BERNARDO JIMÉNEZ (1922 - 1950)
02-09-1950: Acapulco (Méjico): Bernardo Jiménez Ortiz, ex torero y abogado, que se ahogó.
Fuentes:
El historiógrafo taurino Rafael Gómez Lozano
Don Luis: Toros y Toreros en 1947-1950/Resumen estadístico, apreciación crítica y notas gráficas de dichas temporadas/Editorial Puello-Arenal, 6-Madrid.
La I.A. de Google refiere sobre esta tragedia, que: Bernardo Jiménez Ortiz, mejor conocido en el mundo del toreo como "El Abogado", falleció a la edad de 28 años.
Ciudad natal: Nació en la Ciudad de México.
Fecha de nacimiento: El 20 de agosto de 1922.
Fallecimiento: Murió trágicamente el 2 de septiembre de 1950 en Acapulco, Guerrero.
Jiménez Ortiz fue una figura singular que combinó su formación académica como Licenciado en Derecho por la UNAM con su pasión por el ruedo, lo que le valió su distintivo apodo. Además de su carrera taurina, destacó en el ámbito intelectual como autor y colaborador en publicaciones literarias, siguiendo la tradición de su familia (era sobrino del poeta Bernardo Ortiz de Montellano).
Trayectoria en el ruedo:
Formación y estilo: Inició su camino en el toreo mientras cursaba sus estudios de leyes en la UNAM. Se le recuerda por un estilo valiente y técnico que le permitió destacar rápidamente en el escalafón novilleril de los años 40.
El apodo: Su sobrenombre, "El Abogado", nació de su doble vida entre los juzgados y los ruedos, un hecho que generaba gran curiosidad y respeto entre la afición taurina de la Ciudad de México.
Hitos en su carrera: Logró presentarse con éxito en la Plaza México, el coso más importante del país, donde su presencia era garantía de una afición intelectualizada que lo seguía por su perfil culto y su valentía frente a los astados.
Trágico final: Su carrera y su vida se vieron truncadas prematuramente el 2 de septiembre de 1950. A los 28 años, falleció por asfixia por sumersión (ahogamiento) en una playa de Acapulco, Guerrero, un suceso que conmocionó tanto al mundo taurino como al literario de la época.
Legado doble:
A diferencia de otros toreros, su legado no solo quedó en las crónicas taurinas, sino también en las letras. Sus amigos y colegas de la facultad, como el historiador José Luis Martínez, se encargaron de preservar su memoria y editar póstumamente parte de su obra escrita, consolidándolo como una figura puente entre la cultura popular del toreo y la intelectualidad mexicana.

