Los toros dan y quitan

NICOLÁS ÁLVAREZ "MALET o MALLET" (XXXX - 1894)

Foto cortesía del Sitio Taurino Who´s Who de Dale Pierce

Novillero y rehiletero de segundo plano que fue corneado en los intestinos por un novillo de nombre “Croquemort” de la dehesa de Desfonds que estaba ya toreado,  en Avignón, Francia,  el 14 de mayo de 1894. (Crónica de Dale Pierce)

 

Por su parte el cronista don Juan José Zaldivar Ortega refiere que << Nicolás Álvarez,  peón y banderillero, nacido en Marsella (Francia), en 1870, de padres españoles, quien desgraciadamente, antes de que llegar a ser conocido, un toro placeado le dio una gran cornada en la Plaza de Toros de Bagatelle, en Avignón (Francia), el día 14 de mayo de 1894, a consecuencia de la cual falleció a las tres horas del accidente, cuando contaba 24 años de edad. "

 

El erudito taurino, don Juan José de Bonifaz Ybarra, refiere en su libro “Víctimas de la Fiesta”,  que << Nicolás Álvarez, marsellés, hijo de padres españoles, encontró el fin de su existencia, a los 24 años de edad, el 14 de mayo de 1894, en la plaza gala de Aviñon. " 

JOSÉ NORIEGA "EL CASTIZO" (1867 - 1894)

Vista de la Plaza Antigua de Murcia, España

Cortesía del Sitio Web: plazatorosmurcia.com

Novillero natural de Cazalla de la Sierra (Sevilla), nació el 30 de noviembre de 1867.  Fue corneado el 20 de mayo de 1894 en la Plaza de Toros La Condomina de Murcia, por un toro del Marqués de Mendela, muriendo en la madrugada del día 22 del mismo mes de mayo de 1894, de 27 años de edad. (Fuente: Sitio Web: plazatorosmurcia.com).

 

Al respecto de este personaje, el erudito taurino, don Juan José de Bonifaz Ybrarra,  refiere en su obra “Víctimas de la Fiesta”, que << en el coso de Murcia alterna el 20 de mayo de 1894 el sevillano, de Cazalla de la Sierra, José Noriega (el Castizo) con Bartolomé Jiménez (Murcia) en la lidia de astados de la vacada del marqués de Mudela. El corrido en segundo lugar le cornea en la faena de muleta y, al no ser atendido el diestro en la enfermería con la debida rapidez, es trasladado a un hospital, donde se le practica muy tardíamente la primera cura. Tan increíble tardanza motivo la muerte del herido, lo que ocurrió dos días más tarde. "

 

El cronista Juan José Zaldívar Ortega refiere que << José Noriega (el Castizo), dejó de existir, en 1894, cuando contaba 27 años de edad. El 20 de mayo de 1894 se celebró en el coso de la ciudad de Murcia (España) una novillada a cargo de Bartolomé Jiménez (Murcia) y José Noriega. El segundo novillo, como todos los demás, era de la ganadería del marqués de Mudela; al darle un lance de capa el Castizo fue volteado sin consecuencias. Tomó luego los trastes el humilde espada, que vestía de encarnado y oro y cabos negros, y saludó a su adversario con un buen cambio; al darle el tercer pase natural fue enganchado, volteado y despedido con gran violencia. Se le condujo a la enfermería, donde no había servicio facultativo ni medicamentos, y el herido, que tenía una cornada de cuatro centímetros de profundidad y diez de extensión, cerca del peritoneo, en pleno vientre, permaneció allí sin ser atendido. Al cabo de mucho tiempo se le condujo al hospital, y a las cuatro horas de haber recibido la cornada le fue practicada la primera cura. Debido al abandono, y en medio de grandes dolores dejó de existir el desventurado Noriega dos días después, debido al abandono por falta de enfermería en la citada Plaza, en medio de grandes dolores, por las lesiones producidas en la cornada. Toreó por los pueblo de la provincia sin lograr otra fama que la de ser muy valiente y nada más. "

MANUEL GARCÍA CUESTA "EL ESPARTERO O MAOLILLO" (1865 - 1894)

Fernando I Gómez García (El Gallo), Manuel García y Cuesta (El Espartero) y Francisco Arjona Reyes (Currito).
CXXV Años de Fiesta Brava- TOMO I: 1880-1889- El Puerto de Santa María – 2008
Fotógrafo Emile Beauchy, Sevilla.

