DIEGO DE LOS RÍOS (XXXX - 1570)

Don Diego de los Ríos y Guzmán

Retrato anónimo de cuerpo entero del que fue segundo conde de Fernán Núñez, gobernador de Sanlúcar y defensor de las costas andaluzas ante los ataques ingleses, datado en el siglo XVII.

Cortesía del Sitio Web: http://www.eldiadecordoba.es

El erudito taurino español, don Juan José de Bonifaz Ybarra, en su obra “Víctimas de la Fiesta” (Capitulo 7 - Hombres de campo y plaza, espontáneos y aficionados - Página 187) refiere,  que, << Diego de los Ríos fue un aristócrata que construyera a su cargo una plaza de toros en Córdoba durante el último tercio del siglo XVI- la que no llegó a inaugurarse- , quien falleció por aquellos años como resultado de una cornada. >>

La pintura en restauración, por “La Asociación Cultural Los Ríos” que pertenece a los fondos del Palacio Ducal de Fernán Núñez de la localidad de la Campiña Sur, pudiera ser la del lidiador a que hace referencia don Juan José de Bonifaz Ybarra, supuesto que habría de confirmarse,  y que agregaría un valor taurino,  a este ya de por si, tesoro de la historia española. 

Refiere el erudito taurino, don Juan José Zaldívar Ortega, en su obra: "Víctimas del Toreo" apartado de "Picadores", que << La primera noticia que tenemos de una víctima por asta de toro se produce al parecer dicho año de 1570, en la persona del aristócrata cordobés don Diego de los Ríos, quien construyera a su cargo una Plaza de Toros en la ciudad de Córdoba, que estaba previsto nominarse de la «Corredera», que no llegó a inaugurarse. >>

FRANCISCO JIMÉNEZ (XXXX - 1581)

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Antigua Catedral de Quito, Ecuador

Cortesía de Ehoising/ http://.tripadvisor.es

Francisco Jiménez, murió despedazado por un toro cerca a la puerta de la Catedral (se refiere a la de Quito, en Ecuador). Dos más murieron en las astas de los toros: uno, estando metido en un cajón de madera y cercado el circuito, entró al Cementerio un toro de las fiestas y yendo al sitio donde estaba el hombre lo sacó del cajón y lo destripó. El otro así mismo en una corrida, arrimado a la puerta por donde salían los toros surgió uno con furia hasta la esquina que está en la cuadra de San Agustín y de allí volvió a la plaza y embistió al hombre que estaba arrimado a la barrera, matándolo en el acto. Fuente: David Alemán,  de su editorial (Quito/XII/1999) "Unas palabras sobre el origen de la fiesta y las vacadas en el Ecuador" fundamentado en la obra de Ricardo Descalzi (La Real Audiencia de Quito Claustro en los Andes, serie primera Historia del Quito Colonial, volumen primero Siglo XVI, R. D. del Castillo, Quito, 1978)  

DIEGO DE TOLEDO (1573 - 1593)

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Antonio Álvarez de Toledo y de Beaumont, n.1568-m.1639, 6º conde de Lerín y condestable de Navarra (1588), 5º duque de Alba de Tormes y 3er duque de Huéscar, G.E. (1585). Era medio hermano del fallecido en el ruedo,  don Diego de Toledo

Don Diego de Toledo, nació en 1573 y murió el 20 de mayo de 1593, fue hijo de ganancia (bastardo) de don Diego Álvarez de Toledo, Quinto Conde de Lerín, y de una desconocida que probablemente sería de noble alcurnia, murió en Alba,  desgraciadamente de un encuentro de un toro en las bodas del duque, su medio hermano Antonio Álvarez de Toledo, Quinto Duque de Alba. La primera referencia histórica de un percance en un ojo se originó a la suerte tan atroz como la sufrida por el hermano de un duque de Alba, don Diego de Toledo. Quiso éste salir a rejonear unos toros en las fiestas que hubo en ocasión de la boda de su hermano. Le avisaron ya de que no lo hiciese. El desenlace de su empeño también se lo debemos al cronista Zapata: "Trajeron aquella mañana por las calles un toro ensogado, que se entró por la casa de Alba y en el aposento de don Diego, topeteó cien veces con la cama de don Diego, hizo pedazo los colchones, sácale del cuerpo lana, y sale en los cuernos con las dos almohadas. Otro día va a oír a misa don Diego, híncase de rodilla ante el altar, húndesele la tierra y húndese él con ella, que se vieron en trabajo de sacarle. Otro día, traen un muy buen caballo del duque de Alba, su hermano, puesto ante él comienza el caballo a temblar, y cáesele muerto delante, y por esto le suplicaron mucho todos que no saliese a torear. No fue posible, y le acaeció otro caso, que los sacristanes que habían de repicar por su honra y regocijo, al entrar él en la plaza, comienzan a doblar a muerto, como si le llevaran a enterrar, en fin, que en ese ambiente comienzo don Diego a enfrentarse al primer toro. Con un garrochón, paró a un toro el hierro en la frente, que no acertó a descogotarle; dio un rebufo el toro en alto, se vuelve el garrochón, y escurre por su misma mano y dale con el cuento en un ojo, y pásasele, y la cabeza y sesos, y sálele envuelto en ellos por la otra parte, y al caer muerto se le quebraron dos costillas sobre su misma espada. ¡Quién creyera que con sus mismas armas se había de matar por sus manos, y que su ojo mismo diera puerta y paso a tanto daño!

JUAN DE TARSIS " CONDE DE VILLAMEDIANA " (1582 - 1622)

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Muerte del Conde de Villamediana, don Juan de Tarsis.Al fondo, las gradas de San Felipe el Real.
Cortesía del Sitio Web: http://www.urbanity.es

Refiere el erudito taurino don J. Sánchez de Neira en su obra “El Toreo: Gran Diccionario Tauromáquico” que << En función del rey D. Felipe IV, celebrada en Madrid en octubre de 1638, D. Juan de Tarsis, conde de Villamediana, rejoneó un toro con notable destreza, y preciándose de habérsele ofrecido, ó brindado, como decimos hoy, a la reina, asi como de otros escandalosos galanteos dirigidos a la misma, apareció una noche en una calle, junto a las gradas del convento de San Felipe el Real, muerto a puñaladas. >>

Nos queda de tarea el investigar a fondo la fecha exacta del festejo en que suceden los referidos galanteos de don Juan a la reina, y que el historiador J. Sánchez de Neira sitúa en su obra "El Toreo: Gran Diccionario Tauromáquico" en el año de 1638, en razón que las biografías existentes sobre este personaje lo hacen asesinado en 1622.

Al respecto, copio y pego parte de su biografía, que aparece en la en la Internet en la página de la Wikipedia (Enciclopedia Libre): http://es.wikipedia.org/wiki/Conde_de_Villamediana

Juan de Tassis (o Tarsis) y Peralta, II Conde de Villamediana, (Lisboa, 1582 - Madrid, 21 de agosto de 1622), poeta español del Barroco, adscrito por lo general al Culteranismo, si bien siguió esta estética de modo muy personal. Fue hijo de María de Peralta Muñatones, y de Juan de Tassis y Acuña, Correo Mayor del reino que gracias a su labor como organizador del servicio de postas había recibido el título de nobleza en 1603. Villamediana vivió en el ambiente palatino desde su infancia, recibiendo una excelente educación del humanista Luis Tribaldos de Toledo y de Bartolomé Jiménez Patón, quien dedicó su Mercurius Trimegistus a su pupilo. Gracias a sus dos tutores, gozó de una excelente formación en letras y de un profundo conocimiento de los clásicos y compuso algunos poemas en excelente latín humanístico. Pasó por la universidad, pero no realizó ninguna carrera. Cuando Felipe III fue al Reino de Valencia para celebrar su matrimonio con Doña Margarita de Austria, Don Juan le acompañó y se distinguió tanto que el Rey le nombró Gentilhombre de su casa. En Palacio conoció a la noble doña Magdalena de Guzmán y Mendoza, de gran influencia en la Corte como viuda de Martín Cortés de Monroy, II Marqués del Valle de Guajaca (Oaxaca), y como futura aya del hijo que iba a tener la reina; pese a la diferencia de edad sostuvo una relación con ella que terminó mal; un soneto anónimo que circuló por Madrid decía que no se portó muy bien con ella e incluso la llegó a abofetear en mitad de la representación de una comedia, delante de todo el mundo, por lo que se dice que Doña Magdalena siempre le amó y le odió al mismo tiempo. Trasladada la Corte a Valladolid, donde permaneció cinco años, contrajo matrimonio en 1601 con Doña Ana de Mendoza y de la Cerda, descendiente del famoso Marqués de Santillana, de la que tuvo varios hijos, todos malogrados. Al morir su padre en 1607 asumió el título y el cargo de correo mayor del reino. Pero por su talante agresivo, temerario y mujeriego adquirió pronto una reputación de libertino, dandy, amante del lujo, de las piedras preciosas, los naipes y los caballos, y llevó una vida desordenada de jugador, alcanzando una reputación de adversario temible sobre el tapete por su gran inteligencia. Sin embargo estos excesos le valieron dos destierros, fuera de por haber arruinado a varios caballeros importantes, también por sus fortísimas sátiras, en las que zahería sin piedad alguna las miserias de casi todos los Grandes de España, ya que como perteneciente al mismo estamento que ellos conocía bien sus defectos y flaquezas, y sabía por dónde atacarlos y hacer daño. El primero de sus destierros le llevó a Italia, donde estuvo entre 1611 y 1617 con el Conde de Lemos, nombrado virrey de Nápoles. Ya vuelto a España, atacó en varias sátiras la corrupción alcanzada bajo el validato del Duque de Lerma y don Rodrigo Calderón durante los últimos años del reinado de Felipe III, de forma que estos lograron del rey que le desterrara otra vez de la Corte en 1618, aunque esta vez a Andalucía, de donde regresó al poco al fallecer el Rey, favorecido como fue por el nuevo valido, el Conde Duque de Olivares.
Tuvo numerosas amantes, con las cuales llegó a veces a las manos públicamente, como en una ocasión durante el estreno de una comedia, y no se paró ante amoríos peligrosos como con una de las cortesanas del rey, una tal Marfisa, quizá doña Francisca de Tavara, bellísima joven portuguesa, dama de la reina y amante del rey. La leyenda afirma también que incendió premeditadamente el coliseo de Aranjuez mientras, durante las fiestas de celebración del aniversario del rey Felipe IV, se estrenaba ante la reina, el 8 de abril de 1622, una obra suya, La gloria de Niquea, inspirada en un episodio del Amadís de Grecia, para poder salvarla en brazos, ya que estaba enamorado de ella y aun tocarla siquiera estaba penado con la muerte. Existe también la leyenda de que se presentó a un baile con una capa cubierta de reales de oro, con lo que aludía a su suerte en el juego, y con la leyenda "Son mis amores reales", lo que era un triple sentido con la palabra reales muy peligroso para la época; con este título y sobre este episodio escribirá en el siglo XX un drama Joaquín Dicenta. Otra leyenda es la del origen de la expresión "Picar muy alto", que se cree se debió a las habilidades como picador del Conde, que al ser alabadas por la reina, el rey respondió: "Pica bien, pero pica muy alto" (con evidente doble sentido, debido a sus escarceos con la reina). Luis Rosales ha descubierto, además, que la Inquisición le abrió un proceso secreto por sodomía con algunos esclavos negros y conjetura que el rey Felipe IV ordenó su asesinato para evitar el escándalo, aunque muchos tenían sobrados motivos para desear su muerte, no ya por las sátiras o por haberles ocasionado la ruina, sino por problemas también de faldas, incluido el mismo monarca. Consciente de su carácter temerario y atrevido, un sombrío pesimismo aparece en la mayoría de las composiciones del Conde, quien escribió aquellos versos celebérrimos:
Sépase, pues ya no puedo
levantarme ni caer
que al menos puedo tener
perdido a Fortuna el miedo

