo Pizi vestía terno morado y plata.

Después de brindar, se fue por el toro, al que comenzó a citar desde mal terreno. De que lo vio de esta guisa, Fray Pablo, que presenciaba la corrida desde uno de los andamios del portal de Botoneros, se puso a gritarle: --¡Quítate de ahí! ¡Acuérdate de la lección y no vayas a dejarme feo! No tuvo tiempo el diestro de atender el apremiante consejo del Padre Negrón. El toro, que, como ya hemos dicho, era de muchos pies, se le vino encima, como una tromba, antes de que pudiera cambiarse de sitio Pizi dio un pase embarullado y no tuvo tiempo de reponerse. "Relámpago", haciendo honor a su mote, se revolvió rápidamente, y cogió al diestro de manera emocionante. Un grito de espanto resonó en la Plaza, y entre el griterío descolló la voz de Fray Pablo, que decía: Zapatetas ¿No te lo dije, negro bruto? ¿No te lo dije? Y al decir esto se terció el hábito y saltó desde el andamio a la arena para El toril y se instaló en la esquina de judíos para hacer el quite a Pizi, que, moribundo, estaba tendido en el suelo. El toro abandonó su presa segura, reclamado por el quite del mercedario, que le aguardaba con su propia capa blanca del hábito. Fray Pablo hizo varias suertes a la criolla, a la navarra y a la verónica, dando tiempo a que los chulos retirasen de la plaza al desventurado Lorenzo. “No hay que decir que el público tributó al Padre mercedario una gran ovación". El primer espada, Esteban Corujo, no tuvo ánimos para estoquear a "Relámpago", y, previa orden de la autoridad, tuvieron que intervenir los desjarretadores y el puntillero. Fray Pablo fue llevado preso al convento de la Merced.

El comendador Fray Mariano Durán, rodeado de todos los Padres graves de la sala capitular, dedicó severa admonición al Padre Negrón y le aplicó el condigno castigo. Además, se le declaró suspenso de Misa y demás funciones sacerdotales y se le prohibió salir del convento sin licencia de su prelado. La vida de encierro le sentó mal a Fray Pablo, hasta el punto de llegar a enfermar. El médico de la Comunidad recomendó que el enfermo fuera enviado al campo, donde seguramente se repondría. El Padre Superior le envió a la Magdalena, pueblecito situado o tres millas de Lima, recomendándole que no cayera en la tentación de torear. Pero Fray Pablo comenzó a recobrar la salud, y pronto inició sus visitas a las haciendas del valle, principalmente a Orbea y Matalechuzas, donde había ganado bravo. Pecó de nuevo, toreó hasta que un berrendo de mal genio lo inutilizó para el ejercicio de su incontenible afición. El tal berrendo le dio tan tremendo golpe contra una tapia, que le dejó desconcertado un brazo. Ya no pudo torear en adelante Fray Pablo Negrón; pero le quedó la sabiduría y el buen consejo en tauromaquia, y en consecuencia, mientras él vivió, no hubo en Lima ni en sus alrededores cuestión peliaguda, en materia taurina, que no pasara en última instancia al consejo y decisión del llamado, y no sin respeto, "El Fraile Toreador".
Fuente:
http://gestauro.blogspot.mx/2014/09/el-padre-negron.html

El 5 y 6 de septiembre de 2014, recibí sendas cartas del historiador D. José Antonio Román Romero, donde me siembra desconcierto en la primera de ellas, al comentarme que "quizá Pizi no falleció en el trance de esta corrida, sino que sobrevivió, quedando imposibilitado para la lidia"; para luego agregar en abono a la razón de su duda:

-Ahondando más al respecto de Pizi, de él dice José Sánchez Neira, escritor y periodista taurino en su obra "Gran Diccionario Taurómaco" de 1896: "Pizi, Lorenzo. —Matador de toros peruano. Dice el ilustrado escritor D. Ricardo Palma, que era un negro retinto, enjuto, de largas zancas y medianamente diestro en el oficio de torear. En la corrida que en Lima se dio en Agosto de 1816, en honor del Virrey D. Joaquín de la Pezuela, le cogió un toro llamado "Relámpago", de la hacienda de Bates, y le inutilizó para la lidia."-

En esta suerte de desconcierto que se engendra al leer historias anubladas, le contesto a don José, que mejor "Ahí dejaremos su muerte por cogida entre la bruma", a lo que don José me replica: -Sí, porque para liarlo más lea esto-:

Del libro “La Fiesta Española en el Perú” cuyo autor fue el Duque de Veragua en 1892 en las páginas 92-93 se lee textualmente:

“…El Reglamento de esta gran plaza de toros (se refiere a la de Acho), que corre inserto al principio de este folleto, ha sido modificado en dos de sus articulos como puede verse a continuación:

ARTICULO 10.-Con motivo de la notoria escasez de capeadores de a caballo, se ha permitido que solo dos de éstos ejecuten esa suerte nacional en cada corrida, con obligación de capear, alternativamente, todos los toros, y de tener dos caballos de reserva, para el caso en que fueren heridos los que cabalgaren. Por el mismo motivo, ha dispuesto la Inspección del ramo, que se permita tomar parte en las corridas a todo aficionado al capeo de a caballo, siempre que garantice su competencia alguno de los toreros conocidos por el público.

ARTICULO 11—A solicitud del empresario del "Circo de Acho," se ha acordado por la autoridad municipal, que solo se encierren ocho toros, de los que se lidiaran seis en cada corrida; a condición de que no se aumenten los precios de entrarlas y localidades ya establecidos. En caso contrario, deberán encerrarse diez toros y lidiarse ocho.

Las corridas de toros con que en la época del coloniaje se celebraban las fiestas reales, tenían lugar no en el Acho, sino en la Plaza de Armas o Principal, en donde se levantaba un tabladillo cubierto de asientos delante de los portales y Catedral; y se arreglaba convenientemente la parte alta que existía sobre las tiendas que hace pocos años se demolieron, conocidas por La Ribera, a fin de que de allí presenciaran la corrida todas las Corporaciones ; ocupando el Virrey el primer palco de la izquierda. La cuadrilla se presentaba por la esquina de la pescadería (hoy Intendencia) y los toros salían por la de judíos. En el centro de la plaza no había otro obstáculo para la lidia, que la gran pila que hasta la fecha vemos en el mismo lugar, sin más diferencia que en vez de las cadenas que entonces la circundaban se le ha colocado el jardín y verja que tiene actualmente. En dicha pila, seca como estaba, se acomodaban muchísimas personas del pagano (o bajo pueblo) para gozar del espectáculo. A mitad de corrida arrojaban de los palcos de Palacio gran cantidad de dulces, los que eran recogidos por el pagano, muchas veces estando el toro en la plaza. En una de estas corridas fue cogido por el vientre el matador peruano "Pissí"; falleciendo poco después. Las corridas ordinarias, antes de la construcción de Acho, se efectuaban en la Plaza de Otero, ocupada hoy por la Empresa del F. C. Urbano. Finalizamos haciendo votos por que la Plaza de Acho tan simpática y querida por todos los peruanos, se conserve, se reedifique si fuere necesario algún día; pero que no desaparezca jamás!”

Diera la impresión con todas estas versiones, como que Lorenzo Pizi, no falleció de inmediato en el trance de la cogida, sino que de ella resultó imposibilitado para seguir lidiando, y luego vino falleciendo a resultas de complicaciones derivadas de éstas heridas.

Citan en el libro "América Taurina" de Leopoldo Vázquez (editado en 1898 en Madrid).- PISSI (Lorenzo), espada peruano que trabajaba en e1 primer tercio del corriente siglo. En unas corridas de fiestas reales efectuadas en la época citada sufrió una grave cogida de resultas de la que falleció al poco tiempo. Contribuyó mucho á extender la afición en aquel territorio.
Fuente:
http://bibliotecadigital.jcyl.es/bdtau/i18n/catalogo_imagenes/grupo.cmd?path=10078549

ALEJO QUINTIN "POLLOLLO" (1751 - 1817)

Solo para efectos ilustrativos
“Tercio de varas"
Obra del ilustre  pintor español Eugenio Lucas Velásquez (1817-1870)

Famoso alanceador peruano que fue cogido por un toro en el año de 1815 y que falleció a resultas de ello. (Fuente: Accidentes Oculares en la Tauromaquia de 1801 a 1841 de los Doctores Puertas y Celis).

Refiere el célebre y extinto escritor, cronista y periodista peruano, Manuel Ricardo Palma Soriano (1833-1919) en referencia a la participación de los conquistadores, indios, y mulatos en la fiesta de los toros por aquellas latitudes que: “Alejo Quintín, a quien el pueblo conocía con el apodo de “Pollollo”, tenía sesenta y cuatro años de edad  y usaba antiparras”, dando fe con esta breve mención de su participación activa en la fiesta de los toros, y el reconocimiento que se trataba de un añoso personaje de la época virreinal que alanceaba toros frecuentemente, como si de la práctica de este arte en las festividades  hubiere hecho oficio remunerado o viviese de ello a manera de lidiador consumado.

Por su parte, el ilustre cronista, don Juan José de Bonifaz Ybarra, refiere de este picador , que << En fecha indeterminada del año de 1817 dejó de existir Alejo Quintín (Pollollo), afamado varilarguero peruano cantado en coplillas populares, en el ejercicio de su arriesgada profesión, a la avanzada edad de 66 años. "

El historiógrafo y MVZ taurino Juan José Zaldivar Ortega, en su libro "Víctimas del Toreo"-Apartado de Picadores, página 58, refiere que: Alejo Quintín (Pollollo), famoso picador de toros, nacido en Lima el año 1751, y murió en 1817, por los golpes recibidos en la cabeza, en una corrida de toros, cuando contaba 66 años de edad y tras unos 48 años de ejercer la profesión. Empezó a practicar su oficio en el último cuarto del siglo XVIII. En la temporada de 1816, cuando contaba ya sesenta y cuatro años de edad, seguía manteniendo su cartel en primera línea. Un listillo poeta de dicho años compuso estos versos en su honor: «No falten los guapos; pongan atención, que esta vez Pollillo vibrará el rejón. Mariquita mía, vamos de mañana, que Quintín Pollillo sale a la campaña. Pollillo no es viejo, que es un jovencito a quien faltan muelas y le sobre pico.» Usaba antiparras, según nos informa don Ricardo Palma en una de sus Tradiciones peruanas.