Nació en Sevilla el 18 de enero de 1865 en el Barrio Alfalfa. Recibió la alternativa el 13 de septiembre de 1885 en Sevilla.  Murió al ser corneado en el vientre al entrar a matar al toro colorado, ojo de perdiz, listón, delantero y astifino de nombre "Perdigón" de la dehesa de Miura el  27 de mayo de 1894 en Madrid;  esa tarde toreaba con el fino matador Antonio Fuentes y con Carlos Borrego “Zocato” (quien sustituía a Antonio Reverte). Refiere la historia que en la suerte de  entrar a matar fue enganchado, volteado y despedido a una altura de dos metros, cayendo de espaldas sobre la nuca. Con una valentía impresionante, el torero se levantó, se armó nuevamente de espada y muleta e intentó darle muerte entrando por el lado contrario, siendo empitonado en el vientre (en la región hipogástrica) despidiéndolo a corta distancia. “El Espartero” al caer contrajo todo el cuerpo y en esta posición fue nuevamente corneado por el toro en el piso, hasta que llegaron las ayudas, que lograron alejar al animal agonizante, mientras el diestro era llevado en volandas a la enfermería, con su terno en verde y oro tinto en sangre, y donde murió veinte minutos después, justo a las cinco y cinco de la tarde. El cadáver fue llevado en tren a Sevilla y en el magnífico entierro se popularizaron aquellas famosas coplas: "Ocho caballos llevaba el coche del Espartero..." Manuel García “El Espartero” salió de la nada para hacer célebre la frase "Más cornadas da el hambre".

D. Juan José Zaldivar comentando sobre los hechos los refiere así: Manuel se fue con su gente a Madrid desde Sevilla (donde vivía en la calle O´Donnell);  le acompañaba un íntimo amigo, don Félix Urcola, que iba con él a casi todos los sitios donde actuaba. En el transcurso de la cena, antes de salir, se presentó en el restaurante el gran “Guerrita”, quien con una intuición inconsciente –la capacidad de los toreros para intuir las cosas antes de que ocurran es un don que  Dios concede a los valientes que se juegan la vida- de lo que podía suceder en Madrid, quería disuadir al compañero de que torease la corrida del día siguiente. Es fama que por aquellos días Manuel no andaba muy feliz ante los toros y,  quizá el “Guerrita” hubiese visto en la corrida de por la tarde más acusada esta anomalía. Se unió a la intención de “Guerrita” el señor Urcola, y la insistencia del primero fue de tal naturaleza, que llegó a decir textualmente:

             -No torees esa corrida. Te puede matar un toro.
            “El Espartero” no era torero que se dejase dominar de estas obsesiones, y contestó con gran tranquilidad:


            -No tengo más remedio que ir. Estoy comprometido. Es un compromiso que he de cumplir. Iré.

            El Guerra apeló entonces a otros recursos. Él conocía la afición desmedida de “El Espartero” por las peleas de gallos y le propuso que organizaría algunas muy interesantes al día siguiente. Esto hizo flaquear la recia voluntad de Manuel García.

            -Está bien. No iré. Me quedaré en Córdoba y pelearemos los gallos. Pero  el destino tenía ya escrita otra página sobre lo que tenía que inevitablemente que suceder.  Es la página que tenemos cada uno de nosotros que cerrar. También la tuvo escrita Nuestro  Salvador y se cumplió un año más en nuestra Semana Santa, pero en la de Jesús había una nota a pie de página, una de las más cortas que se han escrito, pero los hombres no volverán a oír otra con más significación, júbilo y grandeza: Al tercer día Resucitará. Y nos pasa que, por estar a pie del escrito, como las letras pequeñas de los contratos, no la leemos ni tomamos muy en cuenta. Así nos va…

             Bueno, pues el tren pitó para reanudar la marcha hacia la Capital. El Guerra subió también detrás de ellos, para insistir. El presentimiento trágico se había convertido en la mente del Califa II en una verdadera obsesión… pocos toreros han  tenido una visión tan clara de la fiesta, de los toros y de la capacidad torera y el valor y el arte de los compañeros de su época, como “Guerrita”. Pero no pudo conseguir nada.