Fue asesinado por Alonso Mateo o Ignacio Méndez, ballesteros reales que quedaron impunes a causa de la alta protección de que gozaban y se le sepultó en la bóveda de la capilla mayor del Convento de San Agustín, en Valladolid. Los promotores o autores intelectuales del crimen fueron Felipe IV o más probablemente el Conde-Duque de Olivares; el momento escogido fue cuando iba en un coche con el Conde de Haro por la Calle Mayor de Madrid; el móvil fue, quizá, evitar el escándalo del proceso secreto que la Inquisición levantó contra él; por eso el crimen quedó impune y se mandó guardar silencio sobre él. Pero el hecho causó sensación, y todos los poetas famosos se aprestaron a escribir epicedios en verso sobre el Conde, empezando por su amigo Luis de Góngora, quien atribuyó al rey la orden, continuando por Juan Ruiz de Alarcón, que lo acusó de maldiciente, y terminando por Francisco de Quevedo, quien, pese a ser enemigo suyo, escribió "que pide venganza cierta / una salvación en duda". Fueron inculpadas por sodomía y pecado nefando muchas personas, desde criados y bufones de varias casas aristocráticas hasta sus mismos amos, entre ellos el primogénito del conde de Lemos, quien logró poner mar por medio marchando a Italia para sobrevivir al castigo, si bien sus sirvientes pagaron con la vida la culpabilidad del amo, sucumbiendo en la hoguera el 5 de diciembre de 1622 en la plaza Mayor de Madrid cinco personas: un bufón al que apodaban Mendocilla, un mozo de cámara del conde de Villamediana, un esclavillo mulato, otro lacayo de Villamediana y don Gaspar de Terrazas, paje del insigne duque de Alba. Tras su muerte, sus cargos pasaron a su primo Don Íñigo Vélez de Guevara y Tassis, conde de Oñate, hijo de Pedro Vélez de Guevara y María de Tassis.
Una primera colección de sus Obras apareció en Zaragoza en 1629. Comprende poemas de asunto mitológico (Fábula de Faetón, largo poema de hacia 1617 compuesto en octavas reales del que Vicente Mariner tradujo doscientas veintiocho al latín en hexámetros; Fábula de Apolo y Dafne, Fábula de Venus y Adonis) que reflejan una clara influencia de Góngora; la comedia La gloria de Niquea (1622), basada en el Amadís de Grecia, y más de doscientos sonetos, epigramas y redondillas de tema amoroso, satírico, religioso y patriótico, en las que cultiva un particular conceptismo, mientras que reserva su también original culteranismo para los poemas en arte mayor. Una segunda edición fueron las Obras de don Juan de Tarsis Conde de Villamediana, y correo mayor de Su Magestad. Recogidas por el licenciado Dionisio Hipólito de los Valles. Madrid, por Maria de Quiñones a costa de Pedro Coello, 1635. Villamediana se sabía condenado a morir joven y en su poesía aparece este sentimiento fatalista plasmado a través del mito ovidiano de Faetón, en que también es posible observar un cierto complejo edípico respecto a su padre. Son sus temas poéticos predilectos el silencio, el desengaño, la temeridad, el mito de Faetón y todos los relacionados con el fuego. Se muestra especialmente introspectivo en las redondillas y suele acumular los pronombres personales en señal de desequilibrado narcisismo. Su lenguaje poético, esencialmente culterano, introduce cultismos nuevos que no aparecen en las obras de Luis de Góngora, que era amigo suyo. Escribió especialmente sonetos de diversos temas morales, amorosos y especialmente satíricos; algunos de los mejores son los dedicados a su destierro, como "Silencio, en tu sepulcro deposito...", que ha pasado a todas las antologías de poesía barroca.
También dedicó algunos esfuerzos a la traducción libre o parafrástica de dos autores: el italiano Gianbattista Marino y el portugués Camoens. Del primero tradujo los 552 versos de la Fábula de Europa, que se convirtieron en 732 más 58 de la dedicatoria. Del segundo cuatro o cinco sonetos. La vida y obra de Juan de Tassis ha sido estudiada por Emilio Cotarelo, Juan Manuel Rozas, Luis Rosales y otros autores.

Don Plácido González Hermoso, cronista taurino propietario del Blog "Taurofago" consigna en sus efemérides, que un 6 de julio de 1622 rejonea por última vez, en la Plaza Mayor de Madrid, el conde de Villamediana, D. Juan de Tarsis. Vivió en tiempos de Felipe IV y murió asesinado muy cerca de las gradas de acceso al convento de San Felipe el Real.

JUAN DE OVIEDO (1565 - 1625)

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Cortesía del Sitio Web: http://www.lablaa.org/blaavirtual/historia/gennrg/gennrg21f.htm

OVIEDO (D.Juan de).- Caballero del hábito de Montesa, nacido en Sevilla en 1565, persona muy instruida, y jurado de dicha ciudad, de cuya órden se construyó el matadero de la misma con una bóveda de trescientos piés de largo. Fue muy valiente y muy diestro con lanza a caballo frente a los toros y a los moros. Murió de un balazo en la conquista del Brasil, a los sesenta años de edad. (Crónica de don J.Sánchez de Neira de su obra: “El Toreo: Gran Diccionario Tauromáquico” / 1870)

 

Hurgando en la Bilioteca Virtual Luis Ángel Arango de Colombia, me tope con un escudo de armas que me pareciera corresponder a este heróico y valeroso personaje, ya que dice textualmente: << Otras son las que se hallan en el arte de hacer relojes de sol, dedicados a “Juan de Oviedo de la Bandera”, caballero del hábito de Montesa, Superintendente y Ingeniero mayor militar de fortificaciones de la ciudad de Cádiz y costa de Andalucía y jurado de la de Sevilla, que son: estandarte flamuloso, que parte el escudo, asida el asta de brazo armado, en medio de dos cabezas de moros, alta y baja, y en la otra mitad de mano derecha una llave y debajo otra cabeza de moro (Figura 97). El apellido de Bandera se halla por noble escrito en el catálogo de nobleza de Portugal…>>

 

Lo anterior se confirma con la lectura de la obra de don Víctor Pérez Escolano “Annus Mirabilis (1625) La muerte en Bahía de Juan de Oviedo y de la Bandera” y que describe entre otros hechos la recuperación española de Bahía, en el Brasil, invadida por holandeses,  adonde Juan de Oviedo y de la Bandera, destacado escultor, arquitecto e ingeniero sevillano encontró la muerte, y que se describe literalmente << estando ordenando con que ofender a sus enemigos (como ingeniero mayor) y alentando a los demás soldados, le halló una bala de una pieza (se refiere a un cañon) que le llevó la pierna derecha entera desde el nacimiento del muslo, de que murió (desangrado)  dentro de dos horas con muestras de gran cristiano en las manos del Padre Gaspar de Escobar de la Compañía de Jesús, cumplidos sesenta años el de 1625 con general sentimiento de todos especialmente de Don Fadrique de Toledo, gran general español que se halló presente. Hay indicios de que D. Juan de Oviedo esta representada en el hombre herido del cuadro de Juan Bautista Maino, al ser muerto en el puesto de San Benito.

Fuente: (http://fama2.us.es/earq/pdf/folletos/annus.pdf)

 

La investigación anterior nos llevaría a un perfeccionamiento en la redacción del erudito J. Sánchez de Neira, en el sentido de que fue un cañonazo y no un balazo lo que produjo la muerte de este heróico alanceador de toros.

25 MUERTOS EN LA CORRIDA REAL DE MADRID (XXXX - 1631)

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Toros en la Plaza Mayor. Anónimo, S. XVII (Museo Municipal de Madrid)

Cortesía del Sitio Web: http://www.historiademadrid.com

Apunta don J. Sánchez de Neira, en su obra “El Toreo: Gran Diccionario Tauromáquico” / 1870, refiriendose a una corrida real celebrada en Madrid, que << la corrida de por la mañana. La que se celebró en el año de 1631, tuvo para algunos desastroso fin, puesto que, según dice la historia, entre la algazara de los aplausos sonó la voz de « ¡Fuego! ¡Fuego!», acudió la multitud a una casa que ardía, se hundió la escalera  de la misma, y perecieron veinticinco personas, quedando muchas más heridas. >> (Se refieren a una casa lindante, que contaba con balcon con vista a la plaza donde se escenificaba la corrida). 

BERNARDINO DE AYALA " CONDE DE VILLALBA " (XXXX - 1643)

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Cortesía  de María Celia/ Sitio  Web: http://www.laguia2000.com/francia/batalla-de-rocroi

Cita el célebre historiador J. Sánchez de Neira en su obra “El Toreo: Gran Diccionario Tauromáquico, Tomo II” que << VILLALBA (Conde de).- Refiere la historia que D. Bernardino de Ayala, noble de los primeros, era en su tiempo uno de los más distinguidos caballeros en torneos, cañas y lidias de toros. Como oficial de las tropas españolas, hizo prodigios de valor en la célebre batalla de Rocroy, donde fue mortalmente herido. >>

 

D. Bernardino de Ayala y Guzmán, Conde de Villalba, cuya concesión de nobleza le fue otorgada por el Rey D. Felipe III  el 1 de mayo de 1617; fue hijo de Juan de Ayala, Comendador de Morralla y de Inés de Ayala, Señora de Villalba; y se enlazó, con Doña Francisca de Córdoba y Osorio,  con quien tuvo dos hijos, a saber: Martha de Córdoba y Ayala, y Bernardino de Ayala.

 

La batalla de Rocroy, contra los franceses, acaeció el 19 de mayo de 1643, donde perecieron casi todos los miembros de su heroico regimiento, llamado después con gloria, “Tercio de Sangre”, en combate junto a su maestre de campo, Bernardino de Ayala, Conde de Villalba.

LA MUERTE DE DON DIEGO (XXXX - 1645)

Iglesia de San Andrés Apóstol en Villanueva de los Infantes. Se encuentra en la Plaza Mayor y tiene un empaque catedralicio. Fue construida en el S.XVI en estilo gótico del último periodo, con la fachada de estilo clasicista de 1612. En su interior, en la capilla de la Virgen de la Soledad (antigua capilla de los Bustos) se enterró a Francisco de Quevedo, con su traje de caballero, su espada y sus espuelas de oro.
http://espanaeterna.blogspot.mx/2011/03/el-caballero-de-las-espuelas-de-oro.html

Hasta después de su muerte quedó ligada la memoria de Quevedo a cierto episodio histórico de las lidias taurómacas, que por ser escasamente conocido, vamos a trasladar de una biografía, puesta al frente de la colección de sus obras por su sobrino y heredero. Había recibido el célebre escritor, siendo secretario particular del duque de Osuna, virrey de Nápoles, unas riquísimas espuelas de oro, artísticamente cinceladas, como recuerdo de estimación del senado de Venecia por la dirección inteligente y reservada de cierto asunto de Estado, cometido a su pericia y cautela. Desterrado al fin de sus días a la torre de Juan de Abad, su señorío, y sintiendo los amagos de la muerte, otorgó su testamento, entre cuyas cláusulas era una la de ser amortajado con el manto capitular de la orden de Santiago Apóstol y calzadas las antedichas espuelas, y otra la de recibir sepultura provisional en la Parroquia de Villanueva de los Infantes, hasta que se dispusiera trasladar sus restos a la iglesia de San Marcos de León por sus herederos y albaceas. Constituido el cadáver del autor de "Política de Dios y gobierno de Cristo" en la mencionada parroquia, y colocado en lucillo aparte, por vía de fúnebre depósito hasta la determinación de sus ejecutores testamentarios, ocurrió en la villa una solemnidad, civil o religiosa, que se acordó por el concejo celebrar con una vista de toros, entre otras funciones y regocijos.

Uno de los hidalgos, regidor del cabildo por el estado noble, y comprometido a rejonear, pensó en las espuelas del difunto para lucimiento y adorno de su persona, y se dio maña para cohechar al sacristán de la parroquia a fin de que le proporcionase aquellas prendas, violando sacrílego la paz de la última morada. Cumplido este encargo por el instrumento de obra tan ruin, salió a la plaza el lidiador con las preciosas espuelas del eminente poeta satírico; pero en hora tan menguada que el primer toro que fue a herir le arrolló en su furiosa embestida, y recogiéndole del suelo en las astas, abrió en el cuerpo con ellas puerta fácil a la salida del alma; recibiendo allí la justa pena de un despojo, tan irreverente como inicuo. -Cabe aclarar que don Francisco de Quevedo murió el 8 de septiembre de 1645 en un cuarto del Convento de los Dominicos de Villanueva de los Infantes - Por entonces corrieron a este propósito, escandalosamente extendido, coplas y motes, y hasta epigramas en latín; citando el biógrafo, de quien tomamos la noticia, el final de una composición, alusiva al suceso, y que se atribuye a Torres Villarroel, que dice de esta manera:

"Y en medio del coso inerte
Paga su culpa en el punto;
Porque alhajas de difunto
Son propiedad de la muerte."