LAUREANO PÉREZ ALONSO "ALONSI PÉREZ " (XXXX - 1818)

Solo para efectos ilustrativos Grabado de la antigua plaza de toros junto a la Puerta de Alcalá. Año 1845 Cortesía del Sitio Web: http://2.bp.blogspot.com

Refiere el historiador taurino, don Juan José de Bonifaz Ybarra, en su libro "Víctimas de la Fiesta", "que un toro de la vacada de Pedro Zapata produjo una caída del caballo que montaba Laureano Pérez Alonso, más conocido por (Alonso Pérez), en el madrileño coliseo de la Puerta de Alcalá, el 31 de agosto de 1818, y a consecuencia de las lesiones recibidas falleció el subalterno en la misma fecha. "

En 1818 fue a torear a Madrid Juan Núñez "Sentimientos" con un cartel postinero, alternó con los maestros Jerónimo José Cándido y Francisco Herrera Rodríguez "Curro Guillén", una corrida de doña María Antonieta Espinosa. Festejo que reunió la esencia de la fiesta: triunfo y tragedia, la luz y la sombra. Los toreros en grande, una corrida de éxito redondo, pero el cuarto toro de la tarde desnucó, al provocarle un tumbo estrepitoso, al varilarguero LAUREANO PÉREZ ALONSO, que falleció poco después y causó la consternación inminente.
Fuente:
http://www.eluniversal.com.mx/deportes/82114.html

El historiógrafo y MVZ taurino Juan José Zaldivar Ortega, en su libro "Víctimas del Toreo"-Apartado de Picadores, página 58, refiere que: Laureano Pérez Alonso, picador de toros, natural de Medina Sidonia, el cual falleció el (31-08-1818), a consecuencia de una caída que sufrió toreando en la Plaza de Toros de Madrid aquel mismo día. Falleció el mismo año que su compañero Ildefonso Pérez Naves, igualmente en Madrid.

ILDEFONSO PÉREZ NAVÉS (1797 - 1818)

Solo para efectos ilustrativos
“Suerte de Varas” 1824
Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828)
Paul Getty Museum (Malibú, CA, USA)  

Picador oriundo de Medina Sidonia (Cádiz) que  fue derribado de su cabalgadura por un toro el 19 de octubre de 1818 y que falleció a resultas del suceso el 7 de noviembre del mismo año, contando con escasos 21 años de edad según el Maestro Cossío, aunque otros cronistas arguyen su muerte un poco después de 1830.

Pareciera que por haber sido religioso y abandonado los hábitos para picar toros y para contraer nupcias, hubiera precisado, por las presiones de los religiosos, a usar nombres distintos al propio en sus actuaciones para no ser descubierto, tal y como se intuye de la lectura de las siguientes crónicas. 

Refiere el cronista d. Jesús Mª Armengol Butrón de Múgica en su estudio “Grandes Figuras Asidonenses del Toreo” – Los Picadores de “Vara Larga” (1730-1830) - , que << Concluida la invasión francesa, en los años siguientes a ella,  encontramos nombres nuevos entre los picadores de primera fila que tuvieron su cuna en nuestro pueblo. El primero de ellos es Alonso Pérez que, según el Maestro Cossío, nació en Medina Sidonia el 20 de enero de 1797 y en algunas ocasiones se anunció también como Laureano Pérez e Ildefonso Pérez Navés, indistintamente. Esta hipótesis del gran erudito taurino pareciera poco sólida si se contrastan los datos que él mismo aporta en sus notas sobre cada una de las tres "personas" citadas. "

Luego arguye en ese sentido diciendo : <<Tomando la fecha de nacimiento como cierta, no parece probable que hiciera su presentación en Madrid el 19 de septiembre de 1814 (¿con 17 años?) con el nombre de Laureano; o que falleciese en la plaza de la misma ciudad el 7 de noviembre de 1818, esta vez como Ildefonso. Añadamos a esto que el nombre de Alonso Pérez vuelve a aparecer en los carteles de Granada de 1830. Modestamente pienso que don José Mª considera personas distintas a Alonso Pérez y Alonso Pérez, “el Mínimum”, pues de este último sólo reseña el dato que da el ilustrado Sánchez de Neira, y que a bien señala: “que fue un picador que actuó en el primer tercio del siglo XIX sin indicar de dónde era”.

Un documento aportado por el Marqués de Tablantes puede deshacer el entuerto, pues entre los papeles del año 1819 que para su obra revisó este autor, encuentra un oficio dirigido al Teniente de la Real Maestranza de Sevilla referido a un monje que colgó los hábitos para dedicarse a la profesión de picador y pidiendo que no se le dejase actuar: "He llegado á entender que “Fray Alonso Pérez” natural de Medina Sidonia, aun Religioso profeso de mi sagrada religión mínima, se halla escriturado ante V. S. para picar, en las próximas fiestas de toros que se han de celebrar..." El Teniente le contesta que nada puede hacer, pues el tal Alonso ya había picado en Madrid y en otras plazas, y además se había casado,  dejando atrás su vocación religiosa. Esto explica el apodo taurino -había pertenecido a la Orden Mínima- y la confusión que Cossío reconocía ser incapaz de resolver. Sí debe tenerse por cierta la muerte de nuestro protagonista en una corrida de toros matinal a consecuencia de una caída del caballo al ser éste empitonado por el toro, aunque no tenemos la fecha de la nota de prensa que recoge el suceso."

El Dr. Juan José Zaldívar Ortega, presenta algunas diferencias respecto de la biografía de esta picador al afirmar en su obra “Víctimas del Toreo”,  que << Ildefonso Pérez Navés, fue un picador de toros, nacido en Jerez de la Frontera el 27 de marzo de 1776, falleció el 7 de noviembre de 1818, cuando contaba 42 años de edad. El 19 de octubre de 1818, al dar un puyazo al sexto toro, sufrió una caída, y en la enfermería se le apreciaron varias contusiones en el vientre y pecho. Fue llevado al Hospital General, en el que falleció el 7 de noviembre de 1818. "

El erudito taurino, don Juan José de Bonifaz Ybarra, refiere en su obra “Víctimas de la Fiesta”, que << Sustituyendo a su compañero Julián Díaz actúa en la capital de España Ildefonso Pérez Navés, el 19 de octubre de 1818, con tan mala fortuna que es descabalgado violentamente de su montura, sufriendo lesiones de pecho y vientre que, aunque en un principio parecían no revestir gravedad, le produjeron la muerte el inmediato 7 de noviembre en el Hospital General Madrileño. "

Bruno del Amo (Recortes) refiere que el padre del picador era vaquero o encargado de un hato de reses mansas del contratista gaditano Antonio Fernández Navarro. Desde muy joven de dedicó Ildefonso al mismo oficio campero de su progenitor, y cuando el marqués de Carrión, vecino de Utrera, fundó su ganadería brava, que se estrenó en Madrid en 1802, entró a su servicio. La suspensión de las corridas de toros, primero, y la guerra de la Independencia, después, retardaron sin duda los proyectos de Ildefonso de dedicarse al duro oficio de picar. En 1808 se alistó como voluntario en el ejército de Andalucía, siendo uno de los más famosos garrochistas que tomaron parte en la batalla de Bailén contra los franceses. Asistió después a infinidad de acciones bélicas y refriegas, y en la batalla de "La Albuera", acaecida el (16-05-1811), fue herido de un balazo que le atravesó el muslo derecho. Cuando en 1814 acabó la guerra comenzó a picar en plazas andaluzas de mínima importancia. Ya en 1817 alternó en tanda en la Real Maestranza de Sevilla y en las de los Puertos. En 1818 Curro Guillén le llevó a la Plaza de Toros de la Corte, en la que picó en la quinta corrida de abono. El cartel de este festejo le anunció «como nuevo en la plaza.» Cobró en aquella corrida 950 reales y no debió hacer sino cumplir. Tomó parte de nuevo en la undécima corrida celebrada el (13-06-1818), y su labor debió pasar asimismo desapercibida. No le ajustaron en aquella ocasión para otras corridas, y entonces se dirigió al corregidor de Madrid, don José Manuel de Arjona, en solicitud de que se le admitiera a torear nuevamente, «habiendo sabido que para la corrida catorce no estaba completo el número de picadores necesarios.» Lleva la petición fecha del (20-09-1818). No se le atendió por entonces; pero logró salir de picador de nuevo el (19-10-1818), en la decimosexta corrida, reemplazando al piquero enfermo Juan Díaz. Fuente: "Víctimas del Toreo"- Apartado de Picadores (página 59) de don Juan José Zaldivar Ortega)

JUAN FRANCO (XXXX - 1818)

Plaza de Acho en Lima, Perú  (Grabado Colonial –Cortesía de Wikipedia)

Acho es la tercera plaza de toros más antigua del mundo y la Primera de América. Sólo la Maestranza de Sevilla y la plaza de toros de Zaragoza existían antes de la inauguración del coso rimense en 1766

Refiere el ilustre historiador d. Juan José Bonifaz Ybarra en su obra “Víctimas de la Fiesta”, que << Pocos datos existen acerca de Juan Franco, torero español que emigró al Perú como consecuencia de la prohibición de nuestra fiesta nacional decretada por Carlos IV en 1803. Torea repetidamente en la Plaza limeña de Acho, y en un festejo celebrado en 1818, muere como consecuencia de una cogida, al estar imprudentemente distraído hablando con su novia. "

 

Respecto de este lidiador, el ilustre cronista peruano Dikey Fernández Vásquez refiere que"de Juan Franco sólo tengo la referencia que el día 30 de agosto de 1818 se celebró en la Plaza de Acho una festejo para aficionados prácticos en la cual el quinto toro de la tarde, perteneciente a la ganadería de Consac, propinó una gravísima cornada al torero aficionado Juan Franco que participó en ese festejo taurino, falleciendo al día siguiente. "

JOSÉ ANTONIO HERRERA Y CANO (1782 - 1819)

"El patio de la cuadra de caballos en la plaza de toros de Madrid antes de una corrida."