Ninguna nota de tristeza ensombreció el viaje hasta la capital de España. Antes al contrario, en todo el recorrido “El Espartero”, al igual que “Joselito” –ambos el día anterior a su muerte por astas de toro-,  hizo gala de su ingenio y de su  donaire en conversaciones y bromas con el señor Urcola y el personal de la cuadrilla.  En una de las estaciones del trayecto el tren hubo de hacer una gran parada, y durante ella “El Espartero”  se trasladó a otro coche donde viajaban unos artistas flamencos de Sevilla, a los que hizo cantar y bailar para él, que los acompañó alegre con sus palmas.             Por la mañana, en Madrid, “El Espartero” se fue a  la fonda donde iba siempre que toreaba en la capital de España, situada en la antigua calle de la Gorguera. Toda la mañana continuó sin dar muestras de acordarse de la insistencia de “Guerrita” la noche anterior para que no toreara la corrida. Recibió visitas, con las que departió cordialmente... Sólo cuando se disponía a vestir el traje de luces y hecha con gran respeto la señal de la cruz, dijo a su mozo de espadas: -“Dios quiera que se me dé bien esta tarde.” -Se lo pidió a ese Dios generoso que vive dentro del alma de todos los toreros-.

            Una hora antes de la corrida “El Espartero” subió con su cuadrilla a un carruaje de caballos y se encaminó a la plaza. En una de las calles del trayecto se les interpuso un coche fúnebre. El banderillero “Antolín” comentó impulsivo: -¡Mala pata...! Otro banderillero, “Valencia”, cortó en seguida la escena con estas palabras: -¡Al contrario, hombre, esto es buena suerte! ¡Ya no hay eso del mal fario! <<El Espartero", aparentemente limpio de supersticiones, no dio importancia alguna al incidente. No obstante, su característico buen humor se nubló por completo, y ya fue muy serio todo el resto del camino. Empezó la corrida puntualmente. Manuel García había permanecido en silencio durante el cambio de la seda por el percal. Salió el toro primero, uno de Miura, grande, de pelo colorado, listón, delantero y astifino ojo de perdiz. Un toro que estaba llamado a hacerse célebre, un cuarto de hora después. “El Espartero” lo lidió serenamente, y en el tercio de varas, que “Perdigón” hizo con mucho brío, conquistó  el espada atronadoras ovaciones en varias intervenciones muy afortunadas. El toro llegó a la muleta con muchas reservas y nada claro, pero sin dificultades insuperables. A muchos toros de Miura, cien veces peores que aquel, había hecho “El Espartero” notable faena de muleta y los había matado guapamente.  A favor de  querencia dio a “Perdigón” unos doce pases altos y otro cambiado. Al remate de éste el  animal quedó igualado y Manuel entró a matar. Resultó volteado muy aparatosamente, cayendo de cabeza sobre la arena. Segundos después, con visibles muestras de estar conmocionado, se levantó tambaleándose, al igual que le ocurrió a Joselito Huerta en la plaza de Zacatecas, en 1995, tomó espada y muleta y sin control alguno de sí mismo se volcó materialmente sobre “Perdigón”, sin dar el menor juego al engaño. El toro lo tropezó con gran violencia, enganchándolo por el vientre y volteándolo sobre el pitón derecho. Todavía en el aire vióse al torero estirar las piernas y contraer el rostro en un horrible movimiento de dolor. Cuando el toro lo soltó en el suelo, vióse al espada hacer una contorsión espeluznante en la que juntó las rodillas con la barba y allí quedó hecho literalmente un ovillo. “Perdigón” intentó de nuevo acometerle; pero, herido de muerte, cayó rodando como una pelota a dos metros del cuerpo de “El Espartero”. Fue recogido éste inmediatamente por los banderilleros y trasladado a la enfermería. En toda la plaza se había hecho un silencio de muerte. Había sufrido “El Espartero” un colapso y, ya no pronunció ni una sola palabra. Veinte minutos después de entrar en la enfermería dejaba de existir, confortado con los últimos auxilios de la religión. (Fuente: Dom Juan José Zaldívar Ortega)