Fuente: Anales del toreo- Francisco Arjona- José Velásquez: Reseña histórica de la lidia de reses bravas: Galería biográfica de los principales lidiadores: Razón de las primeras ganaderías españolas, sus condiciones y divisas, página 73. (1868) http://bibliotecadigital.jcyl.es/i18n/consulta/resultados_ocr.cmd?id=2615&materia_numcontrol=&autor_numcontrol=&posicion=1&tipoResultados=BIB&forma=ficha

Otras fuentes citan que un presumido caballero llegado a Villanueva de los Infantes para participar en un festejo taurino, hurtó en mitad de la noche las espuelas de oro que el cadáver de don Francisco lucía, durante la exposición del cuerpo, mientras que otras versiones apuntan que solo las tomó prestadas, pagando una contraprestación económica al encargado de vigilar el cadáver. Al día siguiente, el caballero engalanado con las lustrosas espuelas no tuvo fortuna y un toro acabó con su vida. Fuente:
http://www.revistaclarin.com/308/operacion-quevedo-la-ruta-de-los-huesos/

En abundamiento de esta tragedia, comenta el historiógrafo contemporáneo don Pedro de Mingo, en su blog en la Internet: "España Eterna", en una hermosa editorial titulada: "El Caballero de las Espuelas de Oro" que: Está entre la leyenda y la historia, pero se dice que el extraordinario literato Francisco de Quevedo se hizo unas espuelas de oro para celebrar su nombramiento como caballero de la Orden de Santiago. Le fueron presentadas al insigne escritor en Italia y sólo las usó con motivo de su nombramiento como caballero de la Orden de Santiago para disimular su cojera. Quevedo fallece el 8 de septiembre de 1645 en el convento de los padres Dominicos de Villanueva de los Infantes, lugar al que se retira, ya muy enfermo, después de haber pasado cuatro años encerrado en un calabozo subterráneo del Convento de San Marcos en León por denunciar la política del Conde Duque de Olivares. Sus restos mortales fueron sepultados en una capilla noble de la Parroquia de San Andrés, dentro de la cripta de la familia Bustos.

Algún tiempo después, durante la celebración de un festejo taurino en la Plaza Mayor infanteña, el público allí congregado contempló asombrado a un joven caballero de la nobleza local que, dispuesto a la lidia de un toro a caballo como era costumbre en la época, lucía unas extraordinarias espuelas de un dorado intenso. Nada más salir al ruedo, el astado embistió con inusitada fiereza a montura y jinete derribando de muy mala manera a ambos. Al parecer, al joven caballero Don Diego sólo le quedó aliento para balbucear "...las espuelas...".

Se supo posteriormente que unos días después de la muerte de Quevedo, el malogrado caballero, tenía que torear en la plaza de Villanueva de los Infantes, y este se puso en contacto con el Sacristán de la parroquia, al cual le ofreció una cantidad de dinero si le conseguía las espuelas de oro de Quevedo. El Sacristán de la parroquia, profanó la tumba y le quitó las espuelas al cadáver, entregándoselas al caballero a cambio de la recompensa pactada. El destino vino a jugarle una mala pasada pues en el primer lance con el toro, este lo tiró al suelo y lo corneó hasta matarlo (Otros dicen que al espolear al caballo para citar al toro se le apareció el espíritu del difunto y el caballo permaneció inmóvil, siendo embestidos fatalmente). Desde ese momento nadie en el entorno dudó de que el trágico final del muchacho fuera provocado de alguna manera por el espíritu agraviado de Francisco de Quevedo. Por cierto que, tras la confusión del incidente taurino, nadie supo a ciencia cierta dónde fueron a parar las extraordinarias espuelas. Fuente:
http://espanaeterna.blogspot.mx/2011/03/el-caballero-de-las-espuelas-de-oro.html

PEDRO DEL CASTILLO (XXXX - 1682)

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Plazuela de Santa Ana en Lima, Perú

Cortesía del Sitio Web http://sisbib.unmsm.edu.pe

En la corrida celebrada en la Plazuela de Santa Ana (Lima) el 6 de mayo de 1682, el clérigo y aficionado práctico Pedro del Castillo sufrió una grave cornada, como consecuencia de ello murió nueve días después, el 15 de mayo de 1682. (Crónica de Dikey Fernández Vásquez) 

JUAN DE VELASCO (XXXX - 1697)

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Corrida de Toros (1869) de Mariano Fortuny Marsal

Refiere el erudito taurino, don Juan José de Bonifaz Ybarra en su obra Víctimas de la Fiesta- Apartado de Rejoneadores, que << El caballero en plaza, Juan de Velasco,  sufrió mortal cogida cuando actuaba en la plaza de Madrid el 6 de noviembre de 1697.

Don Juan José Zaldívar Ortega, en su libro "Víctimas del Toreo"- Apartado de Picadores, página 43, refiere que Juan Velasco (Velsaco), caballero rejoneador, que falleció en 1697 por asta de toro, tal vez después de quedar al descubierto de una caída durante su trabajo de colocar rejones.

JUAN DE ARANA (1680 - 1710)

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 “Un espectáculo taurino a base de una montería en el coso”

(Gacetilla Taurina de Zaldivar-Serrano Tomo II)

Olvidándonos de la sorprendente cifra de más de doscientos hombres muertos por asta de toros en España todos los años, a lo largo de los siglos XVI y XVII, nos encontramos con una interesante referencia que apunta : Torero de a pie fue Juan de Arana, al que se le conoce por una cita, altamente fiable, del polígrafo benedictino español Fray Benito Jerónimo Feijó o Feijoo y Montenegro (1676-1764), que es como sigue: "El famoso torero Juan de Arana -debió haber trabajado entre los años 1680 a 1710-, que se burló siempre de los toros feroces, acabó su vida en los cuernos de un buey manso" Don José Daza (1720-1785), natural de Manzanilla Huelva, quien fue picador de toros y jinete y, quien escribió el primer gran tratado del arte taurino, hace memoria de Juan de Arana, pero para dar a conocer que nada sabía de su habilidad e historia, porque murió víctima del toreo a principios del siglo XVIII. Cree que acaso por él se dirá el adagio: "Dios nos libre de un buey manso". Según "El Cossío", fue un torero nacido en el siglo XVII en Tudela (Navarra).

MIGUEL CANELO (XXXX - 1737)

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Obra del afamado pintor de Santander Miguel Macaya

En el libro "Sevilla en la Historia del Toreo" de don Luis Toro Buiza, refieren en las páginas 183 y 184, de Miguel Canelo.- Este torero nacido en el barrio de San Bernardo, era hijo de Diego Canelo y de Beatriz de San Diego, estaba ligado con los suyos a la familia de los Rodríguez Costillares por una firme amistad. Toreó en la plaza de la Maestranza de Sevilla con Juan Miguel Rodríguez, y en 1736, fue padrino de Miguel Rodríguez, uno de los hijos del ya citado Juan Miguel. Tuvo un hermano llamado Francisco que figuró unos años como oficial del Matadero, poseedor de la tabla llamada de los Alcaldes. Este fue padrino, en el año 1735, de un hijo de Juan Martín Garcés y María de Fuentes, consuegros de Juan Miguel Rodríguez, abuelo de Costillares. Miguel Canelo toreó en la plaza de Sevilla desde el año 1733 a 1737, y en este último pasó a mejor vida en circunstancias bien trágicas.

Según don José Daza, Miguel Canelo estaba integrado al grupo de toreros sevillanos que hacían su aprendizaje en el Matadero, esa ancestral Escuela del Toreo. Lidió en la plaza de Sevilla los años 1734, 36 y 37. Debió morir este último año, pues en las cuentas a él correspondientes figura una partida que dice: «A Francisco Canelo, hermano de Miguel, se le dan 675 reales por acompañar a Juan Santander, y en atención a haber muerto su hermano Miguel.» La orden de pago lleva fecha del (30-08-1737). Parece, pues, seguro que dicho año toreó aún algunas corridas, sin que se sepa acerca de su destreza y otras habilidades, pero lo cierto es que debe figurar a la cabeza de todos los lidiadores de a pie, por ser el primero que aparece mencionado como tal en documentos taurinos de la época profesional del toreo de a pie.
Fuente: Dr. Juan José Zaldívar Ortega
Agresivos y Poderosos Toros de Ayer
http://www.fiestabrava.es/pdfs/APT-1.pdf

La Real Maestranza de Caballería, que fundada en 1670 y cobró carácter oficial en 1725, tiene reales ordenanzas concedidas por el rey Felipe V, que el 14 de mayo de 1730 le otorgó el título de Real y el 2 de junio del mismo año nombró al infante don Felipe como hermano mayor. En el Baratillo, Arenal de Sevilla, se construyó la primera plaza redonda de madera, acabada en 1733, donde actuó el padre de los toreros sevillanos: Miguel Canelo, natural de San Bernardo, empleado de las caballerizas, que actuaba con Pepe el de Ronda. En Sevilla se mataron los toros a estoque antes incluso que lo hiciera Pedro Romero. Y nos han llegado los nombres de los primitivos matadores con estoque: Benete, Saavedra, Chamorro y Huevo.
Fuente:
http://www.sevillatoro.com/biografias_detalle.asp?id_biografias=40

MARCOS SÁEZ (XXXX - 1747)

Solo para efectos ilustrativos

Sevilla antigua a  finales del siglo XVI, Óleo sobre lienzo, 297x147cm, Museo de América (depósito del Prado). Cortesía del Sitio Web: http://.hastalamuerte.net

Refiere el ilustre cronista Juan José de Bonifaz Ybarra en su obra “Víctimas de la Fiesta”, que << De entre las brumas que rodean la historia taurina de mediados del siglo XVIII, llega la noticia, por vía del marqués de Tablantes, de la muerte en la plaza de Sevilla, el 12 de junio de 1747 del modesto subalterno a caballo Marcos Sáenz, sin que se conozcan otras circunstancias del luctuoso suceso. " 

En Sevilla en el año de 1747, entre los días 10 y 12 de Junio se corrieron 45 toros de diferentes ganaderías: Marqués de la Cueva, Bejarano, Hernández de la Coria, don Juan Antonio Maestre, don José Martínez y don Juan Briones. Participan los picadores de vara larga: José Daza, Antonio Rodríguez, José Hernández, Villa y MARCOS SÁEZ. "El día 10, un toro de don Juan Briones, después de dar muerte a dos caballos, en tercera puesta, derriba y arremete al picador Marcos Sáez, causándole la muerte en el acto". Lo curioso es la nota de gastos que este suceso registra: Un escribiente de la época llamado Tablantes, detalla las cuentas de la Maestranza por el óbito: "La muerte del picador Marcos ha originado los siguientes gastos: A la viuda, por un día que picó su marido: 425,00 reales. Por haber muerto en la plaza se pagan: 213,00 reales para el entierro. Propina a la señora viuda por orden: 550,00 reales mandados pagar por el señor Teniente Maestrante. Total: 1.188,00 reales. Que se descuentan de la donación del día 10 de Junio y se justifican con la señal de Cruz puesta por la señora viuda del picador Marcos Sáez en el recibo que se ha presentado". No conocemos el cambio de real a euro pero si, podemos hacer una elemental comparación: El matador, José Delgado "Pepe-Hillo", esa temporada había firmado una exclusiva, 10 corridas de toros, con los Maestrantes de la plaza sevillana por, 9.000,00 reales. (Esto es 900.00 reales por corrida; de donde se deduce que le dieron a la señora viuda de Sáez más o menos lo que cobraba un buen matador por una corrida)
Fuente:
Aquilino Sánchez Nodal/Varas de la Muerte http://deltoroalinfinito.blogspot.com/2010/09/varas-de-muerte-7-por-aquilino-sanchez.html

DOS TOREROS DESCONOCIDOS MUERTOS EN MÉXICO (XXXX - 1753)

Solo para efectos ilustrativos

Antigua Basílica de Santa María de Guadalupe en la Ciudad de Méjico, consagrada el 1 de mayo de 1709. En 1749 el templo recibió la categoría de Colegiata, lo que significa que para dirigirlo y atender a los fieles habría un cabildo o grupo de sacerdotes que trabajarían bajo el mando de un Abad. En 1904, en reconocimiento a la devoción de los fieles, el templo adquirió la categoría de Basílica. 