Manuel Castellano Rodríguez de la Parra (1855)

Museo Nacional del Prado

Picador que fue cogido el 14 de junio  de 1819 y que falleció a resultas de ello el 16 de junio del mismo año. (Fuente: Accidentes Oculares en la Tauromaquia I de 1801 a 1941 de los Doctores Puertas y Celis)

Refiere el erudito taurino, don Juan José de Bonifaz Ybarra, en su obra Víctimas de la Fiesta, que << El sevillano Antonio Herrera y Cano, de los más destacados de su época, que llegaría a picar a las órdenes de espadas de primera fila, fue corneado en la plaza de Madrid la mañana del 14 de junio de 1819 por un astado del hierro de Diego Muñoz y Pereira, que se ensañó tanto con el caballo en tierra como con su jinete. La importancia de las heridas recibidas determinó su fallecimiento el posterior día 16 del mismo mes de junio de 1819. " 

El historiógrafo y MVZ taurino Juan José Zaldivar Ortega, en su libro "Víctimas del Toreo"-Apartado de Picadores, páginas 59 a la 61, refiere que: Antonio Herrera y Cano, picador de toros, nacido en Sevilla el (12-08-1782) y fallecido el (16-06-1819), a los 37 años de edad. El (14-06-1819) se celebró en Madrid una corrida de toros en la que actuaron Jerónimo José Cándido, Francisco Herrera Guillén y José Antonio Badén. Al picar Antonio Herrera al primer toro, de nombre Labrador, de la corrida celebrada durante la mañana, de don Diego Muñoz y Pereira, de Ciudad Real (antes de don Vicente José Vázquez), fue derribado y acometido por el animal, que lo corneó largamente, a pesar de los capotes que lo llamaban insistentemente y de los golpes de garrocha que Guillén procuraba darle. Cebado en jinete y caballo, no atendía otra cosa, y en uno de los derrotes enganchó a Herrera con el cuerno izquierdo, lo arrancó de la silla y lo puso más en peligro todavía. El banderillero Mariano Martínez coleó con arrojo y destreza al bicho, que por fin abandonó sus presas atraído por las llamadas de los lidiadores. Retiraron conmocionado y herido a la enfermería a Herrera, y allí, en vista de la gravedad de su estado, se le trasladó al hospital, donde murió a las 10 de la mañana del (16-06-1819). Antonio Herrera y Cano fue uno de los picadores más grandes de principios del siglo XIX, valiente y lleno de conocimientos y habilidades. Se llegó a afirmar erróneamente que murió desnucado en una caída de un modo repentino. Trabajó en la cuadrilla de José Romero, desde 1805 a 1813. Familiarizado desde muchacho con el ganado bravo, lo conducía y cuidaba, tomando parte en tientas y herraderos. Recomendado a José Romero por su maestro y paisano Juan de Dios Ximenez, con aquél empezó a trabajar en plazas andaluzas. Hacia el año 1804 hizo su presentación en Madrid. Suprimidas las corridas por Carlos IV, se dedicó a mayoral de la ganadería al servicio del marqués de Tous. Toreó en Madrid en 1811. A partir del 1814, trabajó agregado a las cuadrillas de Manuel Alonso (el Castellano) y Francisco Herrera Rodríguez (Curro Guillén), en la Plaza de Toros de Madrid, en 1815, 16 y 18.

FRANCISCO HERRERA RODRÍGUEZ "CURRO GUILLÉN" (1783 - 1820)

Grabado de la muerte de Curro Guillén por

D. Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828)

Matador de toros que nació en el municipio de Utrera, provincia de Sevilla, España el 16 de noviembre de 1783. Curro Guillén, fue el tercero de una dinastía de toreros del mismo nombre “Francisco Herrera”, iniciada por su abuelo, contemporáneo de Pedro Romero, y continuada por su padre, Francisco Herrera Guillén. Sus tíos maternos (Cosme Rodríguez y José María Rodríguez) fueron banderilleros, su abuelo materno era tío del excelso  "Costillares”.

Había nacido en Utrera, pero antes de que tuviera cinco años su familia se trasladó a Sevilla. Desde edad temprana, expresó deseo de ser torero.  Practicó el toreo de "salón", realizando todas las fases de la lidia ante un "toro fantasma”. Cuando sólo tenía quince años, constituyó  una "cuadrilla infantil” que obtuvo muchos éxitos en el ámbito de Sevilla. Tomó la alternativa en esta misma ciudad el 22 de junio de 1799 de manos de Jerónimo José Cándido,  con quien había trabajado de rehiletero, y quien le confirma la alternativa en Madrid el 3 de septiembre siguiente. Participó exitosamente  en "las Corridas Reales" de 1803. En 1811, a causa de su oposición a la ocupación francesa, abandona España y se establece en Lisboa, Portugal,  donde continúa su carrera taurina y logra convertirse en un verdadero ídolo del país lusitano. En 1814, regresa a España y lleva a cabo una carrera triunfal hasta su muerte en Ronda, España, Provincia de Málaga en 1820.

El 20 de mayo de 1820 (otros cronistas refieren que fue el 21 o 29 de mayo), se anunció en la Plaza  de Ronda, provincia de Málaga en España, junto con otro sevillano, Juan León, para hacer frente a toros de D. José Rafael Cabrera. En ese momento, las dos "capitales" de las corridas de toros eran  Ronda y Sevilla, los matadores de estas dos ciudades con su estilo particular de toreo que habían impuesto a sus propios pueblos estas dos escuelas de distinta concepción del arte de la tauromaquia. Esta rivalidad se vio exacerbada por algunos espectadores que se comportaron particularmente faltos de respeto. Los dos sevillanos fueron repudiados desde el paseo, expresándoles su hostilidad. Según la leyenda, mientras que Curro Guillén se prepara para matar;  Manfredi, el "líder" de un grupo especialmente hostil de reventadores, pídele en voz alta: "Sr. Curro, ¿podremos ver que hace un poco más esfuerzo?;  -El matador detenido en su grito busca la voz provocadora en las gradas para ubicarlo- y este  grita de nuevo. "Vaya por este pequeño toro”, invitándole sarcásticamente a Guillén a matar recibiendo a un toro que no servía para esta suerte. Quizás se dejó llevar por la irritación y propinó a la fiera una estocada defectuosa, un bajonazo al lado contrario. Quizás Manfredi jamás haya existido, empero los mitos revelan el clima de animadversión que prevalecía en las gradas y que quizá fue exagerado por los aficionados sevillanos afines al torero.

Sin embargo, “Curro Guillén” estoquea aprisa y recibiendo a un toro quedado, que con sentido le planta por justipago una cornada terrible en el muslo derecho, para enseguida precipitarlo contra las tablas, donde de nuevo arremetió con codicia contra el torero,  enganchándole  con el cuerno izquierdo que se introdujo en su muslo derecho. El color rosa del vestido de luces del sevillano se tornó cárdeno  de su misma sangre,  por lo que su alternante,  Juan León, y  antes de la segunda cogida,  se aprestó  en su ayuda, y fue temerario por desesperación a arrojarse a la cuna misma de los cuernos del toro  para que dejase en paz a su amigo, asiendo al animal por el cuerno en un acto heroico y de extremo peligro, resultando a consecuencia enganchado por el hombrillo derecho con el otro cuerno. Llegó el momento en que la bestia enardecida los transportó aterradoramente y por segundos hacia el centro del ruedo, enganchados de sus astas y,  en los medios los lanzó como despojos en la arena. Juan León, resultó conmocionado pero sólo ligeramente herido;  en contrario “Curro” estaba seriamente herido y,  enseguida, en forma por demás increíble,  se puso en pie y, con paso vacilante,  por el derrame de sangre, se dirigió a la enfermería,  mientras  que Juan permanecía tendido en el suelo. Al llegar “Curro Guillén” a la barrera, recibió el apoyo de su amigo Francisco Caamaño, contratista de caballos; y una vez en el callejón, camino a la enfermería y, en los brazos de Caamaño, “Curro Guillén” expiró. Del momento de la cogida al de  expirar no pasaron dos minutos.

Cuenta la leyenda pesarosa que “Curro Guillén” fue enterrado en el mismo lugar del ruedo rondeño en que se produjo la mortal cogida,  pero no hay constancia documental de ello. Resulta difícil  creer que a personaje tan célebre no se le enterrase en sagrado y que, además, no se hayan conservado documentos de la época que se refieran a tan extraordinario hecho. Empero hace cuarenta años se hicieron obras en el ruedo de la plaza y, entre los burladeros 1 y 2, aparecieron unos restos humanos y un crucifijo. No sé sabe a ciencia cierta  que se hizo con ellos, nadie lo dice, pero ¿serían acaso los restos mortales de “Curro Guillén”? harían bien en investigar a fondo para sepultar en sagrado a tan famoso lidiador.