 

El ilustre cronista, don Juan José de Bonifaz Ybarra, refiere en su compendio de víctimas de la fiesta, lo siguiente << su nombre paso a la historia grande del toreo como sinónimo de valor. En efecto, Manuel García Cuesta (el Espartero) lo derrochaba en todas las oportunidades que se le presentaron en su quehacer torero. Nacido en Sevilla, fue idolatrado por sus paisanos desde que se presentara en aquel coso maestrante el 12 de julio de 1885 para estoquear novillos de la divisa de Anastasio Martín. Compite con el máximo pundonor torero con las mejores figuras de su tiempo (Lagartijo, Frascuelo, Guerrita, Mazzantini), manteniendo, en todo momento, enhiesta su bandera. El 27 de mayo de 1894, fecha que figuraría en el romancero popular, alterna en la plaza de Madrid con Carlos Borrego (Zocato), que sustituía a Antonio Reverte, y Antonio Fuentes en la lidia de un encierro de la ganadería de Miura. El toro que abre plaza, “Perdigón”, colorado y ojo de perdiz, propinó al “Espartero” tan tremenda cornada en la región hipogástrica, al practicar la suerte suprema, que la muerte se produciría momentos más tarde en la propia enfermería del coso. " 


Tumba de Manuel García Cuesta "El Espartero"
Cementerio de San Fernando en Sevilla
http://joseayaso.blogspot.com/p/cementerio-de-sevilla.html

MANUEL PARDO "PINCHO " (XXXX - 1894)

Solo para efectos ilustrativos

“Juan Belmonte, sin puntilla”

Obra del excelso pintor español Pedro Escacena

Banderillero sevillano, que trabajó como tal la tarde del 29 de julio de 1894, en la Plaza de pareja con Cándido Carmona (el Cortijano), rehileteando el toro, de nombre “Piamonte”, de pelaje berrendo, de D. Faustino Udaeta, que causó la muerte a este banderillero al infringirle una cornada grave en el hipocondrio izquierdo posterior, de la cual falleció en el mes de agosto siguiente. Perteneció a la cuadrilla de Manuel Nieto (Gorete). Al año siguiente marchó a torear a México, donde actuó en muchas plazas, tanto con matadores del país como con los españoles que allí actuaban, figurando en las cuadrillas de algunos que trabajaron en la Plaza de Toros San Pedro (Zacatecas, México). Estando residiendo algún tiempo en la ciudad de Zacatecas, fue en 1904 a cumplir un compromiso en una plaza portátil hecha de madera, en Concepción del Oro (Estado mexicano de Zacatecas), en cuya corrida fue cogido y herido de consideración por un toro de alguna ganadería próxima sin nombre, curándose en un hospital de Zacatecas. La fatalidad le llevó de nuevo a la citada plaza, que no debió contar, lógicamente, con una enfermería, donde fue nuevamente cogido por otro toro de la región norte del Estado, que le infirió un puntazo en una pierna y la fracturó la clavícula derecha, a consecuencia de cuyas lesiones quedó inútil para la profesión. Debió caminar con muleta por la avenida Hidalgo y se subiría en el tranvía de la ciudad cuando continuó yendo a ver corridas en la Plaza San Pedro. (Crónica de don Juan José Zaldívar Ortega) 

MANUEL SÁNCHEZ CRIADO (1871 - 1894)

Solo para efectos ilustrativos

“Banderillas”

Obra del  famoso artista  español originario de Sorbas (Almería) Pedro Soler Valero