En febrero de 1753, don Domingo de Trespalacios, protector de la Colegiata de Guadalupe, consiguió licencia del Virrey Conde de Revillagigedo, el primero, para organizar una temporada de corridas de toros, que se verificarían en la Plazuela de San Diego y cuyo producto debería de aplicarse, íntegro, a la fábrica de la Colegiata. La tarde del día 19 del referido mes de febrero, se llevó a efecto la primera corrida con toros que no fueron malos ni tampoco buenos; no así los del siguiente día, que fueron muy bravos, hiriendo a uno de los diestros, mortalmente, e infiriendo serias contusiones a otros toreadores. A la semana siguiente, prosiguieron las corridas con igual entusiasmo en los días del 25 al 28, habiéndose lidiado toros de gran tamaño y bravura, los que ocasionaron la muerte de un torero y graves heridas a otro diestro... (Fuente: Historia del Toreo en México de don Nicolás Rangel, basado en el diario de don José Manuel de Castro Santa Anna, Capítulo XXVII, Páginas 137 y 138) 

EL CAPUCHINO (XXXX - 1769)

Solo para efectos ilustrativos

Obra del eximio pintor mexicano Francisco Montes Flores

“Paco Flores” (1919-1984)

Refiere don Nicolás Rangel, de la Academia Mexicana de la Historia, en su libro “Historia del Toreo en México-Época Colonial de 1629 a 1821”,  editado por la imprenta de don Manuel León Sánchez, Misericordia 7, México-D.F. 1924: " Que en razón del buen éxito de la temporada anterior, para la temporada de 1770 se autorizaron en México D.F., 12 corridas de toros que se verificaron del 5 de noviembre al 6 de diciembre de 1770, lidiando ganado de las dehesas de Toluca y de Nueva Galicia, resultando en estas temporadas heridos dos diestros (toreros de a pié auxiliados por cuadrilla de banderilleros y varilargueros con caballos), uno de los cuales, de mote “El Capuchino”, resultó muerto a consecuencia de las heridas recibidas " (y no da mayor referencia de su nombre, comienzo, y andanzas del difunto espada, pero si constancia eficaz  su existencia)

Reseña también que para la Temporada Taurina de 1770 las cuadrillas se formaron así:

Cuadrilla de a pié:

Tomás Venegas, “El Gachupín Toreador”, como Primer Espada; Juan Sebastián, “El Jerezano”, como Segundo Espada.

Banderilleros:

Julio de Figueroa “El Loco”, Juan de Mondragón, Juan Esteban González “Calacuaya”, José Castro, Pedro Pérez, Felipe Antonio Solar, Leandro González (de Cuautitlán) y Bernardo González (para torear en traje de loco, en una pipa, a caballo, a pié y muchas otras suertes del toreo).

Cuadrilla de a caballo:

Felipe Hernández “El Cuate”, José Dámaso de Arce “El Gitano” (de Querétaro), Juan Manuel Hernández (de Tlalpan), José Andrés Vidal (de Chalco), José Manuel Avendaño y Porraz (de Querétaro), José Antonio Vázquez (de Texcoco), José Antonio Reina (de Coyoacán), José Hernández “El Chino” (de México). Usando los picadores garrochas largas y cortas, rejones de quebrar, y hacían suertes tan gustadas como peligrosas.

Debe resultar sorprendente para muchos lectores, que no obstante la enorme distancia que separa a  México de España, y el aventurado medio de comunicación existente en aquellos tiempos, que la estructura de la lidia en México hacia 1770,  estuviere tan emparejada  con la tauromaquia española más avanzada,  y es que era muy del agrado de los españoles y del pueblo mexicano esta fiesta popular que llegó para quedarse, puesto que la primera corrida de toros se verificó en México el 13 de agosto de 1529 con el asentimiento de don Nuño de Guzmán y posteriormente de muchos Virreyes de la Nueva España, por lo que existió mucho movimiento de matadores y cuadrillas provenientes de España que actualizaban constantemente la tauromaquia azteca,  independientemente del traslado de reses de lidia hispanas que vinieron a cruzarse con el ganado bravo nativo de estas latitudes, siendo el primer ganadero de bravo en México el Lic. Juan Gutiérrez Altamirano, primo de don Hernán Cortés Monroy Pizarro Altamirano, quien obtuvo de éste, como repartimiento de sus labores como conquistador, el pueblo de Calimaya con sus sujetos y con otras estancias que había adquirido en el valle de Toluca, para formar la hermosa “Hacienda de Atenco”. Para poblar esas tierras con ganado bovino, lanar y caballar, hizo traer de Las Antillas y de España los mejores ejemplares, entre otros 12 pares de toros y vacas navarras como pié de cría, cosa que replicaron otros hacendados españoles que hicieron lo propio trayendo reses bravas a México de las más afamadas ganaderías españolas de aquella época, tradición de importación de sementales, vientres y otras modernidades reproductivas que perdura hasta hoy en día entre los ganaderos mexicanos de las más añosas nombradías, y que han procurado el traer a México la sangre del más fino bravo español y portugués, por lo que en 2009,  y a 20 años de cumplir la fiesta hispana de los toros 500 años de antigüedad en México, hemos de sentir verdadero orgullo de que el esfuerzo de nuestros antecesores, perdura y se agiganta en suelo azteca, una tradición que hermana a estas dos grandes naciones, y que fue impulsada en México también por don Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla y Gallaga Mondarte Villaseñor, Padre de la Patria, quien antes de encabezar la lucha armada de independencia, fue reputado criador de bravo, y amante de la fiesta de los toros.

Le correspondió al insigne maestro e ilustre erudito don Nicolás Rangel, nacido en León (Estado mexicano de Guanajuato), muerto en la ciudad de Cuernavaca (Morelos), el año 1935, consignar en su famosísima obra histórica denominada: «Historia del Toreo en México. Época Colonial, 1529-1821», editada en 1924, que «la primera corrida de toros se realizó en territorio de Anáhuac el (13-08-1529)». En la misma obra, don Nicolás Rangel sostiene los argumentos históricos para asegurar la fecha señalada, misma que anunció jubilosamente entre el distinguido grupo del que formaba parte, como lo era nada menos que el gran orador y hombre culto don Jesús Urieta, el finísimo poeta José Juan Tablada, Jesús Luján, Efrén Rebolledo, Ernesto Elorduy y muchos otros, cuya presencia habitual, hicieron famoso el todavía vigente Café Salón Bach y la Cervecería Salón del Comercio. Y sucedió que don Nicolás Rangel publicó la obra señalada el año de 1924, que incluía en el título del libro el mismísimo año de mil quinientos veintinueve, como lo señala el conocido cronista taurino mexicano don Manuel Montes de Oca «El Filibustero» (Diario La Afición, sábado 5 de junio de 1999, página 22). Sin embargo, el también importante historiador e investigador don José de Jesús Núñez y Domínguez, habiéndose ya publicado la obra de don Nicolás Rangel, encontró que en otra obra editada muchos años antes, se expone que la primera corrida de toros fue el 24 de junio de 1526. Núñez y Domínguez se apresuró a llevar el dato a don Nicolás y al conocer los datos, los hechos y su sustento histórico le manifestó que había que esperar a que la primera edición de su libro se agotara para poder hacer la aclaración en la segunda y poner las cosas en su lugar. Que de pues en firme que el día de San Juan Bautista (24-06-1526), se celebró la primera corrida de toros en el Continente Americano, en la Ciudad de México, ya que se saben fechas, nombres y lugares que precisan el nacimiento exacto de las corridas de toros en nuestro país. Es decir, que la primera noticia cierta de la celebración de una corrida de toros en tierras de América, concretamente en México, data del (24-06-1526). La contó Hernán Cortés en carta dirigida al Emperador Carlos V: "Otro día que fue de San Juan (24-06-1526) como despaché este mensajero llegó otro estando corriendo ciertos toros y en regocijo de cañas y otras fiestas…" (Textos originales del Dr. en veterinaria D. Juan José Zaldivar)

JOSÉ CÁNDIDO EXPÓSITO (1734 - 1771)

Fue un mulato abandonado frente al Orfanato-Casa de Expósitos de Santa María del Mar de Cádiz el 30 de noviembre de 1734  (y del que aún se cuenta que fue hijo de una dama de alcurnia de Cádiz y de su criado antillano), y que más adelante fue adoptado por un matrimonio de Chiclana donde vivió desde niño. Desde muy joven, se dedica al arte del toreo y se convierte en alumno de "Lorencillo”.  Toma la alternativa a los 22 años de edad en Madrid el 25 de mayo de 1756 de manos de Diego de Álamo “El Malagueño”.  José Cándido fue uno de los más famosos toreros de su tiempo, antes de "Costillares", "Pepe Hillo" y Pedro Romero.  Desventuradamente fue cogido por un toro de nombre  “Coriano” de una de las ganaderías de Bornos  (refieren algunos cronistas que probablemente era la de don Francisco Martínez Salido) en la plaza de toros de madera del Puerto de Santa María (Cádiz) del Ejido de San Francisco, frente a la calle de Santa Lucía, el 23 de junio de 1771. 

Cuentan los enterados,   que salió el quinto toro, bravo y seco con los picadores. Uno de ellos, apodado también “Coriano” (como el toro asesino), se adelantó para picarle, siendo derribado y cayendo al suelo a descubierto. Hizo el quite el banderillero Juan Barranco “Chiqulín”, a quien persiguió el toro, librándole de una cogida segura José Cándido. Tuvo éste la desgracia de resbalar y caer en el quite por cosa de haber pisado la sangre de un caballo, y bien fuera que por el golpe en la cabeza perdiera el sentido, o bien fuera estudiado el quedarse inmóvil como difunto, el caso es que el toro pasó sobre su humanidad, arrollándole, y al revolverse presto, para desgracia del torero, le recogió con las astas, enganchándole por los riñones, pasándole de cuerno, suspendiéndole por un muslo y arrojándole ya herido de muerte como un muñeco, a grande distancia y sin sentido. Murió diez horas después de sufrir estas dos horribles cornadas, en el fatídico número 5 de la portuense calle de San Francisco, a la 1 de la madrugada del siguiente día. Uno de sus dos hijos, Jerónimo José, también será matador,  y uno de los más famosos de finales del siglo XVIII al ser considerado  el creador de la “Escuela Chiclanera”. Fue el primer matador de toros fallecido en España, en una plaza edificada ex profeso para el desarrollo de la lidia. Está enterrado en la Iglesia Mayor del Puerto de Santa María. Dios le tenga en su Santa Gloria, por ser buen hombre, y gente de trabajo.

Don Juan José de Bonifaz, el ilustre cronista,  refiere de este personaje, que fue<< Figura cimera del toreo de segunda mitad del siglo XVIII, José Cándido Expósito, gaditano y mulato, fue contratado para torear en el Puerto de Santa María (Cádiz), localidad en que por entonces residía el 23 de junio de 1771. Se corrieron en tal fecha reses de un ganadero de Bornos (Cádiz) y el lidiado en sexto lugar propinó dos gravísimas cornadas a Cándido al realizar un quite al banderillero Juan Barranco (Chiquilín). Las heridas recibidas, en riñón y muslo, determinaron el óbito del espada a la una de la madrugada del siguiente día. "

Otras fuentes señalan, de ésta, que se considera la primera alternativa en la historia del toreo, que se dio hacia el 25 de mayo de 1758, para que el diestro José Cándido Expósito se convirtiera en matador de toros en la plaza de Madrid, siendo su padrino Diego del Álamo "el Malagueño", y atestiguando Juan Estreller, cediéndole el toro "Capitán", del hierro de don José y Miguel Jijón.
Fuente:
http://notasdelafiesta.blogspot.es/i2010-05/

MARÍA MARTÍN (XXXX - 1771)

Fotografía antigua de Fuenteguinaldo a efectos de ilustración.
Forma parte de la colección gráfica de la Fundación Joaquín Díaz.