Por su parte el erudito taurino d. Juan José de Bonifaz cita en su obra “Víctimas de la Fiesta”, que << De linaje torero el precoz utrerano Francisco Herrera Rodríguez (Curro Guillén) alcanzó las más altas cotas en el toreo de su tiempo. Su lamentable final tuvo por escenario la plaza de Ronda (Málaga) el 20 de mayo de 1820, al intentar matar recibiendo a un cornúpeta del hierro de José Rafael Cabrera, que le produjo mortal herida en el costado derecho, pese al valeroso quite que le hizo su compañero Juan León, quien también fue cogido. Dejó de existir momentos más tarde del suceso, de que se culpó a un apasionado reventador. " 

Citan en el libro "Necrología Taurina", de Tomás Orts Ramos, "El Niño de Dios" (1866-1939) publicado en 1889: Francisco Herrera Rodríguez (Curro Guillén).- La tarde del 20 de mayo de 1820, lidiábase en Ronda por la cuadrilla de "Curro Guillén", una corrida de D. José R. Barbero. Al ir el diestro a pasar de muleta al primero, algunos espectadores dirigieron varias pullas, que hicieron perder al maestro la serenidad de que tanto necesitaba. Le trasteó, y al estar el toro igualado le grita un necio:-¿A que no lo recibe V.?- Acababa Herrera de perder los estribos, cita al toro, acude este encampanándose, gana terreno y se precipita sobre el matador, enganchándole por el muslo y arrojándole sobre las tablas. Juan León, que se halla cerca, se tira en la cuna del toro sacrificando su vida; le aparta el toro de un hachazo, vuelve contra Herrera, le da una cornada que le atraviesa el pecho, coge a León con el otro cuerno, y sale, ¡cosa inaudita hacia los tercios con un hombre enganchado en cada asta! Llegado allí, derrota, lanza por el aire a los dos desgraciados y sigue su viaje. Juan León salió ileso, Curro Guillén murió a las 7 horas.
Fuente:
http://bibliotecadigital.jcyl.es/i18n/consulta/registro.cmd?id=14529

FRANCISCO VÁZQUEZ " EL CHATITO " (XXXX - 1820)

Solo para efectos ilustrativos

Parroquia de la Purísima Concepción en Zumpango de Ocampo, Estado de México, en México. Hacia  1711 se realizan obras de ampliación en este añoso templo parroquial edificado antes de la primera mitad del siglo XVI.

Cortesía del Sitio Web: http://www.emexico.gob.mx/work/EMM5/Mexico/mpios/15120a.htm

El 21 de Abril de 1820, Muere en Zumpango de La Laguna el novillero Francisco Vázquez "El Chatito" a consecuencia de una cornada recibida el día anterior.

 

Fuente: Don Luis Ruiz Quiroz y don Gabriel Medina/CAMPO BRAVO-México/ ANCTL/ http://www.campobravo.org/efemerides.php

 

Como nota informativa, cabe agregar que Zumpango de la Laguna, se constituye como municipio a partir del 31 de julio de 1820, a resultas de la puesta en práctica por segunda vez de la Constitución Española conocida con el nombre de Cádiz, la cual entre otras disposiciones procuró el establecimiento de Ayuntamientos Constitucionales, por consiguiente la creación territorial y política de municipios. En 1847, el partido de Zumpango de la Laguna participó activamente en la contienda de invasión norteamericana y de manera más patriótica, eficaz y brava durante la época de la Intervención Francesa. El licenciado Benito Juárez honró a Zumpango con el apelativo de “Zumpango de la Laguna, pueblo libre”, en 1867, después de haberse enterado de su importante participación, según así consta el expediente respectivo que en sus manos tuvo.  El 31 de julio de 1861, a través del decreto No. 25 de la legislatura local, el Estado de México se dividió en Distritos, los partidos de Zumpango y Cuautitlán formaron el Distrito de Zumpango y se agregaron a este y al municipio del mismo nombre, los pueblos de Cuautlalpan, Xoloc, Reyes Acosac, Haciendas de San Juan de la Labor y de Santa Lucía. Así, en el mismo año, pero el 14 de noviembre según decreto número 45, el Congreso del Estado le confiere a la cabecera municipal de Zumpango el título de Villa con la denominación Villa de Zumpango de Victoria. Por decreto número 10 de fecha 23 de abril de 1877, el Congreso Local eleva a la Villa de Zumpango de Victoria con el rango de ciudad denominándola Zumpango de Ocampo en honor de Melchor Ocampo.

Fuente:

http://www.e-local.gob.mx/work/templates/enciclo/mexico/mpios/15120a.htm

JERÓNIMO DE LA CRUZ "BARQUERO" (1782 - 1822)

Cortesía del historiador taurino Rafael Gómez Lozano
http://torerosmexicanos.blogspot.mx/

Matador de toros oriundo de San Fernando (Cádiz) y nacido hacia el año de 1782,  y que vivió en México, fue gravemente corneado en los festejos de la ciudad de Mazatlán, Sinaloa, México,  el 2 de abril de 1822 en la llamada Plaza de Toros Rea, muriendo a resultas de las heridas después de 6 días de agonía el 8 de abril de 1822.

Fuentes: Crónica de d. Juan José Zaldívar Ortega;  ; Accidentes Oculares en la Tauromaquia de 1801 a 1941 Doctores Puertas y Celis;  Efemérides del 8 de abril de 1922 en


Cortesía del historiador Rafael Gómez Lozano
http://torerosmexicanos.blogspot.mx/

Juan Moreno Castro, historiador propietario de la página web taurina “Blanco y Oro” (http://blancoyoro.blogspot.com), refiere: "BARQUERO" (Jerónimo Cruz) - (1790?-1822). Torero nacido en San  Fernando (Cádiz)  a finales de 1700. Vivía en México. Corneado en Rea-Mazatlán (México) el 2 de abril de 1822 y murió el 8 de abril de 1822.

El erudito taurino, don Juan José de Bonifaz Ybarra,  refiere al respecto de esta víctima de la fiesta, que << Fue mucho más conocido en los ruedos mexicanos que en los de su patria el gaditano, de San Fernando, Jerónimo de la Cruz (Barquero). Y en uno de aquéllos, en el de Mazatlán, caería mortalmente herido el 2 de abril de 1922. El fallecimiento tuvo lugar el día 9 de los citados mes y año. "

Como observamos, existe una diferencia de 100 años posteriores en la fecha señalada por el maestro Bonifaz, lo cual coincide también con el afamado cronista "José Alameda", quien refiere en su obra "Crónicas de Sangre" que " un novillero conocido como "el Barquero" falleció el 2 de abril de 1922 en la plaza de Mazatlán, Sinaloa, México a resultas de la cogida de un toro de la dehesa de J.Conde ", por lo que queda en suspenso la fecha de su muerte hasta que sea validado por los nuevos estudiosos de la fiesta en México, quienes tienen la posibilidad de abundar en las investigaciones en esa bella ciudad del pacífico mexicano.