Banderillero de novillos y puntillero, de mérito heroico, nacido el 12 de agosto de 1871, falleció el 15 de agosto de 1894, día que se dio en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, una corrida de vacas de don Eduardo I Miura; como se retardase en estoquear a uno de los animales el encargado de hacerlo, y en vista de que los mansos no salían de los corrales, invadió el público el ruedo, y Manuel Sánchez, para evitar posibles desgracias, situado junto al burladero, intentó descabellar a la vaca llamada “Beata”, pero no acertó, y arrancándosele la res, y dándole una cornada de muerte en la ingle derecha. A los tres días, o sea el día 18 del mismo mes y año ya citados, falleció. "También los más modestos, como los más encumbrados, figuran en la relación de víctimas de los toros de Miura, lista trágica que Dios quiera quede cerrada para siempre" (Don.Enrique Vila).

 

El maestro Juan José de Bonifaz Ybarra, refiere de esta heroica víctima de la fiesta, que << alternaba sus funciones de banderillero con las de puntillero el sevillano Manuel Sánchez Criado. Al intervenir en una corrida de vaquillas celebrada en su patria chica el 15 de agosto de 1894, una de las lidiadas, de la ganadería de Miura, le enganchó por la ingle derecha y a resultas de las heridas recibidas dejó de existir en Sevilla el posterior día 18 de agosto de 1894. " 

CÁNDIDO CARMONA MARTÍNEZ "CARTUJANO" (1869 - 1894)

Cortesía de don Juan José Zaldivar Ortega
De su Libro Víctimas del Toreo (Tomo II-página 74)

Banderillero, nacido en Sevilla el 9 de abril de 1869, falleció por asta de toro el 27 de agosto de 1894, a los 27 años de edad. Era trianero y trabajó en la fábrica de loza de La Cartuja, hasta que, muy joven aún, la inquietud taurina le llevó a capeas y a figurar eventualmente a la orden de novilleros en diversas provincias, hasta figurar fijamente en la de Manuel Nieto “Gorete”. El año 1891 ingresó en la cuadrilla de “Gorete” y con ella estuvo hasta su muerte, presentándose en Madrid el 27 de agosto de 1893. Por cierto que el segundo toro que correspondió a su cuadrilla en esa tarde, llamado “Boticario”, negro, de don Eduardo I Miura, le alcanzó al terminar un quite que hizo a su matador, causándole una contusión en la pierna izquierda. En los pocos años que pudo ejercer la profesión sufrió varias cogidas, aunque no de mucha importancia; la primera le ocurrió en Guillena, otra en La Habana y otra en Almería. En la corrida celebrada en Madrid el 29 de julio de 1894 lidiaron toros de Udaeta los espadas Pepe-Hillo, Gorete y El Mancheguito. Del corrido en segundo lugar, de nombre “Piamonte”, berrendo en negro, capirote, se encargaron para banderillearle Cartujano y El Pincho. Salió aquél una vez en falso y hubo de consumar la suerte a la media vuelta. El toro; avisado y sorteando el terreno, obligó al Pincho a pasarse dos veces en falso para un par delantero. Quiso Cartujano aprovechar la salida para clavar al relance, pero bien fuera que resbalase o que por no medir bien el tiempo tratara de remediarse tirándose al suelo a destiempo, es lo cierto que cayó en la cara del de don Faustino Udaeta, que hizo por el bulto, no alcanzándole en el primer hachazo, pero recogiéndolo luego, suspendiéndole y causándole una de las más impresionantes cogidas que se han visto en la plaza de Madrid. Llevaba al entrar en la enfermería una herida de cinco centímetros de profundidad en el hipocondrio izquierdo posterior, a más de otras erosiones. Luchando con la muerte estuvo desde aquel 29 de julio hasta el 27 de agosto de 1894, en que murió a las doce y treinta de la mañana. Fue enterrado en el cementerio de Nuestra Señora de la Almudena. En  Sevilla se celebró una corrida a beneficio para su anciana madre. No llegó este diestro a destacar su nombre más que por las trágicas circunstancias de su muerte. En “La Lidia” (XIII, 24, 1894, escribió sentidamente don Mariano del Todo y Herrero: ¿Biografía? ¡Para qué! Basta con la partida de bautismo. Cándido Carmona (El Cartujano). ¿Semblanza? La de uno de tantos. ¿Historia? En los primeros pasos del camino para buscarla. ¿Celebridad? La fatídica de dos días en el transcurso de un mes..." (Crónica de don Juan José Zaldívar Ortega)