El 3 de junio de 2014, recibí una amable carta del afanoso historiador español, Juan Tomás Muñoz Garzón, donde nos cuenta que: El 16 de junio de 1771, Juan Calvo de Villacorta, párroco de la villa de Fuenteguinaldo, localidad de la comarca de Ciudad Rodrigo con secular afición a los toros -son típicos sus encierros de reses bravas, antes en tiempos de carnestolendas y ahora en torno a la jornada feriada de San Bartolomé, en agosto- firmaba una partida de defunción en la que certificaba la muerte de María Martín, vecina de Fuenteguinaldo pero nacida en la 'f'reguesía' portuguesa de Nave de Haber, en el 'concelho' de Almeida, junto a la frontera española.

Estaba casada con Joseph Martín, de la misma naturaleza, y falleció, según consta en referido documento, "a causa del accidente de haverla maltratado un nobillo", pues una víctima del toreo. No especifica que la muerte fuera sobrevenida, pues recibió la extrema unción, lo que nos llevaría a suponer que el óbito se pudo producir como consecuencia de las lesiones inferidas por el citado novillo, tal vez en las celebraciones taurinas, habituales por cierto, vinculadas a la festividad del Corpus Christi.

MANUEL APIÑARI "EL TUERTO Ó EL NAVARRITO" (17XX - 1772)

Aguafuerte de D. Francisco de Goya y Lucientes que ilustra las habilidades que

Juan Apiñari tenía en la peligrosa suerte de la garrocha

En aquellos tiempos los toreros utilizaban garrochas, largas y potentes (ver el aguafuerte de Goya) con cierto parecido a las que ahora utilizan los atletas en los saltos de altura con pértiga, que les servían para impulsarse y saltar sobre los toros. Con frecuencia el palo se afirmaba en el suelo, pero otros más audaces lo apoyaban sobre el testuz del toro, lo que hacía la antedicha suerte extremadamente peligrosa.

En este tipo de lance temerario sobresalió la familia Apiñari, Apiñani, Apináriz o Apillániz, de Calahorra (formaron la familia de toreros más extensa de su tiempo, y seis de ellos torearon en Pamplona a lo largo de más de veinte años) cuyos miembros fueron de los primeros en utilizarlo. Destaca entre ellos “Juanito”, inmortalizado por el ilustre pintor español Francisco de Goya.

Manuel Apiñari, llamado “El Tuerto”, o “El Navarrito”, fue uno de los toreros más famosos de su tiempo. Pendenciero y de licenciosa conducta, fue llevado a la cárcel de Orán, ciudad donde finalmente murió hacia 1772 en las astas de un toro.

De estos excelsos toreros cita el erudito Cossío en su tratado:

APIÑANIZ, Juan. - Nacido en Calahorra, formó siempre cuadrilla con sus hermanos. Estrenó la Plaza de Zaragoza y toreó en ella todos los años hasta 1770, excepto en 1767. Fue notable por su agilidad y soltura. Goya lo representó saltando a la garrocha en un bello aguafuerte.

APIÑANIZ, Manuel. - Hermano del anterior y nacido igualmente en Calahorra. Llamábanle "el Navarrito". Era aceptado por sus hermanos como jefe de cuadrilla. Era de los que sostuvieron la buena tradición del toreo navarro. Actuó en Zaragoza desde 1764 hasta 1770, excepto en 1767.

Fuente:
http://ifc.dpz.es/recursos/publicaciones/07/78/_ebook.pdf

MANUEL RENDÓN (XXXX - 1777)

Las dudas que ciertamente existieron sobre el fallecimiento de Manuel Rendón, inmortalizado por Goya en uno de los aguafuertes de su Tauromaquia, quedaron disipadas por Luis del Campo al concretar que se produjo como consecuencia de una caída del caballo ocurrida en el coso de Madrid el 16 de junio de 1777, que le produjo la fractura de la base del cráneo. Este varilarguero actuó repetidas veces a las órdenes del famoso espada Joaquín Rodríguez (Costillares). Fuente: Crónica de don Juan José de Bonifaz Ybarra de su libro Víctimas de la Fiesta.

MANUEL JOSÉ DE NORONHA "CONDE DOS ARCOS" (1740 - 1779)

Solo para efectos ilustrativos

La imagen corresponde a D. Pedro José de Alcántara de Menezes Noronha Coutinho, 4 Marques de Marialva,  quien era el padre de D. Manuel José de Noronha e Menezes “Conde dos Arcos”

Refiere el afamado escritor, editorialista, locutor y cronista coetáneo, don Ignacio de Cossío en una editorial de 2001 titulada: “Portugal, tierra natal del rejoneo a caballo”  que: “En 1792, se sitúa el hecho taurino más importante en la historia de la tauromaquia lusa: la muerte en Salvaterra de Magos, del Conde de Arcos y la venganza de su padre, el ilustre Marqués de Marialva, dando muerte al toro causante de la desgracia. El Marqués de Marialva fue uno de los personajes más famosos de la corte de don José I  Defensor de Lisboa tras los ataques argelinos después del terremoto de 1755, fue el jinete más eximio de su época, debiéndose a él el tratado "Luz da liberal e nobel arte da caballería" (1790). Tal fue la popularidad de este tratado, que al arte de montar a caballo se le llama en Portugal, "El arte de Marialva", y en extensión de éste, se le suele aplicar al arte de rejonear. En tierra extremeña de Magos, existía una gran tradición taurina, ya que en sus fértiles tierras pastaban numerosas ganaderías. Los Reyes de Portugal poseían en Salvatierra un palacio y dentro de éste una plaza donde celebraban corridas de toros. En una de éstas, encontró la muerte el Conde de Arcos, hijo de Marialva, tal y como citaba el novelista luso Rebello da Silva.”

 

Otro estudioso de la fiesta, don José Santos Alonso, en su obra “El Rejoneo” (Origen, Evolución y Normas) publicada en el año de  2005 por la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, México, refiere que la muerte del rejoneador, “El Conde de Arcos”, acaece hacia el año de 1762.

 

Por su parte otra fuente reputada en la Internet, como lo es el sitio: “Portal Taurino” de Sevilla, España, refiere de “El Conde dos Arcos” lo siguiente: “Torero y noble portugués. En 1750 celebrándose fiestas reales en Salvatierra, tuvo la desgracia de sufrir una terrible cornada que le dejó tendido en la arena. Su anciano padre (82 años) Marqués de Marialva, se arrojó al ruedo y con espada y capotillo en la mano izquierda dio muerte al animal.”

 

Refiere el cronista d. Juan José Zaldívar Ortega en una de sus obras: - El conde Dos Arcos, torero y noble portugués, de quien dice Sánchez de Neira: "La historia taurina del vecino reino de Portugal menciona un hecho de gran importancia referente al valiente adalid de dicho nombre... En 1750 celebráronse fiestas reales de toros en Salvatierra, tomando parte como caballero en plaza el referido, que tuvo la desgracia de sufrir una terrible cornada que le dejó tendido en tierra. En la corte y alto magnates que presenciaban la fiesta vióse aumentar el espanto que tal suceso produjo, al mirar que el anciano padre -como José-, que a la sazón contaba ochenta años de edad, marqués de Marialva, se arrojó de pronto al redondel, sacó la espada y con el capotillo o ferreruelo en la mano izquierda, fuese al toro con gran resolución; enmudeció asombrada la concurrencia, cuyos gritos y lamentos habían sido atronadores, como si temiesen ver una segunda catástrofe; pero el denuedo marqués, auxiliado por la Providencia, consiguió dar a la fiera tan tremenda estocada, que a los pocos pasos, y cuando Marialva se arrodillaba a besar a su hijo exánime, caía aquélla rodando para no levantarse más." Ésta anécdota dio asunto a una brillante narración del conde de Sabugosa, que es a la que sin duda alude Sánchez de Neira. Como pretexto, la trágica muerte del conde dos Arcos fue aprovechada por el marqués de Pombal influyendo en el Rey José, para que prohibiese las corridas reales.-

 

Analizando fechas y linajes, deduzco en lo personal, que el padre del misterioso  “Conde de Arcos” o “Conde dos Arcos”, rejoneador muerto en Salvatierra,  debe ser sin duda el cuarto Marqués de Marialva, “D. Pedro José de Alcántara de Menezes Noronha Coutinho”, quien vivió de 1713 a 1799, siendo también sexto Conde de Cantanhede,  mientras que su hijo “El Conde de Arcos” o “El Conde dos Arcos”,  debió ser don Manuel José de Noronha e Menezes ,nacido en Lisboa, Santa Maria dos Olivais  el  3 de junio de1740 y muerto en  Salvaterra de Magos en 1779 a los 39 años de edad,  y su padre, quien le auxilio con el toro, contaba  en esa fecha con 66 años de edad y no con 80 ni 82, puesto que todo indica que la muerte de su hijo acaeció en 1779 y él había nacido en 1713.

 

D. Pedro José de Alcántara de Menezes Noronha Coutinho, su padre,  fue el cuarto Marqués de Marialva ( hijo natural de D. Diogo de Noronha y de D. Joaquina Maria Madalena da Conceição de Menezes, la 3ª marquesa de Marialva)  y quien al casarse con Doña Eugénia de Assis Mascarenhas,  engendraron a D. Manuel José de Noronha e Menezes,  quien a su vez se caso con D.Juliana Xavier de Lancastre, 7ª Condesa Dos Arcos, de ahí su titulo nobiliario de “Conde dos Arcos”, quedando con esta investigación  en claro el nombre del Conde Dos Arcos  y rectificando la edad de su padre cuando sufrió la pérdida de su hijo. (Investigación del Ing. Leopoldo Peña del Bosque, ME)

 

El erudito taurino, don Juan José de Bonifaz Ybarra, refiere en su obra “Víctimas de la Fiesta-  Capitulo 5, Rejoneadores”, que “ Otro aristócrata, este de nacionalidad portuguesa, “el conde dos Arcos”, encontraría trágico fin hacia 1750 “ y es cuanto de él refiere, como si solo fuere para considerarlo.

MARIANO CEBALLOS "EL YNDIO ZEBALLOS" (17XX - 1780)

Toros de Burdeos I

“El famoso americano Mariano Ceballos” (1824-25)

Grabado de d. Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828)

Refiere el erudito d. Juan José de Bonifaz Ybarra en su egregia obra “Víctimas de la Fiesta”, que Mariano Ceballos (el Indio) << tras actuar en Buenos Aires en 1772, viene a España, en donde, al parecer, no saldría en el futuro. En Pamplona actúa en repetidas ocasiones en las corridas sanfermineras a partir de la celebrada el 10 de julio de 1775. Según José Vargas Ponce, este heterodoxo torero fue mortalmente corneado en la ciudad navarra de Tudela en 1780. Pienso que sería con ocasión de las fiestas de Santiago y Santa Ana, tras intervenir, como lo hizo, en las de San Fermín en Pamplona. "

Actuó en San Fermín en 1775, y en carta sin fecha se presentaba así: "siendo el suplicante matador de toros, banderillero de a pie, y a caballo con la singularidad de entrar en la plaza en un arrogante caballo desde el que enlazará, amarrará y ensillará un toro, y montado en él tocará una guitarra, y con vara larga picará a otro que se le sacará, y después de matar al en que va montado hará lo mismo al otro". El informe del Ayuntamiento refiere  “que todo lo hizo bien, cobró la extraordinaria cantidad de mil reales de vellón, y vendió en cuarenta reales la res que le correspondió”.

El erudito español don José Sánchez de Neira  refiere que <<el 10 de noviembre de 1777, Juan Gutiérrez “El Montañés”  picó en una corrida de toros en Madrid en la que alternaron “Pepe-Hillo” y “Costillares”, además del indio peruano Mariano Ceballos, que ensilló, montó y desmontó, quitándole además la silla, a un toro. En los San Fermines de 1779, Ceballos ensogó en la taconera un toro que se había escapado del coso, y a principios del siglo XIX murió en la Plaza de Tudela. Era sudamericano, muy probablemente de Perú o incluso de Argentina, y practicaba una suerte bastante común en aquellas lejanas tierras, siendo un reconocido artista de la fiesta. "

Don Fernando Marcel, cronista peruano, detalla en una brillante editorial de su autoría, titulada "TOREO ESPECTACULAR" y publicada en la página de Internet Opinión y Toros, que << Mariano Cevallos, esclavo zambo (hijo de negro e india) llamado "El Indio" –quizás por su origen americano– fue novedad en Madrid en donde se presentó en 1776 y 1777 junto a Costillares y Pepe–Hillo y maravilló a los españoles con hazañas que nadie pudo repetir en la península, como la de rejonear un toro montado sobre otro toro ensillado. Héctor López Martínez en su libro (Plaza de Acho, Historia y Tradición) dice que en 1776 se anunció a Cevallos de la siguiente manera: "saldrá a sesgar al octavo toro y amarrarlo a un palo que a este fin habrá en el medio de la plaza para ensillar luego al bicho y montarlo con valor y bizarría, de forma que aunque a dicho toro se le pondrán banderillas y se le capeará, Mariano, montado sobre él, distribuirá dulces a los amigos y picará después con vara de detener al noveno toro, que también banderilleará y matará, ejecutando antes, con un rejón, al que le sirve de montura". Mariano Cevallos murió en la plaza de Tudela víctima de una de sus temeridades, en fecha no determinada. >>

Don Plácido González, en sus efemérides de febrero que le publican en la página de Internet "Los Mitos del Toro", refiere que el 20 de febrero de 1772, se celebran festejos taurinos en la sudamericana ciudad de Buenos Aires, con la participación del peruano Mariano Ceballos "El Indio", coincidiendo esta afirmación con la crónica del historiógrafo Bonifaz Ybarra.