Don Joaquín López, el sabio cronista de Teacapán, Sinaloa, México nos obsequia con una muy bien documentada investigación de su autoría que titula: "Muerte de Plazas y un Torero en Mazatlán", donde viene a confirmar que la fecha del fallecimiento de Jerónimo de la Cruz "el Barquero" acaeció en 1922, por lo que también la fecha y lugar de nacimiento que consignan la mayoría de los cronistas quedaría en entredicho. A continuación, pego tal cual esta joya, para deleite de los historiógrafos de todo el orbe: Ya han transcurrido 485 años desde que se celebrara la primera corrida de toros en México; López de Gómara registra la primera corrida al regreso de Hernán Cortez de Las Hibueras (Guatemala), al tiempo que le llegaban noticias de una orden de residencia "dos o tres días después, que era día de San Juan Bautista estando corriendo toros en Méjico, le llegó otro mensajero con carta del licenciado Luís Ponce y con una del Emperador, por las cuáles supo a que venían". La fiesta de toros se mantuvo, hasta hace quizá un cuarto del siglo, como la fiesta máxima pues hasta en los pueblos más remotos se recibía a los toreros con júbilo. La prohibición de las corridas en países anglosajones empujó a escritores de la talla de D. H. Lawrence y Ernest Hemingway a explorar el arte de la tauromaquia; aseguraba este último que el toreo no es un deporte, según entienden esta palabra los anglosajones, al no ser competencia entre iguales o siquiera "intento de una competencia entre iguales entre un toro y un hombre". Hemingway lo consideraba más bien una tragedia donde "la muerte del toro, la cual se juega, más o menos bien, por el toro y el hombre involucrados, en donde hay peligro para el hombre pero muerte segura para el animal". Mazatlán conserva una larga tradición por la fiesta brava siendo "una de las plazas más taurinas del País" ; su calle "del Sacrificio" y sus "plazas" están ligadas a la celebración de la fiesta brava. Incontables diestros españoles y propios torearon en sus ruedos, como Guillermo Danglada, nacido aquí en 1888 y cuyo padrino fue Rodolfo Gaona. El Dr. Baltazar Izaguirre, mazatleco especialista en lepra y cronista taurino, era amigo de Aureliano Urrutia, cirujano que salvó la vida a Gaona, cornado en Puebla en 1908. Urrutia fue también un sanguinario Secretario de Gobernación al servicio de su compadre Victoriano Huerta. "El Güero" Izaguirre intervino directamente con él, salvando del patíbulo al diputado J. Felipe Valle, Manuel D. Millán, Joaquín Millán hijo, Pedro Osio y otros mazatlecos encarcelados por sedición en la Ciudad de México . José Ramón Tirado Robles, (1932-2010), "de los Tirado de la Palma", uno de los dos esposos toreros de Lola Beltrán, fue "el antecedente inmediato de El Cordobés, cuyo apoderado, Rafael Sánchez El Pipo, llevó primero los poderes de José Ramón en España" , país donde el mazatleco brilló. Tirado falleció hace poco en Los Ángeles. Manuel Laveaga, descendiente de españoles mineros en Tayoltita, Durango en los albores del siglo XIX, nació en Mazatlán, fue apadrinado por Eloy Cavazos en Culiacán y actualmente reside en España. Circula en Internet un error biográfico garrafal en mundotoro.com y otros, que sostienen que Laveaga nació en Culiacán; Contrariado, uno de sus hermanos precisa que nació en el Sanatorio Mazatlán. El error surge al recibir la alternativa en Culiacán y alguien lo agrega como su lugar de origen. El historiador Oses Cole, dice que Milo M. Quaife reportó la existencia de un coso taurino donde hoy opera la oficina de correos de Mazatlán del entonces cónsul norteamericano Arthur De Cima. En 1898, dos cuadras al norte, funcionó la Plaza del Carnaval donde a unos meses de su demolición, se presentó el torero y caballista de fama internacional Ponciano Díaz . En Octubre de ese año, aparece el coso del empresario mortuorio Luis Rea, en un predio adquirido del consorcio alemán Casa Melchers; casi simultáneamente la plaza "Colón" abrió sus puertas frente al Hospital Civil, y en 1901 la "Plaza Bellavista" se construyó cerca de la Playa Norte por el torero y empresario Atanasio López . Sánchez Hidalgo menciona uno más construido por un viejo torero español apodado el "Niño del Guarda" por el barrio del Puente de la Huaca cerca del rastro, un torero que nada tenía de niño y mucho menos de guarda. Oses Cole dice que en la "Plaza Bellavista" se presentaron incluso toreros chinos; colonos extranjeros entonces dueños de comercios y lavanderías. A mediados del siglo XX la ciudad se expande hacia el norte y se funda El Lienzo del Charro de la Colonia Juárez, mudo testigo del arte que mostrara durante la corrida del Carnaval Manuel Benítez, El Cordobés. Un joven que recién cumplía los quince años y era el encargado de mover los toros hacia el ruedo, conocido por su origen como "El San Marqueño", me dice que hubo un lleno total en una plaza a la que se le tuvo que agregar entablillados para meter más gente. El Cordobés dio tal faena que indultó al último toro, momento que aprovechó el chiquillo para lanzarse al ruedo con su capote logrando la hazaña de dar un pase al toro, antes de ser retirado por la policía por ordenes de Manolo Osuna Sánchez. Aquello captó la atención del público que ovacionó su osadía; aunque era una falta de respeto hacia El Cordobés, este no se molestó. El San Marqueño recogió el dinero que el público le arrojó y todavía se dio el lujo de acompañar a la cuadrilla española al aeropuerto donde "El Cordobés" abordaría su propio jet; en el trayecto, dice, le ofrecieron empleo y la promesa de enseñarlo a torear. Con la expansión del turismo en el puerto, se ampliaron las posibilidades para un coso más acorde, además, como casi todos los visitantes extranjeros nunca habían estado en una corrida, el hacerlo era como una "obligación"; fue así como nació la plaza Eduardo Fontanet y era tanta la asistencia que había suficiente clientela para otro coso portátil del empresario taurino Lic. Capaceta, armado frente al hotel Holiday Inn, ambos presentaban grandes carteleras. Con la discontinuidad de la tradición viene el cese de la presentación de toreros de renombre pues a últimas fechas se ha reducido a rejoneadores y el famoso conjunto de los "Forcados Mazatlecos", organizados originalmente por Manolo Laveaga y otros mazatlecos como el cabo René Tirado. José Alameda, en "Crónica de Sangre" , anota que el 2 de abril de 1922 en Mazatlán fue cornado el novillero Jerónimo Cruz alias el "Barquero" y cuyo toro homicida provenía de la ganadería de J. Conde; este es el único torero del que se tiene noticia haya muerto por cornada en un coso mazatleco. La fecha conmemora la derrota de los franceses en Puebla por el ejército mexicano al mando del general Porfirio Díaz en 1867, incluso, al dictador se le conocía como el de "Héroe del 2 de Abril". Varios historiadores del toreo afirman equívocamente que Barquero nació en San Fernando de Cádiz en 1782 siendo cornado en Mazatlán el 2 de abril de 1822, muriendo a resultas de las heridas 6 días después ; al amparo del simbolismo del 2 de Abril y la obra de Joaquín Sánchez Hidalgo Villalobos despejaremos dudas, confirmando y ampliando los datos de Alameda. La plaza Rea, sitio donde fue cornado "Barquero", estaba frente al Panteón de los "Protestantes", hoy parque "Ángel Flores" y cercano a una fábrica de cerveza, época de la que Sánchez Hidalgo dice: "Por el ambiente taurino de Mazatlán, desfilaron casi todas las medianías de coletudos que llegaban al País de España; recuerdo entre los matadores a Cervera Prieto, el Colorín, el Camaleño, Varita, Algabeño, el Cheché, (…) entre muchos otros…" "Junto con los matadores venían sus banderilleros y picadores de pintorescos alias: el Farfán, el Rizao, el Trescalés, el Chicorrito y muchos más, que deambulaban por calles y plazuelas vestidos de "Majos" con pantalones ajustados a caderas y busto; faja de seda de color detonante a la altura del pecho; camisas bordadas con encajes, alamares y botones de "vidriantes"; chaquetilla corta de terciopelo; sombrero calañez en forma de queso; grueso bastón y enorme puro en los labios, contoneándose salerosamente, con lo que las pollas mazatlecas de entonces, se volvían locas por sus "andares". En otra referencia leemos sobre el arribo de "Barquero" cuando llegó "un sevillano, llamado Antonio Ortiz, alias el "Morito" y otro que respondía cuando lo llamaban Gerónimo (sic) Cruz, alias "El Barquero" y que era aragonés por los cuatro costados", dato que contradice que era "oriundo de San Fernando (Cádiz) y nacido hacia el año de 1782" Lo correcto entonces sería nacido en 1882 en Aragón. "No quiero entrar en detalles acerca de su arte, por que la estrechez de esta relación no me lo permite; pero sí les digo que el primero practicaba la alegre, espectacular y artística escuela sevillana y el segundo con su estilo seco, pero efectivo de torear, seguía la escuela rondeña, que son distintas hasta por la forma de tomar el capote; según dicen los entendidos en materias taurinas". Es probable que el origen de Barquero se haya confundido con su estilo sevillano de torear. "Los dos toreros que aquí entre nos, eran buenas gentes y perfectos caballeros, contrajeron matrimonio civil y eclesiástico, con dos bellas señoritas mazatlecas, miembros de conocidas familias y establecieron su hogar, radicándose en la ciudad, terminando así sus actividades taurófilas". "Tanto el Morito como el Barquero, adquirieron por su matrimonio sendas propiedades; el primero un rancho situado cerca de Villa Unión y el segundo fincas urbanas ubicadas en un lugar que no quiero acordarme…" En conversación personal con el Profesor Luís Robertson me confió que en los años veintes, su tía abuela Bessie Bunker Hart, de ascendencia alemana, tuvo amores con el "El Morito", propietario del rancho "Las Labradas", Thomas Robertson, hijo de la Sra. Bunker le había enviado $5,000 pesos con instrucciones de comprarle una casa frente al mar, pero que en su lugar adquirió el rancho del amante. Aurelio de los Reyes descubrió recientemente un rarísimo programa de toros que hiciera el célebre impresor José Guadalupe Posada donde "la corrida del 29 de octubre de 1905, para la Plaza de Toros México, anunciaba con bombo y platillos la "Presentación del valiente matador de toros Antonio Ortiz " Morito" ." Pero regresemos a lo que el cronista nos tiene que decir sobre la tragedia del Barquero, "Por aquel tiempo llegó en mala hora a Mazatlán, un viejo torero a quien apodaban Paquiro, que era muy amigo del Barquero y que, de paso para la Baja California, venía en muy malas condiciones pecuniarias". "Gerónimo que había hecho conmigo una gran amistad y que tenía un gran corazón, procedió incontinenti a organizar una corrida de toros a beneficio del mentado Paquiro, como ayuda para su amigo y paisano, a quien conocía desde su niñez, según me platicó el mismo Barquero y, tan buen amigo era, que se brindó a torear dos de los cuatro bureles que se pidieron al Estado de Nayarit, entre los cuales mandaron un enorme torazo de seis años, a quien habían puesto el mote de Canario debido a su color, pero que ya había sido toreado y por lo tanto era sumamente peligroso volverlo a lidiar; cosa que a nuestros toreros no pareció impresionar mucho, a lo menos no lo demostraron; pero sí nos dio qué pensar a varios aficionados y a mi, que temíamos que pasara, como pasó, un desaguisado de consecuencias." Sobre esto de los toros que ya han sido lidiados con anterioridad dice Hemingway: "La lidia de toros se basa en el hecho de que es el primer encuentro entre el animal salvaje y un hombre a pie. Esta es la premisa fundamental de la lidia moderna; que el toro nunca antes haya estado en coso alguno. En los albores del toreo, a los toros les era permitido lidiar de nuevo y fueron tantos los hombres que murieron en el ruedo que el 20 de noviembre de 1567, el Papa Pío V emitió una bula papal excomulgando a todo aquél príncipe cristiano que permitiera corridas de toros en sus países y negando los santos óleos a cualquier persona que muriera en el ruedo. La Iglesia sólo accedió a tolerar las corridas de toros, las cuales continuaron normalmente en España a pesar de la bula, cuando se acordó que los toros sólo deberían aparecer una sola vez en el ruedo". Nueva España, según Bernal Díaz del Castillo, sí observó la bula papal. "Yo traté de disuadir al Barquero para que no volviera a los ruedos después de varios años de haber abandonado la profesión; le hice notar que sus facultades habían mermado con la edad (…) pero a eso me contestó Gerónimo muy salerosamente: mía niño, (el niño era yo), yo etoy entoavía frente ar toro, ma quieto, ma quieto… que si etuviera inmóvil", y describía una verónica muy ceñida ante un toro imaginario y, por lo tanto no me fue posible hacer más, para que desistiera de la aventura; el mismo torero estaba marcando su destino". "La tarde de la corrida el Barquero, con aquel corazón que no le cabía en el pecho; con la hombría digna de mejor suerte y con su arte seco, pero seguro, lidió y mató al primer toro, pues su antigüedad así lo autorizaba sobre el Paquiro; y a este le correspondió un segundo lugar el famoso Canario, que desde que salió por la puerta de los chiqueros, demostró a las claras la mala clase que se traía y para no alargarles el cuento, cuando el Paquiro a la hora de matarlo se vio comprometido en un lance, el Barquero, por compañerismo, por su amistad, por la mala suerte o por que el destino así lo había marcado, ya que el toro no le correspondía, en un quite que le hizo el Paquiro, fue cogido por el Canario, zarandeado en la punta de las astas y arrojado como un costal viejo contra el redondel." "El pobre Barquero falleció en una cama del antiguo Hospital Civil a resultas de la cogida que era mortal de necesidad, según nos explicó el Director del Nosocomio Dr. Adolfo Lizárraga, a otro aficionado y a mí". "Así acabó sus días mi buen amigo, el bravo torero rondeño, Gerónimo Cruz, alias el Barquero Q.E.P.D. y que tanto amaba a Mazatlán." En otra ocasión platicaremos de Pedro Espejo, un torero sevillano que casi tomó carta de naturalización en Mazatlán y la suspensión de las corridas de toros en México en los tiempos de Carranza y la corrida en honor a los marinos sudamericanos y cubanos que trajeron los restos del poeta Amado Nervo a México. Termino con la frase que escuchaba en la radio en la voz del cronista Pepe Alameda: "El toreo no es graciosa huída, sino apasionada entrega".
Fuentes:
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Hemingway, Ernest, Death in the Afternoon, Granada Pulblishing Ltd. London (1932) 1982. Traducción mía. pp. 20.
Sánchez Hidalgo Villalobos, Joaquín, Mazatlán de Antaño (Venadolandia); 2ª edición privada, México, 1959. pp. 102
Olea Héctor R. Breve Historia de la Revolución en Sinaloa. Biblioteca del Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, México 1964. pp. 53.
Páez, Leonardo, cita a Mario Peñalosa en el periódico La Jornada, México, 12/4/2010.
Sánchez Hidalgo Villalobos, Joaquín, Íbid. Pp. 102.
Cole Insunza, Oses Las Viejas Calles de Mazatlán, edición Privada. Culiacán, 2004 Alameda José, Crónica de Sangre, 400 cornadas Mortales y algunas más; Grijalbo, México, 1981.
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Sánchez Hidalgo Villalobos, Joaquín, Íbid.
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Curiel, Gustavo, Revista Electrónica Imágenes del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM. http://www.esteticas.unam.mx/revista_imagenes/rastros/ras_curiel08.html Hemingway, Ernest, Ibíd. pp. 25.