http://lafiestaprohibida.blogspot.mx/p/gestos-toreros.html

Refiere el erudito taurino, don Juan José de Bonifaz Ybarra, respecto de esta víctima de la fiesta, que << en la corrida celebrada en Madrid el 29 de julio de 1894 fue cogido aparatosamente por el berrendo en negro “Piamonte”, de la ganadería de Udaeta, Cándido Carmona Martínez (Cartujano), trianero, que actuaba a las órdenes de Manuel Nieto (Gorete). El herido estuvo luchando con la muerte hasta el 27 del siguiente agosto, fecha en que sucumbió. "


Cortesía de
http://gestauro.blogspot.mx

Refiere don José Antonio Román Romero, el historiador taurino propietario del Blog en Internet: De Hombres, Toros y Caballos, que la historia de este infortunado diestro se reduce casi a la escena de su trágico fin. El llevó su nombre a las páginas de la historia taurina, escribiendo una de luto. ¡No era ésta, seguramente, la fama a que aspiraba el pobre muchacho! Cándido Carmona nació en Sevilla el 9 de Abril de 1869. Fue operario de la fábrica de loza denominada "La Cartuja", de aquella capital, y como tantos otros, al desarrollarse en él la afición al toreo y estimular sus ambiciones, abandonó el oficio para emprender la accidentada vida que con ligeras variantes han padecido al comenzar la mayoría de los toreros. Perteneció a la cuadrilla del matador de novillos Manuel Nieto "Gorete" y trabajo con otros toreros de más fama, entre ellos con Cara-Ancha. Tenía "cosas" de buen banderillero, y quién sabe si hubiera llegado adonde se proponía. Con el citado Gorete toreaba en Madrid el 29 de Julio de 1894, y le correspondió banderillear un toro de la ganadería de Udaeta, llamado "Piamonte". El Cartujano hizo una salida en falso, y citó nuevamente, logrando poner medio par. Luego, en su turno, intentó poner otro al relance, aprovechando la salida de su compañero; pero el toro se le arranco rápidamente, sin darle tiempo a huir. Creyéndose cogido, Carmona se tiro al suelo con la esperanza de que la res, en virtud del impulso adquirido, pasara por encima de él, pero no calculó ni el tiempo ni la distancia y el toro en vez de rebrincar se fijo en el bulto, hizo por él, lo engancho arrastrándole unos cuantos metros, lo suspendió, lo volteo, lo volvió a recoger y lo dejo por ultimo con una tremenda cornada en el hipocondrio izquierdo y numerosas contusiones en el rostro y en otras partes del cuerpo. El asta había penetrado en la cavidad torácica produciendo grandes destrozos.

El Cartujano fue conducido a su casa en estado gravísimo, y aunque desde el primer instante se encargó de su asistencia con la mayor solicitud el Dr. Castillo, y a pesar de los cuidados de todos, el infeliz torero dejo de existir el domingo 26 de agosto, a los veintinueve días de su cogida. Sus compañeros Parrao, Torerito, Boto y Gallito de Madrid vistieron y velaron el cadáver, acompañados de otros diestros y de varios aficionados, y el jefe de la cuadrilla y otras personas dedicaron al pobre Cartujano coronas mortuorias. Hicieron oportunos y generosos ofrecimientos en favor de la familia los espadas Emilio Torres, Lagartija y Ángel Pastor, y el empresario D. Jacinto Jimeno. El entierro se verificó a las diez de la mañana del martes 28 y fue presenciado por innumerable gentío. Llevaron el cadáver en los hombros picadores Crespo, Cigarrón y Fortuna y el banderillero Fáqueta, y en la comitiva figuraron todos los toreros que se encontraban en Madrid, distinguidos aficionados y numerosos periodistas. Los restos de Cándido Carmona recibieron sepultura en la señalada con el número 110 de la calle de San Mateo, en el Cementerio de la Almudena, que el vulgo denomina Cementerio del Este.