Don Juan José Zaldívar Ortega, el afamado MVZ e historiógrafo taurino, en su libro "Víctimas del Toreo"- Apartado de Picadores, refiere en las páginas 45 a la 47, que Mariano Ceballos (El Indio), célebre matador de toros, nacido en Argentina hacia el año 1750, de a pie y de a caballo, al que se conoció en España por tal apodo y personaje importante por el papel que representó en la evolución del toreo. En las corridas de los días (20 al 24-02-1772), celebradas en la ciudad de Buenos Aires-, toreaba y estoqueaba, cobrando por cuatro corridas la elevada suma de cien pesos fuertes, pero no puede deducirse con certeza si mató o no desde el caballo en alguna de esas corridas, pues lo reproduce matando desde un caballo uno de los más famosos aguafuertes de Goya, como se practicaba ya en España. En cada uno de los cuatro días de corridas se hizo salir a la plaza un toro encohetado, y en el primero se engalanó otro que causó muy buen efecto. En el último día un chulo salió, jineteando sobre un toro bravo, manejando con las manos ruedas de fuego y cohetes. Toreando en España los años de 1773, 1774 y el (08-07-1775) aparece toreando en la Plaza de Toros de Pamplona, según consta en el Archivo Municipal de la capital de Navarra, «…capeó a caballo bien, ensogó y montó un toro ensillado, y desde él picó otro y mató los dos bien: toreó y estoqueó a pie, pero en esto es poco papel.» Se deduce de cuanto hemos citado que sus habilidades correspondían exactamente con el tipo de toreo arbitrario que persistía paralelamente a la evolución del toreo actual, que empezaba entonces a establecerse. Volvió a torear en Pamplona los años 1778, 79 y 80. En 1779, después de repetir el variado repertorio de sus habilidades acostumbradas, prestó el humanitario servicio de salir tras un toro que saltó la barrera y escapó de la plaza, consiguiendo alcanzarle desde el caballo en La Taconera. Un cuadro atribuido a Goya, titulado: «El toro huido», propiedad de los duques de Veragua, representa esta escena, u otra semejante, en la que Ceballos se dispone a enlazar un toro. De la habilidad que nos cuenta el comentarista navarro hizo Goya no menos de dos versiones. Vargas Ponces nos asegura en su inédita «Disertación» sobre las fiestas de toros, que en la Plaza de Toros de Tudela (Navarra) murió -tal vez en 1780-»el Indio que montaba los toros, a pesar de su conocimiento y valer.» Un viajero francés, el barón Charles Deviller, en su pintoresco "Viaje por España" dice de él al verlos torear el último año citado: «Se cuenta de un negro de Buenos Aires que desde su infancia había estado acostumbrado a perseguir en los desiertos rebaños de bestias salvajes y que mostraba en los combates de esta clase una fuerza y una habilidad extraordinarias. Cogía una larga cuerda, el lazo de su país, y después de haberla pasado por los cuernos le conducía cerca de un poste fuertemente fijado en el centro de la plaza. Atado el toro al poste, le lanzaba una silla al lomo y se montaba en él como si fuera un caballo. Entonces se cortaban las cuerdas y el animal se ponía a correr por todas partes haciendo los mayores esfuerzos para desembarazarse de su improvisado caballero. Cuando el fatigante ejercicio empezaba a disminuir las fuerzas del toro, el negro dirigía como podía su cabalgadura hacia otro toro, que no tardaba en matar, después de lo cual mataba igualmente al que le servía de montura. Se asegura que el negro tenía un fuerte vómito de sangre siempre que se entregaba a este violento ejercicio.» Goya le inmortalizó cinco veces en su famosa Tauromaquia y ya, casi al final de su vida, Francisco, el de los toros, dibujó sobre piedra litográfica una serie de cuatro litografías que son conocidas como "Los toros de Burdeos". Una de ellas representa a Mariano Ceballos toreando con su peculiar manera americana. Y se da como probable que durante las fiestas de Tudela (Navarra) encontró la muerte el arrojado lidiador argentino, como quedó antes citado.

LOS 11 DIFUNTOS DE LA PLAZA DE TOROS DE RONDA, ESPAÑA (1784 - 1784)

Foto histórica propiedad del Sitio Web de la Real Maestranza de Caballería de Ronda

Refieren en la página web de la Real Maestranza de Caballería de Ronda, que 1784 fue un año clave en la historia de la plaza de toros, en la que se venían celebrando festejos con las obras sin concluir. Los de aquel año, en los que iban a intervenir Pedro Romero y Pepe Illo, siendo Teniente de Hermano Mayor de la Maestranza, don José Moctezuma. En la tarde del 11 de mayo de 1784, fecha del primer festejo de la feria, en la función de gala del Cuerpo de la Real Maestranza, organizada como conmemoración del cumpleaños del Infante don Gabriel, sobre las tres y media de la tarde, y cuando comenzaba ésta, en una parte acotada de la plaza, al estar aún sin terminar, pero que había sido ocupada por el público, un soldado de las milicias provinciales, llamado Isidoro Espinosa, movió una columna y produjo el hundimiento parcial del coso y, presumiblemente, la porción sostenida por 16 arcos se vino abajo. "Un grito general fue apagado por el espantoso estruendo que causó el derrumbo de una gran parte de la plaza. Los diez y seis balcones principales de ella fue lo primero que se hundió, a cuyo golpe toda la concurrencia huyó despavorida, unos para auxiliarse y otros miedosos de la muerte. Todo fue confusión, lamento y dolorosos ayes. Todos temían permanecer allí y agolpados a las puertas querían salir, al mismo tiempo que otros pugnaban por entrar. Acudieron los sacerdotes con el Santo Óleo y el Viático, las campanas tañían la agonía y diez mil brazos se ocupaban de sacar de entre el escombro, quien al padre, al hermano o pariente, y quien al querido amigo que hallaba mutilado o muerto", según relato basado en un testigo presencial. El presunto causante del derrumbe perdió la vida, junto a otras diez personas. El desgraciado incidente trajo consecuencias. Durante algún tiempo se prohibió expresamente la celebración de corridas y se suspendió el permiso para terminar la plaza, hasta que después de innumerables gestiones se consigue que se levante esta segunda prohibición en enero de 1785. La reconstrucción se hace dirigida por el mismo maestro de obras, Francisco de Almagro, con Juan de Lamas como maestro cantero y un maestro albañil que se llamaba Antonio Ordóñez. El día 26 de abril de ese año la Real Maestranza escribe al Rey dando cuenta de la terminación de las obras.

JAIME ARÁMBURU IZNAGA <EL JUDÍO> (1751 - 1786)

Solo para efector ilustrativos

Obra del ilustre pintor valenciano Ignacio Pinazo Camarlench (1849-1916)

Matador de toros, nacido en Estrella (Navarra) el 21 de marzo de 1751. No llegó a presentarse en Madrid. El 16 de septiembre de 1786, a los 35 años cumplidos,  toreó en la Plaza de Toros de Valencia y,  al pasar de muleta a un toro de D. Francisco Javier de Guendulain fue cogido, sufriendo varias contusiones y heridas de gravedad, falleciendo en Pamplona el 16 de octubre de 1786. (Crónica de Juan José Zaldívar Ortega- La Gacetilla Taurina/ No 56/Toros en el Puerto)

Otra crónica reputada difiere de la anterior, en la edad del referido, al detallar << Jaime Aramburu Iznaga, llamado "El Judío", nacido en Estrella el 21 de marzo de 1751. Este mata toros, ya madurito, con 47 años sobre sus espaldas, se anunciaba de la siguiente guisa: "...montar un toro en pelo, sólo con una cinta maestra, sin más arreo, merendar encima del toro y después cantaré, tocaré y haré que baile un muñeco encima del toro...""

Por su parte el erudito d. Juan José de Bonifaz Ybarra, evita el referir la edad del fallecido en su obra “Víctimas de la Fiesta”, precisando informe sobre su clase al referir que fue un << Matador de modesta categoría, no se presentó ni en el coso madrileño ni en el pamplonés, pese a su condición de espada navarro. "

Según don José María de Cossío y Martínez Fortún, en la plaza de Valencia, al pasar de muleta a un toro de la ganadería navarra de Francisco Javier Guenduláin, fue cogido, sufriendo heridas a consecuencia de las cuales murió en Pamplona el 16 de octubre de 1786. Sin embargo, don Félix Cariñanos, investigador vianés, afirma que en 1779 lo mató en Valencia un toro de la ganadería navarra de Zalduendo. Esta disparidad de fechas entre las fuentes de información, puede indicar tal vez, que se refieren a distintos toreros de Estella, llamados "judíos", como todos los estelleses.
Fuente:
http://www.sasua.net/estella/articulo.asp?f=toreros

PEDRO RINCÓN (XXXX - 1790)

Banderillero probablemente argentino, que actuó en una corrida por la jura de fidelidad de Carlos IV, cuando contaba cuarenta años de edad, y fue cogido por un toro,  muriendo a consecuencia de ello en 1790. Actuó en dicha corrida con los hermanos José y Juan de Aguiar, banderilleros que alternaron en la Plaza de Toros de Montserrat*, de la ciudad de Buenos Aires (Argentina), en corrida celebrada para festejar la proclamación reseñada, el citado año de 1790, cuando al tratar de hacer un quite a su compañero Pedro Rincón, resultó herido en el lance. José y Juan Aguiar eran emigrados vascos, residentes en Argentina. (Crónica de d. Juan José Zaldívar Ortega)

 

Por su parte el erudito Juan José de Bonifaz refiere de este personaje que << Se considera a Pedro Rincón como la primera víctima del toreo entre los subalternos de a pie. En fecha indeterminada del año 1790 encontró la muerte al ser cogido en Buenos Aires, en ocasión de celebrarse una corrida con motivo de la jura de fidelidad de Argentina a Carlos IV. Por cierto, que al tratar de hacer el quite resultaron heridos los hermanos José y Juan Aguiar, asimismo banderilleros. "

 

(*) La Plaza de Toros de Montserrat, funcionó a fines del Siglo XVIII, en el Hueco de Montserrat, ubicada en la actual manzana de 9 de julio y Belgrano. La historia refiere que fue en  1791 que el virrey Arredondo inauguró la pequeña plaza de madera con una capacidad para cerca de dos mil personas, lo que hace suponer que cuando se celebró el trágico festejo, la plaza estaba en su fase de terminación. En pocos años la plaza debió ser demolida por las insistentes quejas de los vecinos y a la que reemplazó, en 1799, la del Retiro, construida según diseño morisco por el alarife y maestro carpintero Francisco Cañete. Hasta antes de 1790 las fiestas taurinas en Buenos Aires se efectuaban, a falta de otro sitio, en la misma Plaza Mayor.