TORERO MUERTO EN FESTEJO DEL EMPERADOR ITURBIDE (XXXX - 1822)

El 27 de septiembre de 1821, previo a la llegada al Zócalo de la Capital Mexicana, el Ejército Trigarante encabezado por los generales Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero,  había realizado su entrada triunfal a los linderos de la Ciudad de México, pasando victorioso a través de la Garita de Belén. Véase el arco del fondo. La imagen mostrada, enviada por Don Julio Romo Michaud,  registra ese emocionante y significativo momento.

http://www.mexicomaxico.org/zocalo/zocalo.htm

El 9 de marzo de 1988, don Armando Fuentes Aguirre (Catón) , el afamado historiador y prolífico escritor coahuilense, publicó en los mexicanos diarios “EL NORTE” y “REFORMA”, una brillante editorial de su autoría titulada: “La Otra Historia de México / Cuando lloran los valientes”, donde refiere, que estando todavía Agustín de Iturbide como Emperador de México, asistió a una corrida en su honor en la capital  (muy probablemente entre los años 1822 o 1823) , y donde se suscitó la muerte de un torero, refiriendo así la tragedia: << El domingo 2 de febrero, pese a que el día era frío y soplaba un viento pertinaz, Iturbide fue a la corrida de toros que en su honor se celebraba en la plaza que se construyó al efecto en lo que es hoy el Zócalo, y llevó con él a la emperatriz, a fin de acallar con su presencia los constantes rumores que ya corrían acerca de su abdicación. Ni un aplauso, ni una viva, se escucharon en la plaza cuando el emperador y su majestad la emperatriz ocuparon su palco. Comenzó el festejo, triste por el estado del tiempo y por los malos augurios que corrían. De pronto un grito de terror se escuchó en los tendidos. El toro acababa de coger a uno de los jóvenes toreros, y tendido en sus astas lo llevaba exánime por todo el ruedo, como un muñeco ensangrentado. Lo soltó al fin, y lo que los peones recogieron de la arena era sólo un cadáver. >>

 

Fuente:

http://busquedas.gruporeforma.com/elnorte/Documentos/DocumentoImpresa.aspx

PEDRO YUSTE DE LA TORRE "PEDRO PUYANA" (1776 - 1824)

Cortesía del historiador D. José Antonio Román Romero

Nació en Arcos de la Frontera, Cádiz, España en 1776, y falleció en Granada en 1824.  A pesar de haber nacido en el seno de una familia de ilustre abolengo, hacienda nutrida y poderosa, y gran influencia en la alta sociedad de su época, Pedro Yuste se aficionó a torear desde muy joven junto a los capeadores y varilargueros, casi todos procedentes de una extracción social humilde. Los prejuicios de su tiempo no le impidieron formar parte (como uno más entre todos los peones) de las más afamadas cuadrillas de subalternos que acompañaban a las primeras figuras del toreo a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. Los carteles de la plaza de toros de la Villa y Corte pregonaban su nombre en las temporadas de 1798 y 1804, de donde se echa de ver, por la importancia de este coso, que estuvo en el candelero desde muy joven. En 1824, cuando participaba en el ciclo de corridas convocadas para festejar el día del Corpus en Granada, erró en uno de sus célebres puyazos y vino a caer estrepitosamente sobre la arena del ruedo, con tan mala fortuna que se desnucó y perdió la vida casi al instante. (Crónica de don Juan José Zaldívar Ortega).

Refiere el erudito taurino, don Juan José de Bonifaz Ybarra, que << La novelesca vida de Pedro Yuste de la Torre, conocido en los medios taurinos como “Pedro Puyana el Mayor”, en el que no faltaron duelos, raptos e, incluso, deserciones y fugas a tierras marroquíes, encontró su punto final en una corrida de las celebradas en Granada en 1824 con motivo de la festividad del Corpus. Se trata de un torero más de leyenda que de vida real, digno de ser cantado en romances de ciego. " 

El historiógrafo y MVZ taurino Juan José Zaldivar Ortega, en su libro "Víctimas del Toreo"-Apartado de Picadores, páginas 61 y 62, refiere que: El Doctor Thebussen ha publicado su partida de bautismo y una serie de datos que constituyen su biografía. Pertenecía a una ilustre familia de dicha ciudad, establecida en ella en el siglo XVI, y notoria por su nobleza, bienes de fortuna e influencia social. En 1796, a los veinte años de edad era don Pedro un consumado galán, diestro en todas las suertes de ejercicios caballerescos, sin excluir el toreo, en que lucía como capeador y varilarguero, le hicieron olvidarse de todo género de convencionalismos, logrando aplausos en corridas de toros con profesionales. El hecho de que apareciera en los carteles de la plaza madrileña las temporadas de 1798 a 1804, fue la causa de que de la oposición de los padres de la ilustre doncella a quien don Pedro galanteaba a tal enlace, hasta el extremo de provocar un desafío entre el picador y el hermano de la dama, en el que éste llevó la peor parte. En este punto de gravedad sus relaciones, raptó a la muchacha, próxima a ingresar en un convento, promoviéndose gran escándalo en la población e intervino la justicia, y declarándose hidalgamente don Pedro autor del rapto, no sin haber depositado a la dama en casa de unos parientes. Por influencia de la condesa de Benavente, poseedora del ducado de Arcos, y por la índole disculpable del delito, pudo conseguirse la mitigación de la sentencia, que fue a servir cuatro años en el regimiento fijo de Ceuta. En 1805 partió don Pedro a cumplir la sentencia dictada por el juez de Arcos, pero al poco tiempo desertó, pasándose al lado moro. Su despejo y sobre todo su destreza en toda suerte de ejercicios físicos, le favorecieron hasta lograr el valimiento del emperador de Marruecos, Muley Solimán ben Mohammed, y mereció ser designado, como peritísimo jinete, para acompañar a los marroquíes que hacia 1807 vinieron a España para traer el rey Carlos IV unos caballos que le regalaba el emperador. Noventa años antes, el célebre diestro sevillano Manuel Ballón vivió un hecho similar, como todos sabemos y también novelesco. Todo en la vida de don Pedro Yuste de la Torre (Puyana el Mayor) es novelesco; pero las circunstancias de su vuelta al ejercicio de picador, y su actividad como tal tan sólo se hallan apoyadas en las tradiciones familiares que recogió el Doctor Thebussen, y apenas concuerdan con los pocos datos documentales que se tienen. Según el distinguido erudito, se celebró aquellos días de 1807 en Madrid una corrida de toros, y el fingido moro solicitó bajar al ruedo, lo que hizo con tanta fortuna, lo mismo con el caballo que con el capote y la espada, que mereció los plácemes de toros. Tan buena disposición removió a descubrir su verdadera personalidad, logrando cédula de completo indulto. Hecho semejante, con ligeras variantes, como ya citamos, le sucedió al célebre diestro sevillano Manuel Ballón (el Africano)