A lo dicho se reduce la biografía del Cartujano. Ni él ni nadie pudieron pensar que terminara tan tempranamente su carrera. Su triste fin fue una lección que debe ser tenida en cuenta por cuantos aspiran a emular la gloria de Frascuelo, Lagartijo, Guerrita y otros pocos diestros que lograron terminar voluntariamente el ejercicio de la profesión taurina La lidia de reses bravas requiere condiciones excepcionales que es muy difícil reunir. Aun teniéndolas, aun sabiendo torear, no hay medio de librarse de los cogidas, que, por regla general, ocurre precisamente cuando menos lo espera la víctima. Así son éstas tan numerosas, y así hay años, como el presente, en que parece que va a acabarse la fiesta nacional por falta de toreros.

ARMANDO DÍAZ JIMÉNEZ (1876 - 1894)

Solo para efectos ilustrativos

“Busto de Picador”

Pablo Picasso

Picador que fue cogido por un novillo el 15 de septiembre de 1894 y que falleció el día 20 del mismo mes de septiembre de 1894, a resultas de las lesiones. Abundando sobre su vida taurina, el maestro Juan José Zaldívar Ortega refiere en su obra “Víctimas del Toreo” que << Armando Díaz Jiménez, picador de novillos, natural de Valencia, donde nació en 1876, falleció el 20 de septiembre de 1894, a los 18 años de edad. El día 15 anterior se verificó en la población toledana de Los Navalmorales una novillada de D. Isidoro Martín de Eugenio, que estoquearon Francisco Parrondo (El Oruga); salió el primer toro, berrendo en negro, y luego de asustar y esconder a la cuadrillita encargada de su lidia, se dirigió Armando Díaz, que cayó derribado estrepitosamente al ponerle una vara. El toro, de forma furiosa, se cebó a cornadas sobre el caballo; el piquero, angustiado al ver que no acudía nadie al quite, pretendió incorporarse, y entonces el astado, desatendiendo a su víctima, empitó por el cuello al picador y le dio una cornada mortal."

 

El erudito taurino, don Juan José de Bonifaz Ybarra, refiere de la trágica singladura taurina de este varilarguero, que : <<el 20 de septiembre de 1894 falleció Armando Díaz Jiménez como resultado de la cornada en el cuello que le infirió un novillo de la divisa de Isidoro Martín, en la plaza de Los Navalmorales (Toledo), el inmediatamente anterior día 15. "

IRINEO GARCÍA (XXXX - 1894)

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Foto de Sergio Hidalgo

En Los Medios/Revista Taurina

El 20 de mayo de 1894 se inaugura la Plaza de Toros de Mixcoac (México), tras de cuatro años de ausencia taurina en la capital y cinco meses después fue desmantelada. Ese día torearon José Centeno, Juan Moreno “El Americano” y Leopoldo Camaleño que recibió la alternativa. Esa tarde fue trágica ya que “El Americano” fue cornado de gravedad, Camaleño también sufrió una cornada aunque de menor gravedad, el subalterno Sebastián Gil “Pimienta” se fue al hule herido y el picador Irineo García le atravesó un pie el pitón de un toro y le tuvieron que amputar la pierna, muriendo ese año el 17 de septiembre de 1894. Los toros lidiados esa tarde fueron de Atenco.

 

Fuente:

Juan José Zaldívar Ortega

http://www.fiestabrava.es/pdfs/SANP-3.pdf

CARLOS RELVAS (XXXX - 1894)

Ilustración del rejoneador lusitano Carlos
Augusto Mascaenhas Relvas de Campos
Hemeroteca de D. Rafael Gómez Lozano
http://torerosmexicanos.blogspot.mx/

El 25 de septiembre de 2014, recibí una amable carta de D. Rafael Gómez Lozano, el historiador taurino que mantiene en la Red el Blog "Toreros Mexicanos", donde me adjunta un añoso recorte digitalizado de prensa de D. Antonio Martín Maqueda, donde anota: Carlos Relvas "El más famoso caballero portugués": La mayoría de los que ha ejecutado en Portugal proezas con caballos de doma especial, como son los destinados al rejoneo en las plazas de toros, eran lo que aquí se llaman "amadores". Estos es, trabajaban exponiendo la vida del caballo y la suya propia, por el placer de ejecutar el toreo, sin esperar remuneración alguna. El mayor número de ejecutantes de tan peligroso y romántico ejercicio se dio en la época de CARLOS AUGUSTO MASCAENHAS RELVAS DE CAMPOS.