JOSÉ ÁLVAREZ (XXXX - 1792)

Solo para efectos ilustrativos

Plaza de Toros de Acho, Lima Perú

Cortesía de gentedel puerto.com

Banderillero español, residente en Lima desde 1790, en cuya Plaza de Toros, llamada "del Acho", actuó el 22 de abril de 1792, en una corrida celebrada ese día en beneficio de las benditas Ánimas del Purgatorio, cuando fue corneado por un toro de Bujama, en las Haciendas de Mala, en el Distrito donde está la ganadería, muriendo a consecuencia de las heridas. Curiosamente, tal tipo de festejos taurinos benéficos tienen al parecer su origen en España, en las fiestas de la Soldadesca de Almorox (Toledo), o como se le llama en la localidad "La Sargentería ", que se instituyó en dicha Villa toleda, por acta del 1 de marzo de 1727, y que según consta en el libro de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Misericordia, los fines de la misma son: Fomentar la devoción a las benditas Ánimas del Purgatorio, en los días de Carnestolendas, cortando escándalos, discordias y desmanes, que se solían ocasionar en los tiempos de Carnaval, y que los ofrecimientos se hagan y distribuyan en  sufragios por las benditas Animas del Purgatorio. También tienen como fin el enterrar a los muertos, sobre todo a los que fallecen sin el amparo de los familiares, para lo que la hermandad siempre ha de tener una caja de difunto y unas sábanas para usarlas de sudario. (Crónica del Historiador Taurino d. Juan José Zaldívar Ortega)

 

Al respecto de este lidiador, el ilustre cronista español d. Juan José de Bonifaz refiere en forma por demás sucinta  que << el 22 de abril de 1792, era mortalmente corneado en Lima (Perú) el español José Álvarez por un astado de la ganadería de Bujama. Tal festejo se celebraba a beneficio de las Benditas Ánimas del Purgatorio " y es cuanto.

 

Por su parte el afamado cronista peruano Dikey Fernández Vásquez refiere de este infortunado  garapullero que << El 22 de abril de 1792, se celebró una corrida en la Plaza de Toros de Lima (Plaza de Acho) a Beneficio de las Benditas Ánimas del Purgatorio, corrida en la que actúo por última vez en los ruedos el torero peruano José Pizi. Esa tarde el banderillero español avecindado en Perú, José Álvarez sufrió una cornada mortal que horas más tarde falleció. El toro pertenecía a la famosa hacienda de "Bujama", al sur de la ciudad de Lima. "

BARTOLOMÉ CARMONA ARROYO (1756 - 1793)

Solo para efectos ilustrativos
“Corrida de toros en una aldea” (1812-1819)
Francisco José de Goya y Lucientes (1746-1828)
Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid)

Picador sevillano que en la corrida del 8 de julio de 1793, actuando con los espadas rondeños Pedro, José y Antonio Romero, y con el picador de tanda Miguel Pérez y el reserva Juan Antonio Domínguez. El toro, manso, de don Agustín Díaz Castro de Pajares de los Oteros, solo entró a una vara y le pusieron seis  banderillas de fuego. A la sexta saltó la barrera con el garapullo encendido. Se aprestó Pedro Romero a matarlo y el toro levantaba la cabeza a una considerable altura. Después de una estocada bien puesta pero poco profunda, debido a las condiciones del toro, el astado acometió al caballo que montaba el picador sevillano, aunque residente en Ronda, Bartolomé Carmona, hiriéndole de muerte, teniendo su jinete la mala fortuna de desnucarse al caer, falleciendo en breves momentos. (Debe explicarse que, en aquellos tiempos, los picadores permanecían en el ruedo, aunque alejados del toro, el resto de la lidia). Luego Pedro Romero remató al toro de una gran estocada, pero el mal estaba hecho y la tragedia cometida. (Crónica de don Juan José Zaldívar Ortega)

El erudito taurino,  Juan José de Bonifaz Ybarra,  refiere de este varilarguero en su obra Víctimas de la Fiesta, que << En el circo taurino de Madrid encontró la muerte Bartolomé Carmona Arroyo, gran amigo de los hermanos Romero, con los que actuaba frecuentemente, como en la mañana del 8 de julio de 1793. Un toro fogueado de la divisa de Agustín Díaz de Castro, tras recibir una estocada de Pedro Romero, acometió al caballo que montaba Carmona, cayendo éste con tan mala fortuna de golpearse fuertemente en la nuca, produciéndose tan grave lesión que el óbito ocurrió bien poco después. >>

Refiere el eximio cronista Daniel Tapia en su obra "Breve Historia del Toreo", que << En la corrida del 18 de julio de 1793 José Romero vio morir en la plaza a su picador Carmona, quien se desnucó de resultas de una tremenda caída. Carmona era íntimo de José y había acompañado desde antiguo a los Romero. >> Queda pues la duda viva, si la trágica corrida, acaeció el 8 o el 18 de julio de 1793.

El erudito taurino Juan José Zaldivar Ortega, en su libro "Víctimas del Toreo", Apartado de Picadores, páginas 54 y 55, aborda con mayor detalle la biografía de este valeroso varilarguero al referir que: Bartolomé Carmona, picador de toros, nacido en Sevilla el (30-03-1756), falleció el (08-07-1793), a los 37 años de edad, día en que se celebró por la mañana una corrida de seis toros, en la Plaza de Toros de Madrid, dos de don Joseph Gijón, de Villarrubia de los Ojos del Guadiana; dos de don Agustín Díaz de Castro, de Pajares de los Oteros, y dos de don Gabriel Gómez, de Arquedas (Navarra). Figuraban como picadores Miguel Pérez y Bartolomé Carmona, y de reserva Juan Antonio Domínguez. Los espadas fueron los hermanos Pedro, José y Antonio Romero. Un revistero de la época dio de este modo la reseña de los cuatro primeros torosde aquella corrida: «El primer toro, que fue de la vacada de don Joseph Gijón, de Villarrubia, entró a doce varas y diez banderillas. Lo mató Pedro Romero a la segunda estocada; ambas estocadas fueron bien puestas, pero a la primera levantó el toro la cabeza y quitó a la espada mucha fuerza del empuje con que iba dirigida. El segundo, de la vacada de don Agustín Díaz de Castro, entró a nueve varas y nueve banderillas; fue bastante ligero en las varas y no recargaba; hirió a un caballo cerca de la cola, en la séptima vara. No entró bien a la espada, y lo mató José Romero a la tercera estocada, dada en la misma cruz. El tercero, de la vacada de don Gabriel Gómez, entró a trece varas y a ocho banderillas; a la cuarta vara mató un caballo; a la octava, otro: hirió uno a la décima y mató otro a la décima segunda. Antonio Romero le puso la primera estocada bien puesta; la segunda y la tercera fueron algo bajas y laterales, pero lo remató descabellándole. La suma viveza de este toro, que estaba en continuo movimiento, mudaba la dirección de la estocada. El cuarto, de Díaz de Castro, entró muy ligeramente a una vara y a seis banderillas de juego; a la sexta saltó la barrera con la banderilla encendida. Le mató Pedro Romero. Este toro no entró a la espada sin levantar la cabeza a una altura tan desmedida, que frustraba enteramente la acción de la espada. Después de la primera estocada, que fue bien puesta, pero que por dicha causa no pudo ser profunda, acometió al caballo en que estaba Bartolomé Carmona, quien no huyó a la carrera como hubiera podido, y cogió al caballo de manera que no tan sólo hirió a éste de muerte, sino que en la caída que dio Carmona le sucedió la desgracia de recibir un golpe fuerte en la nuca, que de resultas murió en breve rato.,» El toro que originó la tragedia murió de una gran estocada a manos de Pedro Romero. Bartolomé Carmona fue un picador de gallarda presencia, magnífico jinete, fuerte y lleno de valentía, uno de los más distinguidos de su tiempo. Se le llegó a considerar hijo de Ronda, donde residió algún tiempo, por este motivo y por ser amigo íntimo de los Romeros. Revisando carteles de la época he sabido que toreó en Madrid durante los años 1786, 1787, 1791, 1792 y el 1793, que fue el de su muerte. En otra crónica puede leerse: «El cuarto toro, de una ganadería de Castilla la Vieja, lidiado en la Plaza de Toros de Madrid en corrida de la mañana, el día (07-07-1793), entró muy rápido a una vara, y a 6 banderillas de fuego: a la sexta saltó la barrera con una de las banderillas de fuego encima. Lo mató Pedro Romero. Este toro no entró a la espada sin levantar la cabeza a una altura tan desmedida que frustraba enteramente la acción de la espada. Después de la primera estocada, que fue bien puesta, pero que por esta causa no pudo ser profunda, acometió al caballo en que estaba Bartolomé Carmona, quien huyó a carrera, como hubiera podido, y alcanzó al caballo de manera que no tan solo hirió a éste de muerte, sino que en la caída que dio a Carmona, le sucedió la desgracia de recibir un golpe en la nuca, que de resultas murió parece que al breve rato: lo mató Pedro Romero a la segunda estocada puesta con mucha inteligencia.»

En el libro "Dramas de el Toreo" (Relación de las cogidas de muerte que han tenido lugar desde el principio de estas fiestas hasta nuestros días, coleccionadas y redactadas por "El Niño de Dios", Tomás Orts, 1888), páginas 12-13, consigna: CARMONA. BARTOLOMÉ.- Picador de Pedro Romero. La tarde del 9 de julio de 1793, lidiando una corrida de toros castellanos, el cuarto de la tarde, cobarde y blando, después de tomar una sola vara, fue fogueado con tres pares. Tomó Romero los trastos y le puso una buena estocada, que no mató a la res por haber ésta levantado la cabeza; rabioso con ella se precipitó sobre el caballo que montaba Carmona, que no quiso o no pudo huir y mató al caballo, que al caer precipitó al jinete sobre las tablas, donde dio tan fuerte golpe sobre la cabeza, que murió al poco rato. Este picador fue causa años anteriores del gran quite de Pedro Romero.
Fuente:
http://bibliotecadigital.jcyl.es/i18n/consulta/resultados_ocr.cmd?id=2170&tipo=elem&posicion=18&tipoResultados=BIB&forma=ficha

DIEGO MOLINA "CHAMORRO " (XXXX - 1795)

Solo para efectos ilustrativos
La Algaba (Sevilla)
Cortesía del Sitio Web: http://.andalucia.org

Diego Molina (Chamorro), picador sevillano nacido en la torera población de La Algaba, de los destacados de su época, encontró igualmente su fin al recibir un fuerte golpe en la cabeza tras caer derribada su cabalgadura en el coso maestrante de Sevilla, el 2 de mayo de 1795. (Crónica de Juan José de Bonifaz Ybarra, de su obra Víctimas de la Fiesta)

El erudito taurino Juan José Zaldivar Ortega, en su libro "Víctimas del Toreo", Apartado de Picadores, páginas 55 y 56 aborda la biografía de este afamado picador al decir que: Diego Molina (Chamorro), picador de toros, nacido en La Algaba (Sevilla), hermano del también varilarguero Juan Molina. En la primavera de 1795 fue contratado por la empresa de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla para intervenir en las corridas organizadas por dicha entidad aquel año. El 16 de abril se verificó el tercer festejo y en él fue cogido Diego Molina, muriendo a consecuencia de ello. En 1795 los toros lidiados en la Real Maestranza fueron mansos de solemnidad, como lo comentó la Tauromaquia Taurina» y lo reseña el marqués de Tablantes en su obra «Anales de la Plaza de Sevilla», diciendo: «Luego un toro marrajo se presenta / que a picador ni a chulo embestir quiere / y es la Plaza vergonzosa afrenta / donde no luce arte aunque se esmere / Perros le arrojaron en lid sangrienta / a uno pisa a otro eleva, a otro hiere, / y uno que algún paisano saca atado / se esfuerza por tirase al toro airado.» Diego Molina ganó por las tres corridas en las que pudo intervenir «3,170 reales más 320 reales que le dio el Teniente a la señora viuda.» De gran valor, coraje y facultades, Molina conquistaba en los ruedos y atraía tanta gente como los mejores espadas de su tiempo. Era aún el tiempo en que una buena vara era más comentada que una certera estocada, y el gran varilarguero de La Algaba cobraba buenas puyas con frecuencia. A las órdenes de algunos famosos espadas de finales del siglo XVIII, intervino en las mejores Plazas de Toros de la Península. En la de Madrid aparece su nombre las temporadas de 1786 a1 91, sin interrupción, y después en 1794, último año que trabajó en la Corte.