Refiere don José Antonio Román Romero en su Blog en Internet "De Hombres, Toros y Caballos" en una brillante editorial de nombre "La Leyenda del Picador Puyana", que, en la última década del siglo XVlll y primer tercio del XIX ejercieron la profesión del toreo dos picadores, parientes entre sí -según propia confesión-, llamados Pedro Puyana. Cuando ambos diestros coincidían en la Plaza madrileña, se les anunciaba, para distinguirlos, con el adjetivo del ''Mayor" y "el Menor", aplicándose el primero al más antiguo en el circo de la Corte. Aunque artistas apreciables ambos, distaron mucho de lograr la fama de Corchado, Ortiz, Rueda, Míguez Orellana, Herrera Cano y otros de sus contemporáneos; por tanto, su nombre fue poco menos que desconocido por los aficionados y aun los historiadores solían hacer de ellos una ligerísima referencia en sus libros. Pero a finalizar el siglo XIX el nombre de Pedro Puyana, "el Mayor", salió del olvido en que se hallaba y llegó a ser familiar a la afición moderna gracias a un escrito del "Doctor Thebussem", el eminente literato gaditano, de gratísimo recuerdo, artículo ameno, como todos los suyos, en él que pretendía demostrar que el citado picador no era otro que el noble caballero gaditano don Pedro Yuste de la Torre y Antúnez, hijo legítimo de los ilustres señores don Alonso y doña Jerónima, y ahijado de los señores marqueses de Torresoto. Una serie de vicisitudes, en que don Pedro Yuste intervino desde la edad de veinte años, originó sucesos como el rapto de una ilustre doncella, el desafío del raptador con un hermano de la joven, quien llevó la peor parte: detención, proceso y condena de Yuste. a servir cuatro años en Ceuta; su deserción y paso al moro, donde renegó de su religión, aprendió el árabe, llegó a relacionarse y tener valimiento nada menos que con el Sultán de Marruecos, que le designó para traer a Madrid unos caballos regalados al rey Carlos IV, quien mandó organizar fiestas en honor de los que componían la embajada, figurando entre éstas una corrida de toros -esto ocurría en 1807, cuando la Fiesta estaba suprimida-, en la cual solicitó permiso para rejonear, haciéndolo con tal maestría que al verse aplaudido por el propio rey Carlos IV y él príncipe de la Paz, se dio a conocer, manifestando no era berberisco, como denunciaba su vestimenta, sino el caballero español infortunado don Pedro Yuste de la Torre, que derramando gruesas lágrimas solicitaba del soberano el perdón por sus pasadas culpas. El rey se lo concedió en el acto, y una sensible condesa, compadecida de su infortunio, le obsequió con dos trajes completos de picador y un bolsón de seda repleto de onzas de oro. Desde entonces el caballero abrazó la profesión de varilarguero, adoptó el nombre de "Pedro Puyana" y murió en la Plaza de Granada, hacia 1820 a 22, desnucado de una caída del caballo. Este venía a ser el contenido del artículo de "Thebussem", quien terminaba haciendo un llamamiento a diferentes reputados escritores taurinos para que se sirviesen aumentar, corregir o enmendar los datos en el escrito esparcidos. Cayó en el vacío el requerimiento; ninguno de los escritores aludidos publicó una sola línea sobre el asunto, sin duda por estar convencidos de que él respetado maestro Pardo de Figueroa habría pisado en falso, basando sus afirmaciones no en documentos indubítatibos, sino en leyendas y tradiciones, fuentes aceptables para trábalos literarios, pero que nada cuentan en los históricos. Luis Carmeno y Millán, buen amigo del polígrafo "Thebussiom", debió manifestarle particularmente su disconformidad con el contenido del escrito, y no se volvió a publicar nada a ello referente. Desde que en el año 1888 apareció en la revista "La Lidia" el artículo del notabilísimo escritor gaditano, han sido muchos los escritores que del mismo tomaron referencias; Pedro Puyana, "el Mayor", no fue el caballero don Pedro Yuste de la Torre y Antúnez. Primero. Quien nació en la opulenta y señorial casa de los nobles Yuste de la Torre y fue ahijado de títulos de Castilla, forzosamente había de recibir educación propia de su rango: pues bien, Pedro Puyana, "el Mayor", picador de toros, era analfabeto, según consta en nóminas, firmadas a su petición por no saber hacerlo el interesado Segundo. Según el escritor. Yuste, enmascarado con el nombre de Puyana, comenzó a trabajar en Plazas en 1798. El verdadero Puyana ejercía el oficio desde 1794, y cuando fue a Madrid en 1797, lo hizo ya acreditado. Tercero. Yuste de la Torre nació en Arcos de la Frontera, según consta en la partida de bautismo. Pedro Puyana, "el Mayor", era natural de Jerez de la Frontera, según consta en todos documentos. Cuarto. Yuste se dedicó al toreo como deporte y por demostrar su bizarría. Pedro Puyana "el Mayor" lo hizo como medio único de vida, según confesión propia.
Quinto. En el escrito referente a Yuste se habla de corridas en Madrid en 1807 y 1808, a las que asistió el rey Carlos IV y el príncipe de la Paz. En él primer año, la Fiesta estaba prohibida, y cuando se dieron corridas en el segundo había abdicado Carlos IV. Sexto. Según el escritor, Puyana "él Mayor" murió en Granada en 1820 a 22; otros apuntes demuestran que trabajó en Madrid en 1823, y lo hizo en provincias hasta 1827. En los puntos citados basamos nuestra afirmación de ser legendario cuanto se refiere a Yuste de la Torre en relación con él toreo, y ninguna relación guarda con él profesional Pedro Puyana, "el Mayor", de quien ofrecemos unos breves apuntes biográficos. La primera vez que en documentos madrileños aparece el nombre de Pedro Puyana es en la relación de diestros que para trabajar en las Plazas de Aranjuez y Madrid son contratados en 1797. Este diestro, acreditado en Andalucía, donde trabaja desde 1794, inaugura su campaña toreando el 21 de mayo en la Plaza de Aranjuez, la que, construida por el Real Patrimonio, habíase inaugurado siete días antes. El 30.de mayo, o sea siete días después, Puyana picó por vez primera en Madrid, alternando con Manuel Jiménez, y haciendo constar que el piquero, natural de Jerez de la Frontera, era nuevo en esta Plaza. Gustó su trabajo y toreó en tanda o reserva todas las corridas, excepto la décima a décimo-tercera, perdidas por lesiones sufridas en la novena -16 de julio-, de la que salió con dos costillas fracturadas. Cuando apareció en el ruedo nuevamente, el 8 de octubre, fue objeto de nutridos aplausos, demostración evidente de la simpatía conquistada. Continuó sirviendo las corridas de toros, y algunos años también las novilladas, hasta terminar el año 1801, y el 11 de mayó presenció la tragedia de "Illo". En cierta poca afortunada biografía de este infortunado espada se dice que el toro "Barbudo" fue picado por Juan López y Pedro Puyana. Es incierto lo referente al segundo. Puyana, con Cristóbal Sierra, picaron los toros primero y cuarto únicamente: los picadores de "Barbudo" fueron López y Cristóbal Ortiz. En 1803 se presentó en Madrid un sobrino. Llamado como él, Pedro Puyana, y desde entonces se les añadió el adjetivo del "Mavor" y "Menor" para diferenciarles. Llegaron las fiestas reales de 1803; figuró "el Mayor" entre los piqueros relacionados para servirlas; pero noticioso de que pretendían prescindir de él, por favorecer a Antonio José Monje, protegido del primera espada José Romero, hizo le redactasen un memorial para el rey, rogando se le admitiese a trabajar, lo que le fue concedido. Por falta de espacio no copiamos este curioso documento, en él que el piquero manifiesta no tener otros medios de vida que el ejercicio de su arte. De sus andanzas en los años 1805 a 1814, que reapareció en la Corte, se tienen algunas noticias; se sabe prestó servicios en la ganadería de los Padres de la Cartuja, de Jerez de la Frontera, y por una ligera referencia del picador Manuel Cartón, consta estuvo algún tiempo trabajando en Portugal. Vuelve a Madrid en 1814, se ausenta en 1815 y sólo toma parte en dos corridas de 1816 -la décima y décimo sexta-, en las que aparece con síntomas de gran decadencia a causa de pertinaces fiebres en ese año padecidas. La Junta de Hospitales, deseosa de favorecer al antiguo y necesitado piquero, le ajusta por diez corridas en el año 1818. Sólo alguna corrida suelta torea en los años 1819 a 22, y en este último lo hace en la novillada del 8 de diciembre, en cuyo cartel se dice que "Pedro Puyana, "el Mayor", ha ofrecido esmerarse para no desmerecer en nada de su antiguo concepto". Novillos embolados picó el 31 de agosto de 1823, v si de ínfima clase fue la fiesta, aun pasó el pobre viejo por la amargura de verse anunciado en del 21 de diciembre, para picar embolados en unión de un aficionado, zapatero de profesión, apodado "Pinchapan", procedente de Mondoñedo. Esta fue la última fiesta toreada en Madrid por el que en tiempos hizo famoso su nombre. Tendrían qué ver los honorarios que cobraría el pobre lidiador jerezano en fiesta de tal categoría. Se reintegra el arrumbado varilarguero a su patria chica, y continuó algunos años más saliendo a las Plazas en corridas de menor fuste, teniendo noticia de que en él otoño de 1827 sano a picar en la Plaza de su pueblo, sufriendo una peligrosa caída, de la que le salvó el oportuno quite del matador Juan Fernández, "el Catalán . Aquí perdemos su pista, tal vez ésa fuese la última vez que vistiese la ropa de torear y terminase sus días en el asilo o en algún hospital, como les ocurrió a muchos lidiadores de su época. Esta fue, lector amigo, Ha vida en él arte de un lidiador nacido en humilde cuna, a quien novelescas referencias -abundantes en la historia del toreo- nos presentan como el ilustre personaje don Pedro Yuste de la Torre y Antúnez.
Fuente:
http://gestauro.blogspot.mx/
La leyenda del picador Puyana

JOSÉ FERREIRA GRILO (XXXX - 1825)

Solo para efectos ilustrativos

“Plaza de Toros”

José Jiménez Aranda (1837-1903)

Banderillero de toros portugués, que comenzó a actuar como tal en la temporada de 1817, recorriendo durante casi ocho años la mayoría de las Plazas de Toros de su país. En la temporada de 1825 recibió una cornada que le ocasionó la muerte. Es toda la información que tenemos. (Crónica de d. Juan José Zaldívar Ortega).  Al respecto de este personaje de la Fiesta, el eminente historiador, don Juan José de Bonifaz Ybarra refiere que << No he encontrado más datos de la muerte del portugués José Ferreira Grilo que el de su trágica muerte, ocurrida en fecha y lugar no concretados del año 1825.