Verdadero "gentleman" este "Carlos Relvas, manejaba el florete y la espada como un maestro de armas. Con las de tiro tampoco desmerecía; era en la caza una de las mejores escopetas de su tiempo. De su bien apuntado objetivo salieron para exposiciones nacionales y extranjeras muchas fotografías que le valieron en España, Italia y Alemania premios y menciones honoríficas. Cultivó la música y la pintura, y llevado de su gran afición al caballo, se presentó y logró destacarse en los hipódromos con sus bien domados y sabiamente conducidos equinos.

Nacido en la hermosa tierra Ribatejana, llamada con razón la Andalucía portuguesa, no es de extrañar en Carlos Relvas aquel ferviente culto, sobre todas sus otras aficiones, a los dos más hermosos animales del Universo: el toro y el caballo. Dicen los cronistas de Carlos Relvas, que reunía unas bellísimas cualidades morales y de carácter, cultivando a los que le trataban, y hasta los que solo conversaban con él, por su delicadeza y sensibilidad extrema, sin que esto quiera decir que en las ocasiones propicias no fuera voluntarioso y temerario "como los caballeros de la Edad Media". Cuéntase varias anécdotas suyas y de su caballo "Pérola", o "Perla". Un día fue a visitar a un amigo enfermo, y como no encontraba sitio donde amarrarlo, optó por dejarlo suelto. Lo acarició y lo puso junto a la pared, y sin más preocupaciones entró a ver al amigo doliente. Como tardara, la gente que pasaba por la calle se paraba para ver el hermoso ejemplar, al mismo tiempo que se extrañaban que estuviera abandonado. Al acercársele cualquier persona, relinchaba, haciendo salir a su dueño a la ventana. Carlos Relvas hablábale y el caballo seguía en su sitio, y quien intentaban acercársele, al ver que tenía dueño, seguía su camino.

Una de tantas veces que principescamente recibía a sus amistades en su palacio de Colegá, ofreció a los invitados, como también era costumbre en él, una corrida de toros (ya que los bailes de salón dejábanse para la noche), en la que el toreaba un par de reses y fueron otras banderilleadas también por los mejores banderilleros portugueses de aquel entonces: Roberto da Fonseca, Vicente Roberto, José Peixinho..., más un toro que un matador español que fue mandado venir para darle muerte a estoque. La corrida resultó buena y sin incidente de especial mención. Pero dos días después Carlos Relvas se vio envuelto en un proceso por infringir las leyes del reino y las de... la Sociedad Protectora de Animales. Por este proceso que se cernía sobre su cabeza le declaró guerra a muerte a la candidatura de Castelo Melhor y trabajó con denuedo por la victoria del candidato contrario, Mariano de Carvalho. Con tanto interés trabajó y puso su capital e influencia, que pagó a la Compañía de Ferrocarriles la dislocación de una máquina que fue desde Entrocamento a Abrantes para buscar a un "votante". Llegó el día de las elecciones, y, contra lo que todo el mundo esperaba, salió triunfante carvalho. El célebre proceso por la muerte de un toro nunca fue discutido ni juzgado.

La última corrida que toreó Carlos Reivas fue el 24 de septiembre de 1893, en la plaza de Campo Pequeño, de Lisboa, organizada por la Comisión de Prensa en beneficio de las víctimas del ciclón que asoló las islas Azores. Falleció el 23 de enero de 1894 (algunos autores dicen que el 22 del mismo mes y año), en su palacio de Colegá, víctima de las heridas que recibió al ser cogido contra la pared por un carro de bueyes, suponiéndose que la gravedad provino de la diabetes que hacía mucho tiempo sufría. (A.M.M.)