JOSÉ DELGADO GUERRA "PEPE-HILLO" (1754 - 1801)

Matador de toros que nació en la Hacienda de Villalvilla, en el término de Epartinas (Sevilla) el 11 de marzo de 1754.  Fue estudiante destacado del famoso “Costillares” a los 14 años de edad. Toma la alternativa en Málaga en 1774 de manos del también maestro Juan Romero. Fue cogido y muerto por el toro “Barbudo”, de la ganadería castellana de Peñaranda de Bracamonte, propiedad de don José  Rodríguez en la Plaza de Toros de Madrid, de la Puerta de Alcalá,  el 11 de mayo de 1801 a la hora de matar. Refieren los versados en el suceso que: "El toro le empuntó por el cañón izquierdo de su calzón y, volteándole contra sus lomos, le derribó de espaldas en el suelo. Cargó de nuevo contra el torero inerme, le ensartó el cuerno izquierdo por la boca del estómago y, le campaneó por un largo espacio de tiempo". Murió instantes después en la enfermería de la plaza a los 47 años de edad. Otros cronistas refieren que en los embates del toro también recibió una cornada en el pecho mortal de necesidad.

Aquella aciaga tarde alternaba  con José Romero y Antonio de los Santos; día que iba a torear Pepe-Hillo 16 toros en compañía de los aludidos matadores. Dos de los bichos les anunciaba el cartel como procedentes de la vacada brava de Peñaranda de Bracamonte, nueva en esta plaza, con divisa encarnada. Aun la leyenda añade el último presagio en la víspera misma de la corrida, contando que “Pepe-Hillo” acudió a caballo al arroyo Abroñigal, donde estaban los toros que habían de lidiarse al día siguiente y,  comentando su hermoso trapío con sus amigos, pidió a uno de los vaqueros que custodiaban el ganado,  que le reservase un toro negro zaino que se había adelantado hacia ellos desafiante y que había de ser el causante de su muerte. <<Tío Castuela, ese toro para mí", y para él se designó, según su deseo. “Pepe-Hillo” mantuvo durante años una fuerte rivalidad profesional con el excelso matador rondeño Pedro Romero. En 1796 publicó su “Tratado de Tauromaquia”, texto imprescindible para conocer la evolución de la fiesta desde entonces hasta nuestros tiempos. La obra fue probablemente redactada por D. José de la Tixera, gran amigo del torero. “Pepe-Hillo” inventó el lance de capa "de frente por detrás". Es considerado el verdadero fundador de la prestigiada “Escuela Sevillana”, en definitiva una de las dos catedrales del toreo, y a quien debe mucho la fiesta de los toros.

Tuvo Madrid dos quemaderos destinados a calcinar todo lo que era sentenciado a muerte por la Inquisición, ya fueran personas, libros u ornamentos sacrílegos. Uno de éstos se encontraba situado en la esquina de la calle de Serrano con la plaza de la Independencia. En 1734 dejó de prestar servicio a tan siniestra causa, y sobre sus cenizas del horror, nunca mejor dicho, fue levantada la plaza de toros de la Puerta de Alcalá, la primera de grandes dimensiones que tuvo la Villa. (Ángel del Río/ Diario El Mundo.)

La plaza de toros de la Puerta de Alcalá fue un coso utilizado entre los años 1749 y 1874. Estuvo situada entre las actuales calles de Claudio Coello, Conde de Aranda y Serrano, prácticamente pegada al Parque del Retiro. La puerta principal estaba orientada a la actual plaza de la Independencia. Supuestamente, el edificio fue mandado construir por el Rey Fernando VI, según el siguiente decreto: "Por cuanto entre las providencias que tuve por bien acordar, dirigidas al mayor beneficio de los Hospitales Generales de Madrid, fue una la de mandar que en el campo inmediato de la Puerta de Alcalá se erigiese la fábrica de una plaza, en que sin contingencia de riesgos se tuviesen las fiestas de toros que fueron de mi dignación permitir para recreo del publico, cuyo producto libre sirviese para aumentar de rentas y dotación de los mismos". Fue la primera plaza permanente de Madrid, construida con materiales perdurables: ladrillos, cemento, cal, yeso y madera. En los planos del edificio intervino el que era Arquitecto Mayor de la Villa de Madrid por entonces, Juan Bautista Sachetti. Los arquitectos que intervinieron en la obra fueron Ventura Rodríguez y Fernando Moradillo. La plaza tenía capacidad para unos 12.000 espectadores. En la segunda mitad del siglo XIX, se decide derribar este coso, debido principalmente por el crecimiento de la ciudad y por el nuevo plan de ensanchamiento de la misma. La arena de esta plaza fue pisada por figuras del toreo que han escrito su historia. En ella actuó Pepe-Hillo, en cuya plaza perdió la vida, el 11 de mayo de 1801, y es en esta plaza donde Goya presenció la corrida de toros que luego retrató en sus Tauromaquias. También actuaron en esta plaza Cuchares, Costillares y Paquiro. También mujeres, como es el caso de Nicolasa Escamilla, "La Pajuelera" (así llamada porque vendía antorchas o pajuelas de azufre). La plaza se demolió debido al crecimiento de la ciudad y los nuevos planes urbanísticos. La última corrida fue en el año 1874. En algún sitio refieren que fue en el mes de octubre, sin embargo, también he leído que la última corrida fue el 16 de agosto de 1874. En la arena, Martina García -de 60 años- y las jóvenes Juana López, Javiera Vidaurre, Celedonia Marina y Teresa Prieto. En los tendidos y gradas, numerosos espectadores organizando bulla, entre risas y protestas. Fuente: http://torosyarte.blogspot.com


José Delgado Guerra Pepe-Hillo
Cortesía de don Rafael González Zubieta "El Zubi"

El ilustrado cronista taurino Rafael González Zubieta "El Zubi", refiere en su Blog Taurino en la Internet "Larga Cordobesa" que: José Delgado Guerra Pepe-Hillo nació en Sevilla el 14 de marzo de 1754 y murió con 48 años en la Plaza de Toros de Madrid, un 11 de mayo de 1801, hace ahora mas de 200 años, a consecuencia de las cornadas que le infirió en el estómago el toro "Barbudo" de la ganadería de Joaquín Rodríguez, de Peñaranda de Bracamonte (Salamanca). Pepe-Hillo se decantó desde niño por el toreo. Pronto su fama fue creciendo en Andalucía, pero es en Madrid donde adquiere su plenitud como torero de leyenda. Mantuvo una gran rivalidad en los ruedos con el legendario maestro rondeño Pedro Romero, una rivalidad que llegó a desembocar en enemistad personal entre ambos, a causa de la afición que se dividió entre las dos escuelas: la rondeña, profunda y seria, y la sevillana, alegre y vistosa. La fama de Pepe-Hillo se incrementa en gran parte tras la publicación de su "Tratado de la Tauromaquia", cosa que ocurrió en Cádiz en 1796. Este fue el primer libro publicado sobre esta materia, que desde entonces se convirtió en esencial para conocer la evolución del toreo. Al parecer el libro fue redactado por José de la Tixera, amigo personal del torero. José Delgado iba cada día adquiriendo mayor fama de tal forma que se convirtió en un ídolo popular, adorado por el pueblo y la nobleza. En 1801 fue contratado para torear en Madrid el 11 de mayo, en la tercera corrida de abono. Fue aquella una corrida larguísima, duró todo el día ya que se lidiaron 16 toros: 8 colmenareños, 6 de Villarubia de los Ojos y 2 de Peñaranda de Bracamonte. Pepe-Hillo alternó cartel aquel día con Costillares y Pedro Romero. Por la mañana Pepe-Hillo sufrió un leve percance pero siguió en el ruedo. A primera hora de la tarde comenzó a resentirse un poco y se baraja la posibilidad de que el diestro abandone la corrida, pero el torero no accede. Ya por la tarde sale el séptimo toro, de nombre "Barbudo" de la ganadería de Joaquín Rodríguez. Un toro negro de capa de una gran envergadura. Tomó sólo cinco varas y llegó a la muleta con mucha fuerza y un poco crudo, al parecer no le castigaron adecuadamente. Pepe-Hillo le dio dos naturales y uno de pecho cerca de chiqueros. El torero prepara al toro para la muerte cerca de la querencia de las tablas. Quiere matarlo recibiendo pero el toro no acude al cite, y es el espada el que se arranca a volapié dejándole media estocada en todo lo alto. Pero en el encuentro resultó empitonado por la pierna izquierda, volteado y lanzado con fuerza a tierra, donde queda tendido conmocionado y sin conocimiento. El torero cayó boca arriba, con los brazos en cruz, quedando a merced del toro, que en efecto hizo por él, de tal forma que le hundió violentamente el pitón izquierdo en el estómago y lo levantó como a un pelele campaneándole. Un vez que le quitaron al bicho de encima, pues se enceló con el cuerpo del torero, las asistencias le llevaron a la enfermería en estado agónico y allí falleció a los 20 minutos. Su muerte causó una gran conmoción en todo el país, incluso se suspendieron en Madrid las corridas de toros durante lo que restaba de mes de mayo en señal de luto. El torero tenía entonces 48 años y le había dado tiempo a amasar una gran fortuna. Su viuda María Salado, percibió el importe de esta última corrida toreada por su marido: 2.800 reales. Pepe-Hillo fue enterrado entre un duelo multitudinario en Madrid, en la parroquia de San Ginés, que se encuentra en la calle Arenal número 13.

FRANCISCO GARCÍA " PERUCHO " (1745 - 1801)

Solo para efectos ilustrativos

Obra del reputado Pintor Valenciano Sanchis Cortes 

Matador de toros que nació en Setenil de las Bodegas (Cádiz) entre los años 1740 al 45, (aunque Sánchez de Neira le hace natural de Málaga, donde vivió). Tomó la alternativa en Madrid en abril de 1778, concedida por el célebre Juan Romero. Destacó esencialmente en Madrid, la mayoría de las veces como tercer espada en compañía de Juan Romero y Pedro Romero. Murió el 8 de junio de 1801 toreando en la Plaza de Granada víctima de una terrible cornada cerca del sobaco derecho que le asestó el toro “Barbero” de la dehesa de don Juan José Bécquer, de Utrera (Sevilla), al entrar a matar.  Tuvo una pesarosa agonía de casi 20 horas después de la cogida. 

Don J. Sánchez de Neira refiere en su obra "El Toreo: Gran diccionario Tauromáquico", que " GARCÍA Perucho (Francisco). Era un matador valiente á fines del siglo anterior, que rayaba en temerario, sin que por desgracia tuviese los conocimientos necesarios para ejercer su arte. Así fué que en la tarde del 3 de Junio de 1801, á los veintitrés dias de morir Pepe Hillo, sufrió una horrorosa cogida en la plaza de Granada, donde murió á muy pocos instantes. "

Citan en el libro "Necrología Taurina", de Tomás Orts Ramos, "El Niño de Dios" (1866-1939) publicado en 1889: Francisco García (Perucho).- Matador temerario que murió el 3 de junio de 1801, en la Plaza de Granada, tratando de recibir un toro que lo destrozó completamente.
Fuente:
http://bibliotecadigital.jcyl.es/i18n/consulta/registro.cmd?id=14529

ANTONIO ROMERO MARTÍNEZ (1763 - 1802)

Solo para efectos ilustrativos

Grabado de D. Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828)  titulado

“Muerte de José Cándido Expósito, en El Puerto de Santa María”

Matador de toros  de estirpe torera, que nació en Ronda (Málaga), el 18 de septiembre de 1763. Era el hijo menor de don Juan de Dios Romero de los Santos,  y hermano de los también matadores José, Juan, Gaspar,  y Pedro Romero. Inició su carrera como banderillero de sus hermanos hasta que se independizó a los 26 años al tomar la alternativa en Madrid el 9 de Mayo de 1789.  Toreó en Madrid junto con el afamado “Costillares”. Al poco tiempo fue herido de dos cornadas en la ingle y muslo derechos, al citar a matar, en la suerte de recibir,  a la edad de 38 años, en la Arena de Granada,  por "Ollero", un toro de la ganadería del Marqués de Tous, entre el 5 y el 10  de mayo de 1802, siendo difunto el mismo día, pues las heridas  eran incompatibles con la vida. (Crónica de d. Juan José Zaldívar Ortega)

 

El erudito taurino, Juan José de Bonifaz Ybarra refiere en su libro Víctimas de la Fiesta,  que << Antonio Romero Martínez, hermano menor del fabuloso Pedro, resultó corneado en la ingle y el muslo derechos al citar a matar, en la suerte de recibir, al astado “Ollero” de la ganadería del marques de Tous. El luctuoso suceso se produjo el 5 de mayo de 1802 en el coso granadino y el fallecimiento tuvo lugar en la misma fecha de la corrida. "