Cita el historiógrafo taurino Juan José Zaldívar Ortega en su obra: "Más de Bernardo Gaviño" (Tomo II, página 79) que Manuel Ferreira Hernández (el Portugués), banderillero de novillos, nacido en Santa Cruz de Tenerife en 1817. El año 1835 recibió una cornada que le ocasionó la muerte. Al respecto me asalta la duda si éste Manuel Ferreira Hernández (el Portugués) nacido en 1917 y fallecido en 1835 no será acaso José Ferreira Grilo, nacido en fecha indeterminada y fallecido en 1825, ya que por su parte, don Juan José Bonifaz Ybarra no consigna entre sus víctimas de la fiesta el fallecimiento de Manuel Ferreira Hernández, luego esto me hace suponer con fundamento, que se trata del mismo rehiletero, que se llamaba, en su caso, de una u otra forma, y que habría de seguirse investigando.

SEBASTIÁN GARCIA (XXXX - 1825)

El matador Sebastián García fue confidente del rey Miguel I, de Portugal

Refiere el afamado erudito taurino hispano-zacatecano, Juan José Zaldivar Ortega en su obra “Víctimas del Toreo” (Tomo I-página 38).- Sebastián García, matador de toros español, que trabajó en Plazas de Toros de su patria por los años de 1816 a 1820. A pesar de tener buena figura y gran simpatía en el ruedo y fuera de él, su trabajo no era muy aceptable. En vista de ello, marchó a Portugal, toreando allí y haciéndose popularísimo. Hasta tal punto llegó su influencia en los medios más selectos de Lisboa, que fue confidente del rey Miguel I (1802-1866); al ser deportado este monarca a Quinta de la Loma vivió allí con él varios años. En cierta ocasión en que se verificaba una fiesta en una cerrada o entrenándose simplemente, recibió una gravísima cornada, hacia el año 1825, de la cual dejó de existir este torero, primero quizá de los que habían de tener una relación efectiva con la política.

MANUEL PARRA FERNÁNDEZ (1797 - 1829)

Solo para efectos ilustrativos

 “El redondel dividido”

D. Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828)

Torero que nació en Sevilla el 7 de Marzo de 1797. Tomo la alternativa mediante cesión de trastos el 16 de junio de 1828 de manos de los afamados “El Sombrerero” y “Panchón” con toros de la ganadería de Zapata y López Torrubio.  Fue corneado en el muslo al torear de muleta  en la Plaza de Toros de  Madrid el 25 de octubre de 1829 por el toro “Melenito” de la ganadería de don Lizarso Pérez Laborda (Otros cronistas afamados como d. Juan José de Bonifaz, refieren que de José Manzanilla), tercero en salir y de capa retinta. Falleció en Sevilla a resultas de la cornada y tras soportar una dolorosa agonía  un 20 de noviembre de 1829.

 

El distinguido cronista y doctor hispano-zacatecano (porque se le estima y se le recuerda con mucho afecto en ese mejicano estado), don Juan José Zaldívar Ortega, en su obra “4000 Toros”, al describir a “Melenito” , refiere del valiente espada lo siguiente:" El 25 de octubre de 1829,  el matador de toros Manuel Parra -nacido en Sevilla el 7 de marzo de 1797-, fue contratado en tercer lugar, para alternar con Juan León y Manuel Lucas Blanco, y tanto interés despertó, que se ajustó para competir  en plaza partida con Manuel Romero Careto, en septiembre y en octubre. El citado día 25 se celebró en Madrid una corrida de ocho toros; dos de ellos, uno de Gaviria y otro de Zapata, fueron picados por Juan Marchena “Clavellino” y Juan Martín, y muertos por Juan León; y los otros seis, dos de Guendulain, dos de Lisazo y Laborda y dos de Manzanilla, habían de estoquearlos, en competencia, Manuel Parra y Manuel Romero Careto. Al pasar de muleta Parra a su tercer toro, “Melenito”, retinto, de don José Manzanilla, de Puebla de Montalbán (Toledo), se le arrancó el bicho, lo embrocó y arrojó contra la barrera, y allí lo enganchó por el muslo, y lo tiró a la arena después de tenerlo suspenso unos segundos. Bastante mejorado, pero aun sin curar, el herido se trasladó a Sevilla; pero durante el viaje, que entonces era en diligencias muy incómodas y sobre malos caminos, se agravó, muriendo el 20 de noviembre de 1829, al día siguiente de su llegada a la bella ciudad andaluza de su nacimiento."

 

La crónica del maestro Juan José de Bonifaz Ybarra, reseña que, <<el 25 de octubre de 1829 se celebró en Madrid, en plaza partida, una corrida en la que tomó parte Manuel Parra Fernández. La res salida en tercer lugar, “Melenito” de nombre, de capa retinta, del hierro de José Manzanilla, le propinó una cornada que, aunque importante, no pareció pudiera tener irreparables consecuencias. Sin embargo, tras ser trasladado a su Sevilla natal, empeora su estado y fallece en dicha capital andaluza el siguiente 20 de noviembre de 1829. "

JOSÉ ORELLANA HIDALGO (1770 - 1830)

Solo para efectos ilustrativos

“Suerte de Recibir”

Obra del eximio pintor  sevillano  Manuel Rodríguez de Guzmán (1818-1867)

Picador de Toros nacido en Sevilla el 2 de marzo de 1770. José Orellana Hidalgo, habría de encontrar, ya veterano, trágico fin en la corrida celebrada en Madrid el 17 de mayo de 1830, como consecuencia de las heridas sufridas al ser empitonado por un toro. (Crónica de don Juan José de Bonifaz Ybarra de su libro Víctimas de la Fiesta) 

DIEGO LUNA IZQUIERDO (1788 - 1830)

Solo para efectos ilustrativos
“La Corrida”
Eduard Manet (1832-1883)

Picador que fue embestido por un  toro el 1 de julio de 1830 y que falleció días después a resultas de las lesiones. (Fuente: Accidentes Oculares en la Tauromaquia I de 1801 a 1941 de los Doctores Puertas y Celis)

El erudito taurino, don Juan José de Bonifaz Ybarra, refiere de este picador, que << Vio su primera luz en la ciudad de la Giralda (Sevilla) el 10 de abril de 1788, Diego Luna Izquierdo, y moriría en la Villa y Corte, como resultado de las graves lesiones que le produjo un toro de Gaviria, al desmontarle con violencia de su montadura, el 1 de julio de 1830. "

Don "José Alameda", el afamado abogado, escritor y cronista taurino español, radicado en México, y que llevó por nombre verdadero, el de Luis Carlos Fernández y López Valdemoro, por alguna razón hace fallecido al picador Diego Luna Izquierdo, el 1 de junio de 1830 en Madrid, por un toro de la dehesa de Zapata. (Fuente: Crónica de Sangre-400 Cornadas Mortales y algunas más/Editorial Grijalbo/ 1981/ Página 49)

El historiógrafo taurino Juan José Zaldivar Ortega, en su libro "Víctimas del Toreo"-Apartado de Picadores, página 63, refiere que: Diego Luna, picador de toros sevillano, nacido hacia el año 1787, falleció en Madrid, a consecuencia de un tremendo batacazo, cuando contaba 43 años de edad. El (01-07-1830) -en la imagen de abajo parece el año 1850 ¿?-, siete años después de haber tomado la alternativa en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, el (30-05-1823), se presentó en la Plaza de Toros de Madrid donde su nombre había llegado con rumores muy elogiosos, el citado día 1 de julio. En una vara, el quinto toro lo volteó con el caballo tan desgraciadamente que, retirado a la enfermería sin conocimiento, falleció a los pocos días, hacia el 7 del citado mes.


Diego Luna se quedó solo. El matador lejos del percance, el alguacil y presumiblemente su hijo, mirando, y desde el callejón hay quienes pretenden lanzarle objetos al toro...

Citan en el libro "Necrología Taurina", segunda edición, de Tomás Orts Ramos, "El Niño de Dios" (1866-1939) y publicado en 1889: Diego Luna.- La primera vez que pisó este picador la plaza de Madrid, el 1 de julio de 1830, el quinto toro, de la ganadería de Gaviria, le arrojó de tal modo al tomar una vara que falleció a los dos o tres días.
http://bibliotecadigital.jcyl.es/i18n/consulta/registro.cmd?id=14529